Un documental recorre la historia de las techumbres que a principios del siglo XX viajaron al otro lado del Atlántico en plena crisis en España y con la colaboración de anticuarios con «pocos escrúpulos»

William Randolph Hearst, el ‘Ciudadano Kane’ de Orson Welles, llegó a contar con 85 techos en su colección, de los que solo instaló una pequeña parte en sus mansiones

Óscar Senar Canalís para eldiario.es  01/11/2019

Imagen de la entrada: Cartel del documental ‘Los cielos españoles’ ALBELLA AUDIOVISUAL

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William Randolph Hearst (1863-1951) promovió desde sus periódicos la Guerra de Cuba, así que su nombre está asociado estrechamente al Desastre del 98, un episodio histórico cuyos ecos aún resuenan. Menos conocido es que Hearst, el magnate sin escrúpulos que sirvió de inspiración para el ‘Ciudadano Kane’ de Orson Welles, hurtó algo más que una isla a la depauperada España del cambio de siglo: se convirtió en uno de los mayores acaparadores del patrimonio artístico del país, con una predilección especial por los artesonados mudéjares. La historia de cómo estas techumbres únicas acabaron en mansiones de ricachones es el eje de ‘Los cielos españoles’, un documental de la productora aragonesa Albella Audiovisual.

La cinta está dirigida por Isabel Soria y José Manuel Herráiz, quien explica que «cuando empezamos a trabajar en la idea de la salida masiva de patrimonio artístico español al extranjero nos dimos cuenta de que era un tema inabarcable, así que nos centramos en un aspecto concreto, los artesonados mudéjares». Y es que estas techumbres tenían «un rasgo único», el estilo hispano-musulmán propio de la Península Ibérica. Su trabajo se basa en la labor de investigadores como José Miguel Merino de Cáceres y María José Martínez Ruíz, autores de la monografía ‘La destruccion del patrimonio artistico español. W. R. Hearst: el gran acaparador’.

Herráiz cuenta que «Hearst fue un comprador compulsivo de arte europeo, pero llama la atención que llegara a comprar 85 techos españoles, una cifra descomunal teniendo en cuenta las dimensiones de estas piezas, en algunos casos con una superficie de 30 por 15 metros y con un peso de varias toneladas». Las características del producto, por así decirlo, convirtieron las adquisiciones en «una odisea para hacerlas llegar a Estados Unidos», con grandes dispositivos de transporte.

El coleccionista mexicano Mauricio Fernández Garza, en un fotograma de ‘Los cielos españoles’. ALBELLA AUDIOVISUAL

Hearst no daba abasto con tanta adquisición, así que necesitó de la colaboración de agentes sobre el terreno. En España contó con el matrimonio de tratantes norteamericanos formado por Arthur Byne y Mildred Staple, a los que Herráiz define como «los malos de la película». «Eran dos eruditos amantes del arte español, pero cuando se les presentó la oportunidad de ganar millones, se transformaron en anticuarios y actuaron con muy pocos escrúpulos: sobornaron a autoridades, sacaron obras de arte en plena noche e incluso derrumbaron edificios enteros solo para conseguir un techo», relata el productor.

«Aunque los métodos no fueron muy lícitos, no se puede hablar de expolio propiamente dicho, porque muchas de estas compras fueron legales, vendidas por particulares o por la Iglesia», dice Herráiz. Algunas de esas joyas se salvaron de la destrucción gracias precisamente a estas adquisiciones, pero «en el balance general estas acciones fueron criticables, porque supusieron hacerse con el arte de un país pobre en plena crisis».

¿Dónde están ahora?

Tamaña cantidad de techos hace que «en algunos casos esté bien documentado su origen y destino, pero en otros no se sepa ni de dónde salieron ni dónde están», apunta Herráiz, que añade que «Hearst apenas instaló unos 15 o 20 en sus mansiones, mientras que el resto los dejó en almacenes sin desembalar». Cuando el millonario pasó penurias económicas, decidió hacer caja vendiendo parte de su inmensa colección, con una doble consecuencia: «Inundó el mercado del arte y desplomó los precios; en cuanto a los techos, algunos se vendieron y se sabe dónde fueron a parar, pero otros no», lo que supone «un gran lío» a la hora de seguir la historia de estas techumbres.

Cinco de esos techos, como muestra el documental ‘Los cielos españoles’ -una referencia poética a las estrellas que adornaban estas obras de arte- han acabado en manos del político y empresario mexicano Mauricio Fernández Garza. El coleccionista tiene instaladas y perfectamente restauradas las piezas en su casa de Monterrey, de la que abrió sus puertas para el filme de Herráiz y Soria. Otro de los escenarios que aparece en el filme es el Château de Villandry, en Francia, donde se puede encontrar un artesonado procedente de Torrijos (Toledo).

De vuelta a Hearst, su gran mansión, el Hearst Castle, construido entre 1919 y 1947, es una auténtica prueba de su egomanía, de su frivolidad… y de su querencia por los techos aragoneses. Así, la sala de billar está culminada por un techo procedente de un palacio de Barbastro; el dormitorio cuenta con un un techo formado por dos artesonados diferentes con origen en Teruel; y en la ‘morning room’, la sala donde sus invitados leían la prensa antes de pasar a desayunar, luce otro techo turolense. Herráiz añade que se también se sospecha que las piezas que decoran el pasillo y los baños procede de Calatayud.

Para Herráiz, acercarse a la figura de Hearst le ha hecho ver que «Orson Welles fue muy temerario al rodar ‘Ciudadano Kane’, porque era un personaje peligroso». «Fue un hombre excesivo en todo, y su obsesión por el arte más bien parece fruto de un desquilibrio emocional», opina.

‘Los cielos españoles’ es una coproducción entre Albella Audiovisual y Televisión Española, con la participación de Aragón Televisión. Está previsto que, además de contar algunos pases previos en Aragón, la cinta se estrene en La 2 a lo largo de 2020.