Hoy el paseante se propone llegar hasta el Grande. Viene caminando por el Paseo del Rastro, con el ánimo sosegado. Le gusta pasear entre los cubos de la muralla incendiados por la luz de la tarde y disfrutar de la vista sobre el Valle de Amblés. Contemplar las ramas del monumental negrillo que ha resistido a las motosierras, y que ahora en primavera renace majestuoso. Al dar la vuelta para encaminarse hasta el Grande algo le llama la atención. Se acerca, ¡Dios mío! ¿Qué le ha pasado al Arco del Alcázar?

                El paseante avanza sin dar crédito a lo que sus ojos ven: los dos cubos y la puerta del arco “alicatados hasta el techo”, con un mortero blanquecino que deslumbra en comparación con el resto de los lienzos y cubos de muralla. El paseante, que es un poco ingenuo, se pregunta ¿se tratará de alguna performance que el Ayuntamiento ha montado para celebrar algún aniversario?  ¿Es acaso el decorado provisional para alguna película de dibujos animados? ¿Tal vez para el castillo de Blancanieves IV?

Pero no. La realidad en este caso supera a la ficción. Está contemplando el resultado de las obras que se han venido acometiendo sobre este sufrido monumento en los últimos meses.

Tal ha sido su sorpresa al encontrar los cubos del Arco del Alcázar transformados por este rejuntado y este color, que al paseante le recuerda al del zócalo del chalé que su amigo Manolo tiene en el pueblo; como si esta singular pieza se hubiese transformado en una figurita de recuerdo de un bazar chino. Después de meses oculto, el resultado es desolador.

Después de tantos años de proyectos y tantos millones provenientes del 1,5 cultural “invertidos” en las murallas, no solo no se han suprimido las manchas de humedad sino que ahora, el nuevo rejuntado, ha dejado a los abulenses boquiabiertos. ¿Por qué no se han tenido en cuenta, actuaciones anteriores mucho más integradas?

El paseante contempla con pena, si no con rabia, está actuación contra uno de los edificios más emblemáticos y queridos de nuestro patrimonio. ¿Quién es el responsable de este desaguisado? ¿Nadie supervisa estas actuaciones? ¿Cuánto costará deshacer esta fechoría? ¿Quién lo pagará?

Una pareja de turistas parece querer hacerse una foto con la Puerta del Alcázar de fondo. El paseante observa como, tras un momento de duda, buscan otro fondo; miran el edificio de cinco plantas de Moneo pero también parecen recelar. Finalmente se la hacen delante de San Pedro.

¡Todavía en la Plaza nos queda la iglesia de San Pedro! piensa el paseante. Visto lo visto espera que durante mucho tiempo nadie atente contra ella.