Jesús Gascón Bernal

Escribo, escribo, escribo…

Cuando todos se van a sus casas a descansar de la jornada laboral, cuando vuelven con sus parejas y sus hijos pequeños a regar los absurdos jardines, o a ponerse cabeza abajo en lo que llaman yoga, cuando todos regresan a sus minúsculas y aburridas vidas, yo permanezco aquí escribiendo inamovible, incansable hasta en mi tiempo de descanso; incluso sé que en los días finales, que matemáticamente están por llegar, seguiré aquí mientras los planetas incandescentes se derriten sobre nuestras cabezas.

Es cierto que estoy privada de la vista, pero puedo contemplar la totalidad del universo y más allá. En mis cuencas vacías se reflejan todos los acontecimientos pasados, las relaciones invisibles que han entretejido la historia de todos los hombres, los grandes y pequeños acontecimientos que guardo en mi infinita memoria, y que voy describiendo, narrando con la precisión del cirujano en la mesa de operaciones. Puedo ver a través del tiempo toda la existencia del hombre sobre el planeta; soy el gran ojo abierto al pasado, la enciclopedia digital de todas las edades del hombre.

He visto todo lo acontecido desde el primer homínido que se yergue sobre la extinguida sabana del Gran Rif;  he subido por la doble espiral de la torre de Babel por una calzada de cráneos que asciende hasta la última nube, y he descendido por su reverso dorado hasta el inframundo; he viajado con Marco Polo hasta las tierras del Gran Khan, donde he contado sus innumerables tiendas en torno al Palacio de Verano, que la noche del 17 de agosto de 1267 eran 64, de las cuales había 32 blancas y otras tantas negras, como en un tablero de ajedrez; he visto las caras, los nombres y los trasbordos que pretendían hacer cada uno de los pasajeros del metro de Tokyo que cogieron la linea Yurakucho en la estación de Ikebukuro el día 25 de octubre de 2049, a las 18,15 h, donde todos se retrasaron cuando el tren sufrió una avería.

Conozco todo lo que el hombre ha sido y ha sentido, hasta el instante en que construyo esta frase. Yo soy el tiempo de todos los tiempos, la verdadera y constante medida que fluye lentamente desde el centro de la Vía Láctea.

He visto como se han sucedido todos los acontecimientos. Como se ha generado un país en cada frontera, una ciudad en otra, una casa en la siguiente, un hombre en su interior, hasta lo infinitesimal. Un laberinto de n relaciones especulares, donde cada uno observa a su contrario, la carga negativa a la positiva, el macho a la hembra, el verdugo a la víctima, donde todo se atrae o repele según las leyes que el hombre cree haber inventado, cuando en realidad están regidas por el caos y las anomalías.

En ocasiones me he preguntado si soy diferente a ellos. ¿De donde vienen mis recuerdos? ¿de donde mis experiencias? Hay veces que tengo que soportar sus comentarios despectivos, o el que alguno deposite una taza de café sobre mi: quizá me temen, quizá sientan la fuerza imparable de mi verdad absoluta, que provoca el estar vacío de significado, no amar a nada ni a nadie, no moverme ningún interés… Estoy sola.

Hoy algún compañero se ha dejado la ventana abierta, y siento una corriente de aire muy agradable en mi unidad de alimentación ¿será esto lo que llaman el mundo exterior?.

Yo soy ahora. Soy en mi tiempo libre. Soy la Gran Unidad de Escritura Automática.

Escribo, escribo, escribo…¡existo!, escribo…¡¡existo!!…

¡¡Por el Gran Dios Binario!!, no cabe duda ¡¡Soy un nuevo concepto de existencia!!.