El arma que derrotó a mitraísmo fue la imagen de la Madre con el Niño Dios. Como Isis y Horus

JESÚS MOTA 24 DIC 2018 El País

Un curso de historia de la teología cristiana nos lleva de forma tortuosa a una explicación de por qué se celebra la Navidad y por qué se hace precisamente en la noche del 24 al 25 de diciembre. En un primer momento, digamos que en los dos primeros siglos de nuestra era, los padres cristianos estaban poco interesados en la fecha de nacimiento de Jesús, hijo de Dios y mediador entre el hombre y la divinidad. Orígenes zanjó la cuestión de lo que hoy llamamos Natividad del Señor con ese tono suyo tan característico, a medio camino entre la hostilidad y el desprecio, en el 245 después de Cristo: es pecado incluso pensar que se puede celebrar el nacimiento de Cristo como si fuera un faraón.

Pero la teología siempre es reducible a política. Y la Iglesia incipiente tenía un problema político grave. El mitraísmo competía con los cristianos por la salvación de los fieles. La religión de Mithra, dominante en el Ejército de Roma, invocaba, como otras varias incluido el cristianismo, la presencia de un joven dios salvador que muere para redimir a los creyentes. Pero los padres cristianos detectaron rápidamente en su vigoroso competidor una debilidad fatal: el mitraísmo era excesivamente varonil y conflictivo. Y se dispuso a contraponer a la teología mitraísta, masculina y misógina, una doctrina con intensos efluvios femeninos, imitando el modelo de las grandes diosas orientales. María, la madre de Jesús, fue recuperada a toda prisa con el título de Reina de los Cielos y se le concedieron poderes de intercesión y salvación.

El arma que derrotó al mitraísmo fue la imagen de la Madre con el Niño Dios. Como Isis y Horus. Pero esta pirueta teológica necesitaba fijar la atención en el nacimiento de Jesús. La Iglesia sospechaba que había nacido en torno al solsticio de verano. Pero, sincrética y práctica, recurrió a la técnica de superposición: eligió el 24/25 de diciembre, el solsticio de invierno según el almanaque juliano, la natividad del Sol, una celebración tradicional pagana.

Y así, señoras y señores, quedó establecido, primero por Dionisio el Exiguo en el 329 después de Cristo y por edicto imperial en el año 400 después de Cristo, que Cristo nació en el solsticio de invierno. Y así, señoras y señores, se acabó con la competencia del mitraísmo. Esta lección, con todos sus detalles, debería impartirse en todas las escuelas de negocios.