La desoladora noticia de la muerte de Gonzalo Borrás Gualis, a los 78 años, en la mañana de ayer y en su casa de Zaragoza, me deja especialmente afectado. Perdemos a uno de los mejores historiadores del arte, y personalmente pierdo a un maestro, a un colega y a un amigo.

Algunos datos, enumerados casi telegráficamente,  permiten reconstruir su singular CV:

  • Entre 1985 y 1995 fue Director del Instituto de Estudios Islámicos y de Oriente Próximo.
  • Desde 1985 hasta 1995 fue director del Instituto de Estudios Turolenses.,
  • Entre 2002 y 2005, fue director de la Institución Fernando el Católico de Zaragoza.
  • Entre 2002 y 2011 fue director del Instituto de Estudios Islámicos y de Oriente Próximo (Univer- sidad de Zaragoza, CSIC y Cortes de Aragón).
  • Fue miembro del consejo asesor de la ‘Gran enciclopedia aragonesa’.
  • Impulsor de la ‘Biblioteca aragonesa de cultura’.
  • Fundador de la revista ‘Artigrama’, del Departamento de Historia del Arte de la Univ. de Zaragoza.

Formado como historiador en Zaragoza, tras cinco años (1976-1981) como profesor  en la Autónoma de Barcelona, regreso a Zaragoza como catedrático de Historia del arte e impulsor y director de uno de los más activos departamentos de historia del arte de la Península.

Se licenció en Filosofía y Letras (Geografía e Historia) en la Universidad de Zaragoza, con una  memoria de licenciatura sobre ‘La Guerra de Sucesión en Zaragoza’ (1967), pero pronto sus indagaciones se centraron en el mundo mudéjar. A él dedicó su tesis doctoral (1971) dedicada al estudio del Mudéjar en los valles del Jalón-Jiloca, dirigida por Francisco Abbad, catedrático que le en-caminó a la docencia universitaria.

Como he dicho cientos de veces Gonzalo Borrás explicó más extensamente en su estudio más divulgado sobre el mudéjar: “el arte muldéjar es una nueva realidad artística, autónoma y desgajada del arte hispanomusulmás, porque en esta pervivencia del arte hispanomusulmán ha desaparecido el soporte cultural de este arte, que es el dominio político-religoso, siendo sustituido por el dominio político cristiano. El arte mudéjar es una consecuencia de las condiciones de convivencia de la España cristiana medieval, siendo, por tanto, la más genuina expresión artística del pueblo español, una creación cultural radicalmente hispánica, que no encaja en la historia del arte islámico ni en la del occidental porque se halla justamente en la frontera de ambas culturas.

De esta manera lo que comenzara siendo una herencia islámica, al quedar desvinculada del mundo cultural islámico, desgajada del dominio político-religioso del Islam, se convierte en una manifestación artística nueva, que caracteriza a la cultura hispánica desligándose paulatinamente del soporte étnico mudéjar que la posibilitó, para sobrevivir a fenómenos culturales tan drásticos como la conversión forzosa de las minorías mudéjares, primero, y la expulsión de los moriscos más tarde. El mudéjar se había convertido en una expresión artística característicamente hispánica, superando incluso, las referencias religiosas de origen”. [1]

Todos los que estos días le recuerdan resaltan su ejemplar compromiso social y cultural que se plasmó en la creación del periódico ‘Andalán’ en 1972, en su integración en todas las plataformas progresistas que surgieron en Zaragoza y en la consecución para el mudéjar aragonés del título de  Patrimonio de la Humanidad. No se limitó a estudiar el mudéjar aragonés, todo el mudéjar y todo nuestro patrimonio, por encima de fronteras, fechas y estilos, fue el objeto de sus investigaciones y siempre estaba en primera fila si había que luchar por su defensa. Lo mudéjar, la didáctica y la metodología de la historia del arte, y la defensa del patrimonio fueron los territorios principales de sus muchos saberes, no los únicos. Preparando estas tristes palabras me encuentro una cita obligada para definir a Gonzalo: En 2013, profesores de su departamento universitario publicaron un libro homenaje con el que querían “reconocer la larga, sólida y diversificada trayectoria universitaria” de Borrás, describían en la presentación, sobre todo por su trabajo para compaginar la investigación y la docencia pero también para difundir el patrimonio artístico y conectarlo “más allá de su propio entorno universitario”.

Desde esta ciudad frontera del mudéjar en la que escribo no quiero dejar de señalar su constante presencia en los cursos que en Arévalo dedicamos al estudio del mudéjar y que siempre ayudó en el estudio y la defensa del mudéjar abulense, pensando y defendiendo que debía hermanarse con el turolense y también debía ser declarado patrimonio de la humanidad.

Hoy lamento su pérdida, pero me honro por los años compartidos con quien supo combatir a la vez por la cultura y por la libertad.

José Luis Gutiérrez Robledo.

Universidad Complutense

[1] BORRÁS GUALIS, G.- El arte mudéjar. Teruel, 1990. pág. 90.