Somos los fantasmas de las sombras, retirándose mientras las fogatas se extinguen

Vijay Prashad  19/05/2019 para sinpermiso

El texto de un reciente informe de las Naciones Unidas (ONU) tiene un título que esconde su serio mensaje: Resumen para legisladores del informe sobre la evaluación global de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos (Summary for policymakers of the global assessment report on biodiversity and ecosystem services, en inglés). La Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) publicó este informe el 6 de mayo. El texto es el fruto de 145 expertos de 50 países, con la colaboración de otrxs 310 investigadorxs y autorxs. Se basa en la lectura de más de 15.000 fuentes científicas y gubernamentales e incorpora la sabiduría del conocimiento indígena. Se trata de un resumen, que será ampliado más adelante este año en un informe final de 1500 páginas. El peso de la comunidad científica está en su núcleo. El hallazgo más importante del informe es este: 1 millón de especies animales y vegetales están actualmente en peligro de extinción, muchas de ellas dentro de décadas.
https://youtu.be/q9F9LEEoUGE

La tasa de extinción global de especies es decenas de cientos de veces más rápida ahora que en los últimos diez millones de años. Es un informe imposible de leer, el planeticidio está casi garantizado: el 75% del medioambiente terrestre está “gravemente alterado”, 680 especies vertebradas en peligro de extinción desde el siglo XVI, más del 40% de las especies anfibias, casi el 33% de los corales formadores de arrecifes y más de un tercio de los mamíferos marinos están al borde de la extinción.

Dos de las principales razones de esta catástrofe son evidentes, y están relacionadas: el “limitado paradigma actual de crecimiento económico” y “el cambio climático”. Este informe de la ONU, como muchos antes, es medido en su lenguaje, pero no en su análisis. La frase “limitado paradigma actual de crecimiento económico” es un eufemismo por capitalismo, por un sistema de actividad económica basado en la propiedad privada y las ganancias, en la acumulación de capital como razón de existencia. Es este “limitado paradigma actual de crecimiento económico” —en otras palabras, capitalismo— el que se ha desarrollado a través de formas de energía que emanan enormes cantidades de gases de efecto invernadero. El capitalismo —que depende de las emisiones de combustible fósil para encender sus motores— es el principal impulsor del calentamiento global. Lo que lleva al planeta a su destrucción no es la “demografía” (muchas personas en un planeta muy pequeño), lo que antes se conocía como la bomba demográfica. Más bien es el “limitado paradigma actual de crecimiento económico”, que produce el calentamiento global y un apetito insaciable por transformar nuestro planeta en mercancías para que el capital se acumule y se acumule sin fin.

 Dora Maar, Les années vous guettent, 1936

El pasado agosto seis académicos finlandeses publicaron un documento base para el Informe Mundial de Desarrollo Sostenible de la ONU, que será lanzado a fines de este año.  Este documento era para el capítulo Transformación: la economía. Los científicos, liderados por Paavo Jårvensivu, sostienen que “la era de la energía barata está llegando a su fin”. El capitalismo de los combustibles fósiles ha completado su curso. Todos los posibles sustitutos de los combustibles fósiles —el sector renovable— son mucho menos eficientes energéticamente que los basados en el carbono y serán mucho más caros. Son necesarios cambios gigantescos no solo en el sector energético, sino en el mismo diseño de nuestras sociedades si queremos reducir las emisiones netas a cero para el 2050. “Las acciones basadas en el mercado no serán suficientes”, escriben los académicos, “incluso con un alto precio del carbono”. El capitalismo, en otras palabras, no puede resolver el grave problema de la extinción. Necesitamos pensar en otros modos de manejar la vida humana en la planeta, con especial atención sobre las inequidades que configuran los patrones de consumo y los desechos. No todo el mundo vive con el mismo estándar exorbitante, y no todo el mundo tiene que ser el recipiente de los productos de desecho generados por los ricos.

Naomi Phillips y Thomas Hasel, The Rich, The Poor and The Trash [Los ricos, los pobres y la basura], 2018

Las propuestas de la ONU son ambiciosas, y son ciegas a las diferentes necesidades de los ricos y los pobres. Por ejemplo, es necesario proponer bajar el consumo total de energía de la gente en Occidente, cuyo consumo de energía es mucho más alto que el de los trabajadores sin tierra del sur global. Los sistemas de transporte y los sistemas de vivienda necesitan ser modelados de manera que haya una mayor confianza en el transporte público y las viviendas compartidas. Los actuales sistemas de distribución de alimentos permiten que el 33% de la comida cosechada se deseche. Mucho mejor sería, por lo tanto, construir sistemas alimentarios sostenibles que busquen poner en su núcleo la seguridad alimentaria y que tengan una menor huella de carbono en la cadena de suministro de alimentos. El dinero para todo esto está disponible aunque sea difícil de encontrar: decenas de billones de dólares en paraísos fiscales, decenas de miles de millones de dólares en subsidios entregados a compañías de combustible fósil y agronegocios que condenan al planeta a su destrucción. Si se pudiera recaudar este dinero sería un fondo suficientemente grande como para reconfigurar los sistemas de energía, transporte, vivienda y alimentación.

