Hemos asistido a un extraordinario espectáculo de malabarismo político

FERNANDO VALLESPÍN para El País  13 ENE 2019

Los partidos tienen muchos rasgos propios de la infancia. El principal es buscar la gratificación inmediata. Y esta solo la encuentran en el poder. En el poder por encima de la prudencia, que a veces nos dicta la necesidad de incorporar a la decisión consideraciones de más largo recorrido. Pero luego tienen también dos vicios propios de la edad adulta. El primero es el jugar con la dicotomía entre realidad y apariencia. Como decía Maquiavelo, lo que al final importa es lo que se aparenta, no lo que es. Y el segundo es el narcisismo, más presente en los nuevos partidos, enamorados siempre de la imagen que sobre ellos proyectan las encuestas. Al principio cayeron en él Ciudadanos y, sobre todo, Podemos. Ahora le está ocurriendo a Vox.

Esto ha quedado claro en el pacto de gobierno andaluz, donde tanto Ciudadanos como el PP en ningún momento se plantearon alternativa alguna a formar un gobierno, incluso ignorando los costes futuros de hacerlo incorporando a Vox. La voluntad de poder debía ser satisfecha. El niño que llevan dentro exigía el juguete ¡ya! Pero como también tienen alma de adulto y eran bien conscientes de las consecuencias, han hecho una proyección del pacto donde curiosamente “aparentan” que en realidad no han pactado. El PP desde luego lo tiene más difícil después de esas largas negociaciones, pero la forma en la que lo ha vendido es que ha sido una negociación sin concesiones, salvo algunas minucias en las que en todo caso siempre dice haber creído.

Más difícil lo tiene Ciudadanos, interesado en dar a entender que ha llegado al gobierno sin mojarse en nada salvo en sus acuerdos previos con el PP. La inmaculada concepción, se sentará en el gobierno sin el pecado original del apoyo de Vox. O sea, que hemos asistido a un extraordinario espectáculo de malabarismo político. Todas las ventajas del poder sin que ninguno tuviera que ensuciarse las manos.