La sociedad civil reclama desde hace décadas medidas que acaben con la discriminación que sufren los habitantes de las zonas rurales escasamente pobladas

Sin un pacto de Estado mucho me temo que todos los esfuerzos por revertir esta situación serán en vano

La nueva ruralidad ha de abrir los territorios rurales a nuevas actividades económicas, por ejemplo, la tecnológica, la artística y cultural, como sucede ya en otros países europeos que nos llevan años de ventaja

La receta es innovación, innovación e innovación, y sobre todo innovación social, que no es otra cosa que una combinación más eficaz y eficiente de los elementos existentes en el territorio para solucionar los retos sociales

Joaquín Alcalde – Director de El Hueco (Soria). En diario.es 10/06/2019

https://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/nueva-ruralidad_6_908569138.html

Ilustración de la entrada: ELISA BIETE JOSA

El problema de la despoblación rural en España se ha convertido desde hace dos años en un asunto de Estado, desde que en la Conferencia de Presidentes Autonómicos de enero de 2017 se acordara elaborar y desarrollar una iniciativa denominada Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico. Si bien es cierto que a fecha de hoy seguimos sin que los Gobiernos de turno hayan puesto en marcha dicha estrategia, las diferentes Administraciones sí que han colocado el problema entre sus prioridades, los líderes políticos del ámbito nacional lo incluyen en sus discursos y lo más importante, la sociedad civil se ha puesto en marcha.

La sociedad civil viene reclamando desde hace décadas medidas que acaben con la desigualdad de derechos que sufren los habitantes de las zonas rurales escasamente pobladas frente a los del resto de nuestro país y que poco a poco ha ido aislándolos y excluyéndolos, en ese proceso de «vaciado» de unos territorios que ha llevado a una situación extrema a provincias como Soria, Teruel y Cuenca.

El pasado día 31 de marzo decenas de miles de ciudadanos se manifestaron en Madrid en lo que se ha dado en llamar «La Revuelta de la España Vaciada», hartos del «olvido» de las instituciones y exigieron «soluciones urgentes sin más retrasos, ni excusas», entre ellas, un Pacto de Estado «con amplia mayoría parlamentaria». Esta reclamación es especialmente importante, ya que sin ese pacto mucho me temo que todos los esfuerzos por revertir esta situación serán en vano.

Los que trabajamos desde hace muchos años en buscar soluciones sostenibles al problema de la despoblación rural hemos podido constatar que los casos de éxito que existen en el mundo y en Europa especialmente, como es el escocés y la repoblación de la región de las Highlands, han partido de un amplio consenso político que ha permitido desarrollar programas en diferentes ámbitos y a muy largo plazo. Que nadie piense que el problema tan agudo que tenemos en España como consecuencia de no haber sabido reaccionar a tiempo se va a resolver con un paquetito de medidas fiscales, cheques bebé a gogó y la promoción del trabajo precario en un sector agrícola intesivista, que es hacia donde parece que apuntan las medidas que se proponen en los últimos meses desde diferentes Administraciones. El problema exige soluciones que, partiendo del consenso, promuevan cambios sistémicos, empezando por rediseñar un modelo de desarrollo rural, que en los últimos 30 años no ha hecho otra cosa que expulsar ciudadanos rurales hacia los núcleos urbanos… Como los habitantes de los ranchos de Comala, del Pedro Páramo de Juan Rulfo, y terminando por definir una nueva ordenación territorial para el siglo XXI que permita una cohesión territorial y que sirva de base para una gobernanza rural cuyo foco esté puesto en los ciudadanos.

La receta es innovación

Una vez que se pongan estas bases, la receta es innovación, innovación e innovación y sobre todo innovación social, que no es otra cosa que una combinación más eficaz y eficiente de los elementos existentes en el territorio para solucionar los retos sociales, que necesitan de las capacidades de las personas implicadas en los mismos, y de la generación de apoyos, para poder crear valor sostenible para todo el territorio.

Lo que sí que es cierto y nos anima a ser optimistas es  que existe una tendencia, todavía incipiente pero creciente, de personas del mundo urbano que valoran cada vez con mayor interés el poder desarrollar su proyecto de vida en un pueblo (como lo demuestra el éxito de participación en las dos ediciones celebradas de Presura, la Feria Nacional para la Repoblación de la España Rural), pero también hay que ser conscientes del espacio tan grande que existe entre ambos mundos y que sobre todo, siendo realistas, el mundo rural no es «la arcadia feliz» y hay algunas barreras de entrada como el acceso a la tierra, la carencia de internet de alta capacidad, la falta de vivienda disponible, la movilidad y el acceso a la financiación/inversión en los proyectos rurales, entre otras varias.

En este sentido desde hace varios meses un grupo de 50 hombres y 50 mujeres (el G100) de toda España, invitados por El Hueco, participan en el proyecto Terris, Territorios e Innovación Social, un proceso de cocreación de una nueva ruralidad, basado en la gestión de la inteligencia colectiva, con el que pretendemos alumbrar las líneas estratégicas de cómo ha de evolucionar la relación del ser humano con el medio rural y construir una nueva identidad rural para el siglo XXI y buscar soluciones innovadoras y sostenibles a los principales problemas que atenazan a las zonas rurales.

Los primeros resultados del trabajo del G100 ya están encima de la mesa: 12 prototipos, 12 iniciativas innovadoras que han de servir para dinamizar el territorio rural, que van desde un Erasmus de alcaldes a un Uber rural y que nacen desde la cocreación y la participación ciudadana y que proponen soluciones innovadoras, con alto impacto social y sostenibles en el ámbito de la movilidad, la vivienda, la salud, etc.

La nueva ruralidad ha de abrir los territorios rurales a nuevas actividades económicas, por ejemplo, la tecnológica, la artística y cultural, como sucede ya en otros países europeos que nos llevan años de ventaja en este ámbito. El sector agrario por sí solo no va a poder sostener a la población en el territorio. La agricultura inteligente está ya aquí y cada vez va a necesitar menos capital humano para desarrollarse. Pero esto no lo tenemos que ver como un problema, sino como una oportunidad de generar nuevas iniciativas emprendedoras en las zonas rurales alrededor de este sector ligadas a la innovación tecnológica y a la ecología. No podemos obviar el inexorable progreso tecnológico, ni mucho menos oponernos a él como «nuevo luditas rurales».

Debemos cambiar el relato sobre la despoblación y sus problemas y poner el foco en las enormes potencialidades y oportunidades que ofrecen las zonas rurales escasamente pobladas. Tenemos que ofrecer nuestra mejor imagen, sugerente y atractiva que nos sirva para capturar talento emprendedor y atraerlo a nuestros pueblos. Y también tenemos que mejorar mucho nuestra actitud hacia los nuevos pobladores y convertir nuestros pueblos en lugares de acogida.

Por último, quiero destacar especialmente el importante papel que han de desempeñar las alianzas público-privadas en todo este tema. El liderazgo de este cambio está en las organizaciones de la sociedad civil, como lo demuestran día a día decenas de pequeñas entidades que trabajan para revitalizar sus pueblos, pero nada será posible sin el compromiso de todos los agentes públicos y del sector privado que ha de comprometerse con el desarrollo de esta parte de España que se desvanece. Y las primeras en dar ejemplo tienen que ser las empresas más importantes de nuestro país, que tienen que diseñar estrategias de responsabilidad social con estos territorios y, lo que es más importante, desarrollar su actividades empresariales con un enfoque rural que sirva para reequilibrar los territorios campestres.