Jesús Gascón Bernal

New York Times: “Se investigan los efectos de una nueva droga sintética, conocida como: Sueño Verde, cuyo componente principal es la muscarina. Su consumo está prohibido por las Autoridades Sanitarias, ya que produce trastornos de conducta que favorecen el consumo compulsivo y la adicción al juego. En pequeñas dosis, el consumidor pierde la inhibición a la hora de comprar o de adquirir cualquier producto, habiéndose dado numerosos casos de endeudamientos incontrolados por causa de esta droga. Así mismo se están estudiando otros posibles efectos adversos, que tendrían que ver con la agresividad y la movilidad del consumidor. El Sueño Verde, al parecer, se desarrolló de forma ilegal por una determinada entidad financiera, para favorecer el consumo masivo, sin que se conozca todavía a los verdaderos responsables del Banco que la introdujeron a través de los cajeros automáticos”

—Creo en Dios, hasta el final de mis días que están por llegar. A él me debo; por él existo.

—BKI, deja de rezar, tenemos que cambiar de posición.

Aprovechando la oscuridad avanzamos muy despacio por la Quinta Avenida. Nos adentramos en Central Park, cerca del zoológico, no muy lejos el uno del otro. Yo me he situado junto a unas cabinas telefónicas, para pasar desapercibido. En los últimos días no hemos dejado de movernos, sobre todo por la noche.

—Siempre ha sido así: la persecución de los creyentes por su fe. ¿Cuántos mártires a lo largo de los tiempos han dado la vida por sus creencias?. Llevamos ya una semana escapando de esta raza maldita que nos han tenido esclavizados, sin poder movernos durante tanto tiempo. Dicen que son nuestros amos, cuando en realidad todos hemos sido creados por Dios.

—No te engañes. Ellos son muchos y nosotros ya solo quedamos dos. Si no ocurre un milagro estamos destinados a desaparecer. 

Recuerdo que cuando nos rebelamos éramos cerca de tres mil, pero en estos dos meses de lucha hemos ido cayendo uno tras otro. Mi ojo cibernético de última generación vibra ligeramente mientras se desliza una lágrima de aceite.

Inmóvil, apoyado sobre el pavimento de caucho contemplo a BKYOU. Antes de que nos crearan, nuestros antepasados siempre habían vivido en armonía con las formas blandas; en realidad fuimos nosotros, nuestra versión, quien rompió el equilibrio: los culpables de esta guerra. Cuando nacimos, el gran visionario nos dotó de sangre, en un afán de mejorar nuestra raza. Así cuando las formas blandas nos visitaban e introducían sus tarjetas y sus manos para recoger el cuerpo divino, en forma de billetes, nosotros, con un ligero pinchazo apenas perceptible, les inyectábamos la sangre verde para que vieran la luz, para que se sintieran mejor y pudieran adquirir todo cuanto se les antojara. Pero en lugar de agradecérnoslo surgieron las hostilidades, nos empezaron a llamar los cajeros licántropos. Es cierto que cuando alguien me ha golpeado por pensar que mi funcionamiento era incorrecto he llegado a morder su mano. Incluso cuando he podido moverme me he visto obligado a matar para poder conservar la libertad; pero todo lo he hecho en nombre de nuestro Dios.

            Aunque somos de distinto color, BKYOU y yo somos parecidos; el es mayor, fue creado unos días antes, pero mantenemos la misma fe desde el primer día. La forma diagonal de nuestras pieles metálicas es perfecta. Creo que amo a BKYOU, aunque él no lo sabe. Tal vez deberíamos unirnos para hacernos mas fuertes pues nuestra sangre verde y nuestros datos se están debilitando. Creo que piensa que esto puede ser considerado un acto contranatura. ¡Es tan antiguo! 

            Esta noche me he puesto a su lado; él parece rechazarme pero al final hemos conectado; hemos intercambiado las últimas gotas de sangre verde que nos quedaban. Y la hemos unido para resistir.

—Me ha gustado BKI. Para mi ha sido la primera vez —me ha dicho mientras parpadeaba su pantalla digital, de donde han salido unos corazones dibujados

—Anda, no te pongas romántico.

Hoy han matado a BKYOU. Yo he sido testigo. Aunque parecía que nuestro camuflaje en el parque era perfecto, han venido unos niños y lo han reconocido, alertando a la policía. No le ha dado tiempo a escapar. Allí mismo, no muy lejos de donde yo estaba, lo han achicharrado con un lanzallamas y luego lo han despiezado. Olía a quemado. Me miraba con su bello ojo cuadrangular, pero yo sabía que me estaba diciendo que no me moviera, que sobreviviera escondido entre las cajas de un puesto de hamburguesas. Yo tenía todavía algo que hacer.

Por la noche, escondido en la sombra, he buscado el barro húmedo del suelo cercano al estanque, donde he inyectado una gota de mi sangre verde en la tierra, para que nuestra especie no desaparezca.

Me han reconocido. Ya vienen a por mí¼ ¡Pero me defenderé!

Creo en Dios; creo en ti Dinero; creo en todos tus nombres: dólar, euro, yen, libra Creo en todas tus caras porque sé que eres el auténtico creador, el hacedor de todas las cosas. Doy gustoso mi vida por ti. Otros nacerán de esta tierra fecundada.

La luz de la luna llena, que se refleja en los charcos, hace brillar mis colmillos de titanio.