InfoLibre, Alicia Gutiérrez (04/06/2018)

Protagonista, o víctima, de una de las más célebres paradojas de la historia judicial española, Baltasar Garzón (Jaén, 1955) fue el primer condenado del caso Gürtel. Investigar la mayor trama de corrupción política conocida hasta la fecha le costó la toga. El 9 de febrero de 2012, el Tribunal Supremo le inhabilitó 11 años por prevaricación. El motivo, haber interceptado en prisión escuchas de los imputados de Gürtel con sus abogados. Hoy, la sentencia dictada por la Audiencia Nacional en la pieza troncal del caso tumba la petición de nulidad que, basándose en ese hecho, formularon las defensas. Y ratifica “el expurgo de conversaciones viciadas que hizo el
instructor”. O sea, Garzón. “La sentencia es mi rehabilitación”, dice el jurista en esta entrevista con infoLibre, convencido del efecto catártico que han operado sus 1.586 páginas: “España es otro país después de la sentencia del caso Gürtel”.
Pregunta. Cuando venía hacia la entrevista me preguntaba cuánto hay para usted de justicia poética en la sentencia de Gürtel.
Respuesta. Entiendo lo que dice de justicia poética en el sentido de que al cabo del tiempo te dan la razón y que de alguna manera hay algún tipo de compensación moral. Lo que he experimentado con la gente normal y corriente que te ve en la calle es que te dan la enhorabuena y se alegran por mí. Como una alegría contenida de decir: “menos
mal que se hace la luz”. Y lo que me refieren, de ahí la justicia poética, es que con la sentencia se compensa la injusticia que, según ellos, se cometió al condenarme a la inhabilitación.
P. Bueno, según ellos y según usted, ¿no?
R. Sí, claro. Yo siempre me he sentido inocente porque lo que hice fue interpretar la ley de una forma determinada al tomar una decisión con el apoyo del ministerio fiscal y con todas las garantías. De hecho, el juez que me sustituyó [Antonio Pedreira, del Tribunal Superior de Madrid] amplió esas medidas y nunca hubo problema. A mí después me juzgan y me encuentran culpable de un delito que no existía. Lo que dije entonces lo recuerdo ahora: que quizás era más lógico esperar a que hubiera una resolución de fondo del caso porque nos podíamos encontrar con que en esa resolución se dijera que lo que se hizo fue correcto.
P. ¿Por qué cree que no se esperó?
R. Bueno, yo parto de la base de que a ningún juez se le puede imputar prevaricación por interpretar la norma de una forma concreta, aun cuando esa interpretación pueda ser…
P. ¿Errónea?
R. Compleja, errónea o incluso descabellada, para eso existe la mecánica de los recursos e incluso la exigencia de responsabilidades . Mi voluntad fue exteriorizada con ánimo de proteger todos los derechos. Y eso es lo que dice ahora la sentencia de Gürtel, que actué así y expulsé del procedimiento lo que afectaba a la confidencialidad. ¿Por qué no se esperó? Pues quizás alguien se plantó que esperar cinco años más a que hubiera una sentencia de fondo como que era… muy largo, ¿no? Y sobre todo, se planteó que el caso iba a volver otra vez a poder del juez que había iniciado la instrucción una vez concluyeran los tiempos de aforamiento. Si alguien pensaba que era mejor que no estuviera el titular anterior pues eso…
P. Pero no lo deje en puntos suspensivos. Se habrá hecho una composición de lugar a la vista de todo lo sucedido luego, ¿no?
R. No necesariamente. Es un mecanismo de resistencia y de supervivencia. Hay que mirar hacia adelante. Yo me vi inmerso en tres procedimientos judiciales sin saber bien por qué razón. Uno de ellos incluso había sido archivado y confirmado por el CGPJ que lo que yo había hecho estaba bien, el tema de Nueva York [los patrocinios de unos cursos en esa ciudad] y de golpe me abren un procedimiento que para mí era absolutamente instrumental: duró exactamente lo que tardaron en condenarme en el otro.
P. Entiendo que lo que viene a decir es que en aquella famosa cacería en la que participó al inicio del caso Gürtel y por la que se lanzaron a degüello contra usted en realidad era usted la pieza a batir.
