MI SEÑORA Y LOS NEGROS

Francisco Fabián

No es casual lo que ven: yo estoy a un lado y ellos a otro. Mi mujer y yo estamos enfadaos. No enfadados, sino enfadaos, sin la d. Con esa facha no se puede estar enfadados, sino enfadaos. Las caras lo dicen todo. Mírenme que congestión de rostro. ¿Dónde miro? A mi señora, que es la del pañuelo. ¿Qué cara tiene ella? Una sonrisa de oreja a oreja. ¿Por qué? Miren al negro que tiene al lado. Y miren cómo me mira a mí el negro. Primero con cara de satisfacción (o por lo menos es lo que me parece) y luego como diciéndome: ¡Ni se te ocurra arrimarte a ella! Y yo me iría para él, pero miren al otro negro que está detrás cómo me mira con el ceño fruncido. ¡Es su primo! Entre los dos no les duro ni un minuto. Se viste uno así, tan elegante, tan castizo, tan tieso, tan español, ¡joder! Y se le pone a mi señora un negro por delante y se va con él. Ya no queda ni dignidad, ni decoro, ni nada en ninguna parte.