El informe de la ONU desafía al pensamiento económico ortodoxo, la ciencia del capitalismo. Más que “metas económicas abstractas” —como maximizar las ganancias— el foco de la actividad económica debiera ser “la mejora de la vida y la reducción de las emisiones”. “La actividad económica cobrará sentido no alcanzando el crecimiento económico”, escriben los académicos finlandeses, “sino reconstruyendo la infraestructura y las prácticas en función de un mundo post combustibles fósiles con una carga radicalmente menor sobre nuestros ecosistemas naturales”. El nuevo resumen del informe de la ONU, en este sentido, señala que la transición “implicaría un cambio más allá de los indicadores económicos estándar, como el producto interno bruto, para incluir aquellos capaces de captar una visión más holística y de largo plazo de la economía y la calidad de vida”. Incapaz de darle un nombre a todo esto, el informe sugiere que el único antídoto para la extinción liderado por la humanidad es el socialismo.

Käthe Kollwitz, Aufruhr, 1899

Pero creer que un enfoque socialista podría detener la aniquilación del capitalismo de combustibles fósiles no es suficiente. Incluso si se dan las condiciones objetivas, la posibilidad subjetiva de consolidación del socialismo no es tan evidente. Las reservas de poder de la izquierda son escasas, las debilidades visibles. La izquierda debe construirse y debe construirse con rapidez.

Los ultra-ricos creen que pueden esconderse de la crisis. Están en busca de ciudadelas, de nuevas maneras de preservar su riqueza en la era de la catástrofe, asustados de que sus guardias puedan apuntar sus armas contra ellos, sumergiéndose en la fantasía de construir un ejército robot para protegerlos en sus islas de prosperidad. Europa construye sus “muros” a lo largo del Sahel, como lo hace Estados Unidos en Centroamérica. Achille Mbembe llama “para-genocidio” al intento de impedir que los seres humanos migren, pidiendo en cambio que intentemos imaginar “diferentes modos de reorganizar el mundo y redistribuir el planeta entre sus habitantes, humanos y no humanos”.

Los maestros de la guerra están ocupando más tiempo en provocar la guerra en Irán y Venezuela, haciéndose a un costado mientras Afganistán continúa ardiendo y mientras el Mediterráneo y el desierto de Sahara continúan cobrando vidas humanas. Para ellos el para-genocidio es una realidad aceptable. No están dispuestos a imaginar un mundo reorganizado. Para ellos, vale la pena pagar cualquier precio si mantienen su riqueza: el asesinato de personas gentiles como Macli-ing Dulag en Filipinas en 1980, mientras intentaba defender a su comunidad del proyecto de represa del río Chico, el asesinato de cientos de otros mientras intentan construir un futuro socialista.

Macli-ing Dulag: ¿Cómo puedes poseer lo que te sobrevive?

En 1964, Oodgeroo Noonuccal, una poeta de Minjerribah (en la tierra conocida como Australia) escribió Estamos desapareciendo (We Are Going, en inglés). El poema, que le da el título a este boletín, observa la extinción del mundo de los pueblos aborígenes, la desaparición de sus tierras, la erosión de sus costumbres. (El “anillo bora” es un espacio ceremonial y el “corroboree” es una danza ceremonial).

Somos los fantasmas de las sombras, retirándose mientras las fogatas se extinguen.

Somos la naturaleza y el pasado, todas las viejas costumbres

Ahora desaparecidas y dispersas.

Los matorrales han desaparecido, la caza y las risas.

El águila ha desaparecido, el emú y el canguro han desaparecido de este lugar.

El anillo bora ha desaparecido

El corroboree ha desaparecido

Y nosotros estamos desapareciendo.

A menos que hagamos algo al respecto.

La profesora Sandra Díaz, quien enseña en la Universidad Nacional de Córdoba en Argentina y es codirectora del informe de IPBES, señala que aunque la biodiversidad y la ecodiversidad están “declinando rápido”, “aún tenemos los medios para asegurar un futuro sostenible para las personas y el planeta”.

Si hacemos algo al respecto.

 

Historiador y periodista indio, autor de numerosas obras, entre ellas ‘The Darker Nations: A People’s History of the Third World and The Poorer Nations: A Possible History of the Global South’, ha sido profesor del Trinity College y actualmente es director del Instituto Tricontinental en Delhi.