R. ¡Ah, sin lugar a dudas! ¿Acaso lo duda usted? Porque nada de lo que ocurrió en aquella jornada cinegética en Jaén tenía nada que ver, absolutamente nada , nada de nada, y había más de 50 testigos. Todo se monta a raíz de que comienza a constatarse que hay unos hechos que en ese momento los investigadores todavía no alcanzábamos a definir pero se intuía que eran graves. Y ahí comienza una acción concatenada, por supuesto que sí, de algunos medios de comunicación y ahí están los titulares atroces, tremendos. A mí se me investigó absolutamente todo de ahí hacia atrás: viajes, contraviajes, hubo artículos tremebundos que a mí me daría vergüenza haber escrito a ver si acababan con el juez, con la persona, con toda su resistencia pero no acabaron porque uno, de alguna forma, ya está acostumbrado. Pero es que dos días después se produjo la célebre comparecencia, urbi et orbi, de toda la dirección del PP diciendo esto no es una trama del PP sino una trama contra el PP. Yo no voy a hacer siquiera la afirmación fácil de decir que ahora se ve lo que hay, pero…
P. ¿Usted ya vislumbraba entonces que se había creado “un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional”, como dice ahora la sentencia?
R. De lo que se llevaba investigado se infería que eran hechos muy graves que afectaban directamente a estamentos, personas y estructuras del PP porque ya aparecían personajes que tenían responsabilidad en esa estructura.
P. ¿Del PP y también de las administraciones bajo su gobierno?
R. Mire, a partir del 9 de febrero de 2009, cuando se abren los pendrives intervenidos, ya empiezan a aparecer nombres y apellidos. Y después aparecen la contabilidad y datos y más datos. Y ves que estás ante un universo en el que evidentemente no tienes que ser Einstein para deducir que hay mucho material altamente nocivo. Y nocivo para quien en primer lugar lo estaba investigando: la Policía, la Fiscalía y el juez. Lo que se desata en ese momento es una acción implacable por parte de esas estructuras y sus asociados, como yo les llamo. En mi caso se concentran en una línea de ataque, en las fiscales en otra y en los policías en otra.
P. Pero eso solo resulta verosímil si se acepta que quienes desataron esa persecución “implacable” conocían el verdadero alcance de la trama y que precisamente por eso se propusieron actuar de ese modo, ¿o no es así?
R. Hombre, eso es obvio. Es obvio, claro. ¿Si no por qué lo haces?
P. ¿Cree usted que Rajoy conocía en aquel momento la importancia de aquella trama?
R. Eso, como se dice muchas veces, habrá que preguntárselo al señor Rajoy. Yo lo que digo es que por los elementos y datos que fueron apareciendo en aquella investigación -y que todavía imagino que van a aparecer más y por lo que dice la sentencia, ese conocimiento existía. Ahora bien, a qué nivel? Ahí nos tenemos que ir a quienes han sido juzgados personalmente. Y políticamente, a quienes tenían una responsabilidad. Lo que se dice en la sentencia es que había una contabilidad B desde 1989 y que había un sistema institucionalizado de corrupción. Y si eso es así en 1989 -y el PP se funda ese año porque antes era Alianza Popular- pues entonces es que desde su fundación hay una secuencia, un modus operandi que en la sentencia se pone de relevancia.
P. Pues más que como un “sistema institucionalizado” se diría que usted lo describe como un sistema consustancial al propio partido.
R. Ahora puedo hacer una afirmación política que en su momento no podía ni tampoco tenía por qué hacer: que, en mi opinión, la única forma que tiene el PP de responder a esto es abordar una refundación profunda, porque está tocado desde el principio hasta el final. Y lo está por una responsabilidad de sus dirigentes y porque no extrajo las consecuencias de lo que venía de atrás haciéndose mal. Y en política no vale con decir “y tú más, que otros ya lo hacían”. Me da igual. Nadie se puede defender de que algo esté mal hecho porque otro también lo haga. Ahora, el PP argumenta que la responsabilidad a título lucrativo no es penal. ¡Pues claro que no lo es! Es una responsabilidad dentro de una sentencia penal en la que se establece paladinamente que hubo un aprovechamiento de unos recursos de procedencia ilícita que estaban moviendo personas concretas con mandos concretos y en una campaña concreta que tenía un control nacional.
