Cuatro fechas son los hitos del culto a Santa Teresa de Jesús: 1614(Beatificación),  1622(Canonización), 1922 (Doctorado Honoris Causa por Salamanca), y 1970 (Doctora de la Iglesia). Las dos primeras precisan el auge que su figura alcanzó pronto. Las dos últimas sirven para constatar que el reconocimiento de Santa Teresa como doctora de la iglesia fue muy costoso y su consecución supuso el final de un largo rosario de peticiones que arranca de la efectuada por las iglesias metropolitanas y catedrales de los reinos de Castilla y de León, elevada a Clemente VIII el 9 de mayo de 1597 y concluye cuando Pablo VI, el 27 de septiembre de 1970 proclamó a Santa Teresa de Jesús como primera doctora de la Iglesia.

Con una seca frase: Obstat sexus [el sexo lo impide] explicaba  Monseñor Aurelio Galli  la respuesta que en 1923 dio Pío XI, con la negativa a la mera posibilidad de que Teresa de Jesús fuese declarada Doctora de la Iglesia, y es esa expresión la que  ilustra claramente el hecho de que la iglesia, a pesar de interpretar los fieles y los clérigos que Teresa era de facto doctora de la iglesia, tardó en admitir tal nombramiento de iure (consta que en 1883 Enrique de Ossó propuso depositar sobre su sepulcro el título de doctora). Numerosas y tempranas son las imágenes de Santa Teresa con los atributos doctorales. En el museo Carmus de las carmelitas de Alba se expone el grabado LA SERÁFICA MADRE TERESA DE JESÚS DOCTORA MÍSTICA DE LA IGLESIA Y FUNDADORA DE LOS CARMELITAS DESCALZOS, la Santa es conforme con el modelo que procesiona en la Villa, obra de José Beratón (1747-96) como dibujante  y Bernardo Albiztur y Tornaría de 1776. Además de los símbolos característicos: Espirítu Santo, pluma, libro y escudo de la Orden Descalza, Teresa lleva ya birrete doctoral como en un anterior grabado calcográfico  (1773 que acompaña este texto y es de Vicente Galcerán y Alapont sobre  dibujo de José Camarón de mejor factura que recoge la imagen del convento de Carmelitas de Valencia con la inscripción: “Santa Teresa de Jesús, Doctora mística de la iglesia, en el real Conto de Nuestra Señora del Carmen de Valª”). El modelo inspiró muchas imágenes de la Santa del s. XIX.

El 6-10-1922 se celebró en la Universidad el  solemne acto de conceder a Santa Teresa el título de doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca, el primero otorgado a una mujer, plasmado en dos pergaminos de igual texto que se exponen en el Museo Carmus de Alba y en la capilla universitaria de San Jerónimo. Antes, para que Teresa pudiese llevar de forma justificada las insignias doctorales había pedido el titulo el obispo salmantino  De Diego y Alcolea el 10-1- 1922 (indicó en su petición que con ese título sería «acreedora a ostentar en su imagen los emblemas doctorales» quedando justificado civilmente el birrete doctoral de Santa Teresa), y basándose en  «el gran compromiso personal, espiritual y so-cial de Teresa de Cepeda y Ahumada, así como sus extraordinarias aportaciones a la literatura y la mística españolas» le fue concedido el título en sesión claustral presidida por el vicerrector Unamuno el siguiente 4 de marzo. El rey, el gobierno y la Universidad hicieron del citado acto solemne del paraninfo de la Universidad  el hecho central de la conmemoración del III centenario de la Canonización de Santa Teresa, y como colofón los reyes visitaron Alba quedando en el convento el pergamino, el birrete doctoral impuesto por la reina Victoria Eugenia a la imagen de la santa y la pluma de oro que el rey regaló a la Santa. El pergamino que  firman el rey Alfonso XIII, el presidente del gobierno José Sánchez Guerra y el rector salmantino Luis Maldonado, tiene un texto rotundo:

۰El Claustro ordinario de la universidad de Salamanca en sesión celebrada el día 4 de Marzo de 1922, acordó por acla-mación conceder el título de Doctor honoris causa a la excelsa doctora castellana Teresa de Cepeda y Ahumada.

۰Para memoria y ejemplo de las generaciones presentes y venideras, consignamos en este documento efeméride tan gloriosa, en el acto solemne de conmemorar el Claustro el tercer centenario de la canonización de Santa Teresa de Jesús.”

Antonio Machado, en carta a José Manuel Borromeo que  se reprodujo en El Adelanto de Salamanca, 4-12-1983, pág. 11, renunció a ser mantenedor de ese acto. La carta siempre interesadamente tergiversada no esconde la admiración del poeta por la escritora “tantas veces venerable”, lo que manifiesta es que huye de la vacuidad de los homenajes literarios, que piensa que el título es “una trivial materialización del concepto  mucho más elevado que la Iglesia y la cultura había formado de la Mística doctora”. Dice que el regalo de de joyas es poco adecuado a la Santa, y más claro y tajante es su rechazo a que la fecha del Acto esté a merced del calendario de la reina, “del veraneo y comodidad de esa señorita”, lo que considera incompatible con la religiosidad del acto en proyecto y la seriedad de la más humilde fiesta de la cultura. Indica también que la organización de ese acto en su parte cultural no puede estar “en Salamanca sino a cargo de la su-prema aristocracia de don Miguel de Unamuno” que, ya se ha dicho, presidió la sesión claustral en la que se otorgó la distinción. Si se quiere entender lo que el nombramiento universitario suponía para algunos, nada mejor que leer el «Santa Teresa Doctora» que José Sánchez rojas escribió en El Heraldo de Madrid de 29-4-1922: “Santa Teresa no nece-sita birretes, ni mucetas, ni togas para ser quien es: la estrella más luminosa del cielo de nuestra mística”.

Había un clamor para que la madre Teresa fuese Doctora que  provocó que finalmente Pablo VI, ratificando el sentir de tantos, proclamase  en 1970 a Santa Teresa como primera doctora de la iglesia olvidando tanto el Obstat sexus,  como las duras palabras de San  Pablo: “Las mujeres cállense en las iglesias”( 1 Cor 14,34). Lejos quedaba ese 1597 en el que se pidió por primera vez que fuese Doctora de la iglesia.

José Luis Gutiérrez Robledo

Universidad Complutense