TERAPIA SECRETA

Francisco Fabián

Hice esta foto como terapia. Sabía de la manifestación y de su recorrido. Salí de casa en dirección opuesta para encontrármela de frente. Quería enfrentarme a mi realidad. Llevaba la cámara de fotos en el bolsillo lista para disparar. Lo tenía todo bien calculado. Los vi venir en la manifestación, con la pancarta, todos unidos en lo mismo y yo, con la cabeza llena de tribulaciones, me escondí en el parque de San Vicente e hice la foto. A todo esto sin perder detalle de lo que veía: la gente con sus proclamas, sus banderas, conversando entre ellos, seguros y sin miedo de lo que hacían, es decir como una cosa normal. Sin embargo yo me estaba escondiendo. No estaba con ellos y me ocultaba además. Eso era un dato nuevo para evaluar mi extraño comportamiento, por el que me encontraba allí y estaba haciendo la foto.

Pasaron y volví a casa inmediatamente para descargar la foto en el ordenador. Estaba convencido, con mi actitud valiente de hacer la foto, de que había empezado mi proceso de curación, o por lo menos eso era lo que quería. No se lo conté a mi mujer, porque una vez que le dije algo comiendo me dijo que las contradicciones internas no son buenas y ante ella no quiero aparecer como un ser inseguro, tiene que seguirme viendo como el que quiero que me vea.

Siempre vi estas cosas de las protestas, de las manifestaciones y de la significación no oficial, como algo de los otros. O más que de los otros: de algunos de los otros, a los que consideraba o barbudos/melenudos o gente necesitada, cosa que no era mi caso ni quería que se me asociara con ello. Conste que yo iba a la puerta del ayuntamiento cuando ETA mataba a alguien para el minuto de silencio, con el alcalde y todos los políticos allí tan serios y tan graves. Pero no he pasado de ahí. Todo lo demás lo veía con una sonrisa interior, como de condolencia, de hacerme cierta gracia que haya gente para hacer estas cosas y encima en la hora de dar el paseo e incluso en la hora de los vinos. He de reconocer que me parecía un poco bajo manifestarme. Si. Yo no soy nada del otro mundo realmente, pero fui empleado de la Caja y me parecía que participar en una manifestación rebajaba mi condición social en esta ciudad. Por eso, aunque estuviera de acuerdo con las esencias de lo que pedían los manifestantes, aunque fuera yo también un trabajador como todos ellos, no me sentía con el valor de incluirme en aquel pelotón y que me cierta algún igual y dijeran: miralé, ¿qué le faltará?

Ha tenido que venir esta hecatombe para que reflexione y darme así cuenta de la realidad. Bueno, del todo no me la he dado todavía, porque tengo muy enquistado el asunto de tanto tiempo. Pero quiero dármela y ser un ciudadano, como esos que he visto en Madrid por la tele, que son gente normal, como yo, a los que les afecta el mal gobierno, las desigualdades y toda esa porquería que se forma en la democracia cuando ésta no se practica como Dios manda, precisamente porque la gente como yo, está a otra cosa y abandona lo común.  Por eso he iniciado esta terapia, para cambiar. Voy a ponerme en el salvapantallas del ordenador la foto de la manifestación y familiarizarme así con ello, para convencerme de que no pasa nada por salir, de que no soy menos por ello y, sobre todo, para convencerme de que el mundo hay que cambiarlo saliendo a la calle a decir civilizadamente lo que uno piensa y reclamar así lo que verdaderamente interesa a la mayoría. Yo creo que para el 1 de mayo (que es para mí una prueba de fuego) estoy ya curado, aunque me quiero pedir el alta, si puede ser, antes.