P. Mucha gente se pregunta por qué nunca fueron investigados Aznar y Rajoy.
R. Eso tiene fácil respuesta. En un proceso penal lo que cuentan son los indicios y las pruebas y ni unos ni otras te los puedes inventar. No puedes intuirlos, tienes que constatarlos. No ha habido indicios ni pruebas suficientes a lo largo de la investigación para establecer esa línea de responsabilidad. Le digo más: en la época en que yo estuve como instructor, no hubo ningún indicio en ese sentido. Cuando después aparecieron los papeles de Bárcenas , se produjeron algunas incidencias o tuvieron lugar ciertas ciertas declaraciones de los investigados, comenzaron a intuirse algunos elementos, que podrían haber avalado esa investigación. No obstante, quien tenía que valorarlos debió hacerlo y le parecieron insuficientes para avanzar en esa línea. Por tanto, si no han aparecido hechos diferentes a los que ya se habían valorado, el tribunal poco puede hacer. De todas formas, en esta causa no se ha juzgado todavía la pieza de los papeles de Bárcenas. En esta sentencia lo que se ha establecido es el contexto que da sentido a todo lo demás.
P. La sentencia recalca que en ningún caso habría sido posible el procesamiento ni una condena penal del PP porque hasta la reforma del Código Penal de 2012 no cabía procesar a un partido pero que…
R. Sí, es lo que iba a decir ahora: que si no se determina la responsabilidad penal de una estructura jurídica como es el partido es porque la posibilidad de atribuir un delito a un partido no se introduce en el Código Penal hasta 2012 y porque el delito de financiación ilegal no se tipifica hasta 2015. Y los hechos investigados en Gürtel terminan en 2008. Pero eso no quiere decir que la conducta fuera lícita. La sentencia habla de asociación ilícita y de otras personas que no estaban en asociación ilícita. Pero la asociación ilícita existe precisamente porque hay un partido político que la acoge. Existe una asociación ilícita porque hay un partido, el PP, y unas estructuras dominadas por ese partido que la alimentan, la nutren y la expanden. Esa es la realidad.
P. Hace unos minutos decía que no tiene duda de que usted era la pieza a batir en la célebre cacería de 2009. También hubo episodios peculiares en el TSJ de Madrid, donde se le colocó al juez Antonio Pedreira un ayudante o asesor, en cursiva, con acceso a toda la investigación. Luego, tampoco el juez Pablo Ruz lo tuvo fácil. Ahora, hace solo seis meses, se cambia por sorpresa y con efecto retroactivo la composición de los tribunales que deben enjuiciar las restantes piezas de Gürtel. Y, finalmente, se excluye al magistrado progresista José Ricardo de Prada de la sala que debía acordar las medidas cautelares para los condenados. ¿Hay un hilo conductor?
R. Bueno, el poder tiene mucha fuerza cuando se ve investigado y cuando ese poder es una corporación como un partido que además está en el Gobierno, pues no va a ser cómodo porque entiende el servicio público de una forma totalmente fraudulenta. Y esa forma fraudulenta consiste en tapar los posibles quebrantos de legalidad o actuaciones espurias en lugar de ser transparente y favorecer la investigación, que es lo que haría una estructura limpia y que estuviera al servicio de la sociedad. Lo que hemos visto es que se designó a una persona llamada Federico Trillo para que coordinase todas las acciones en contra del juez, de la policía y de quien fuera en los primeros meses de la investigación. Luego se designa a otra persona para que coadyuve a la instrucción del
siguiente juez, persona que es designada por un alto responsable del partido al que pertenecían los distintos imputados.
P. ¿Quién exactamente designó a ese ayudante o asesor? ¿Lo sabe?
R. No me acuerdo, lo designó la Comunidad de Madrid, que estaba gobernada por Esperanza Aguirre, que según ella fue la que descubrió el caso Gürtel.
P. Aguirre ha salido indemne.
R. Bueno, yo no tengo datos para saber si está indemne o no pero el que tenga que investigar que investigue. Y luego el siguiente juez también se encontró con poca diligencia del partido en cuestión: cuando pidió su colaboración tuvo que acabar mandando a la Policía para hacerse con la información.
P. Se refiere a Pablo Ruz, claro.
R. Sí, a Pablo Ruz. Y cuando llega la información estaba desaparecida, los discos estaban rotos… Entonces si esa información estaba, ¿por qué no se le facilitó al juez?
P. ¿Usted cree que Bárcenas tiene documentos que…
R. No lo sé, porque yo nunca he hablado con Bárcenas. Una vez que perdió el aforamiento ante el Supremo, la causa estaba en el TSJ de Madrid, que la cierra sobreseyendo el caso respecto de Bárcenas y su mujer. Y con gran valentía, la ponencia fue de Ángela Murillo, la Audiencia Nacional revocó luego esa decisión y reabrió el caso. Y gracias a eso se siguió investigando y hay hoy una sentencia donde se les impone una pena de 33 años y pico y de 15 años.
P. ¿Qué piensa de que el tribunal fijase una fianza de 200.000 euros para la mujer de Bárcenas en un auto donde admite que persiste el riesgo de fuga aunque considera que “no parece tan elevado”?
R. Antes de eso, quiero decir algo: que el Consejo General del Poder Judicial, y su presidente en particular, tomaron una decisión absolutamente arbitraria al excluir a Prada del tribunal de sentencia, que es el que tenía que haber valorado la situación de los condenados. No sé por qué lo ha hecho.
P. ¿Entonces no lo sabe?
R. No lo sé o no quiero saberlo. Pero imagínese una situación que pudo suceder aunque no sucedió: el tribunal hace pública la sentencia y convoca a las partes para que presencialmente sean notificados del fallo y a la lectura. Entonces en ese momento, conforme se notifica la sentencia el tribunal dice “en este momento quedan detenidas
las personas tal, tal y tal y se va a decidir sobre su prisión o libertad”. Eso se ha hecho muchas veces en la Audiencia Nacional. Y si eso se hubiese hecho nadie habría dudado de que el tribunal que decidía sobre la prisión o libertad de los condenados era el mismo. Lo que ha ocurrido introduce un elemento de desconfianza. Y desde mi punto de vista es un ataque a la independencia judicial. ¿Por qué se introduce esa duda, esa especie de sanción al juez que según los medios era más proclive a tomar medidas más drásticas pese a que curiosamente no tendría por qué ser así dado que Prada no es precisamente un magistrado que abuse de la prisión provisional. Eso genera desconfianza: desconfianza gratuita. Y desde mi punto de vista imputable al Partido Popular. No: al Consejo General del Poder Judicial.
P. ¡Menudo lapsus acaba usted de tener!
R. Ha sido un lapsus linguae, no mentis. Pero sigo. Mucha gente cuando ve esto dice: “Ah, claro, ya sabemos lo que va a pasar. Alguien va a quedar fuera”. Y quedan fuera dos personas muy señaladas: Jesús Sepúlveda y la mujer, Rosalía, de Luis Bárcenas. Cada cual, que piense lo que quiera. Lo que yo digo es que fijarles prisión bajo fianza es un absurdo. O es prisión o es libertad. No nos engañemos, qué es eso de prisión eludible bajo fianza de 200.000 o de 100.000 euros. Pero es más: ¿por qué se les ingresa en prisión? Si no se ha ido hasta el día de hoy se va a ir porque se le haya puesto una fianza?
P. Su discurso se parece bastante al de las acusaciones populares, que, por ejemplo, interpretan los cambios retroactivos en la sala que debe juzgar otras piezas de Gürtel como una maniobra destinada a buscar un tribunal a medida.
R. Cuando menos, dice muy poco de cómo debe funcionar la justicia. Hay demasiadas rotaciones en los tribunales que si se hacen se deben hacer por razones muy motivadas. Como se sabe, la justicia no solo tiene que ser independiente sino aparentar que lo es. Los ciudadanos tienen que tener la confianza en que la justicia funciona y
en este caso en la sentencia ha funcionado. Pero cuando empiezan esas alteraciones, esos vericuetos, la gente se pregunta qué está pasando aquí y piensa que aquí ocurre algo, que esto huele mal. Y probablemente no huele mal. Yo no tengo duda de los magistrados que han tomado esta decisión de prisión bajo fianza. Pero es altamente
preocupante que la gente crea que se está tratando de tapar o de no tapar algo porque a lo mejor alguien ha dicho que si alguien entra en prisión se va a producir esto o aquello. Y la especulación que hay en estos días, legítima por otra parte, pues es muy grave y creo que no se debe contribuir a esto. Aquí jugamos con la legalidad y la independencia y no podemos dar pábulo a que eso se cuestione. Y no podemos quebrantar la apariencia de imparcialidad. Y en el caso Gürtel se ha jugado por factores externos e internos demasiado con esa sacrosanta imparcialidad. Y se ha contribuido a que haya dudas.
P. Pero no use el se impersonal. ¿Quién ha jugado en el caso Gürtel con la sacrosanta imparcialidad, quién ha contribuido a que haya dudas?
R. Ha habido recusaciones y ha habido personas que no se querían abstener. La presidenta de la sala de lo penal de la Audiencia, Concepción Espejel, fue recusada. Y si eres cuestionada pues te tienes que abstener porque lo contrario genera un desasosiego. Y así más de una. Pasó también con el juez Ruz, que si se le prorrogaba o no se le prorrogaba [la comisión de servicio como instructor del caso Gürtel]. Y la gente empezó a decir: “no, es que lo quieren quitar porque este, a pesar de que parecía que era conservador, pues está haciendo los deberes”. Pues bien, para mí el juez Ruz es un juez íntegro. Pero como lo puede ser el anterior o el posterior. Lo que no se debe
contribuir es a esa dinámica.
P. ¿Contribuyó a esa dinámica la forma en que Rajoy prestó declaración como testigo?
R. Es que si un tribunal decide por mayoría que comparezca un testigo cualificado como es el presidente del Gobierno, que no lo era en el momento de los hechos enjuiciados, ¿pues por qué ese gran lío que se montó? Se arriesga uno a que ocurra lo que ha sucedido: primero, a que se ponga en duda por qué se le da un trato de favor si todos somos iguales ante la ley. Políticamente fue una torpeza también de sus asesores: tenía que haber declarado desde la misma posición que cualquier testigo, se habría evitado muchas críticas. Y ahora, cuando el tribunal dice en su sentencia que no fue suficientemente verosímil, pues es ciertamente grave pero es normal también. Y algunos dicen: ¿entonces incurrió en falso testimonio? No, no tiene nada que ver. Solo está diciendo el tribunal que no se ha creído lo que dice. Y no se lo ha creído o porque no se ha sabido explicar o porque no ha sido lo suficientemente explícito o porque no puede decir algunas cuestiones que a lo mejor le llevarían mucho más allá de la condición de testigo en que actúa.
P. ¿Que le incriminarían, quiere decir?
R. Sí.
P. ¿Le pareció que pudo existir ese riesgo?
R. No, no, ponía el ejemplo con carácter general.
P. Y llegados a este punto, ¿va usted a activar algún mecanismo para…
R. No, no…
P. Pero si no he terminado la pregunta.
R. Sí, pero la profesión de juez hace que sepamos: inferimos.
P. ¿No va a hacer nada para recuperar la toga?
R. No, no se puede recurrir ahora ninguna resolución, las vías jurisdiccionales ya están acabadas.
P. ¿No hay ninguna rehabilitación posible?
R. No, yo estoy cumpliendo la condena…
P. Me refería a rehabilitación moral y personal.
R. Esta sentencia es mi rehabilitación. Yo la esperaba porque se tenía que pronunciar sobre la instrucción. Y, en efecto, se pronuncia y dice que la detención fue correcta, que la prisión fue correcta, que los registros lo fueron, que la interceptación de comunicaciones fue correcta y que si alguna pudiera afectar -y se refería a las de dentro de prisión- al derecho de defensa fueron expurgadas por el juez de instrucción. Y en este punto la sentencia es unánime, ahí no ha habido ninguna discrepancia. Si ahora se celebrara el juicio contra mí en el Tribunal Supremo porque algún magistrado hubiera decidido suspender aquella tramitación hasta que hubiera sentencia definitiva,
puede contestar usted misma lo que hubiera sucedido. La causa habría caído.
P. Por cierto, si esta entrevista se publica después de la moción de censura, ¿cree usted que será España otro país?
R. Yo creo que España es ya otro país después de la sentencia del caso Gürtel y de la indignación generalizada que ha producido en la ciudadanía y también en la clase política. La moción de censura, la hubiera presentado quien la hubiera presentado, era una cuestión de dignidad, de calidad democrática y de ética. No se podía hacer otra cosa. Se trataba de corrupción sí o corrupción no.