La directora del Centro de Investigación de Cambio Climático BC3 del País Vasco habla sobre el cambio climático y el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático

“Aunque nosotros ahora hiciéramos lo máximo para quedarnos por debajo del aumento de la temperatura global en 1,5º, aún así, hasta finales de siglo incluso el siglo siguiente veríamos los efectos”

“Ya no es válido un ‘a lo mejor’, debe hacerse con una convicción absoluta: se trata de descarbonizar la economía”

Clara Roca 03/11/2018 – eldiario.es

María José Sanz Sánchez (Valencia, 1963) es directora científica del Centro de Investigación para el Cambio Climático BC3 del País Vasco. El currículum de esta doctora en Ciencias Biológicas cum laude por la Universidad de Valencia suma 81 páginas en las que destaca su labor como experta en cambio climático y en contaminación atmosférica.

 

Sanz ha sido miembro y ha colaborado como autora en el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), con el que ganó un Premio Nobel de la Paz en 2007. Además, ha sido coordinadora del programa de reducción de las emisiones derivadas de la deforestación y degradación de los bosques (REDD+) de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

La investigadora ha conversado con eldiario.es sobre el último informe del IPCC, que insta a los gobiernos a tomar medidas urgentes para frenar el cambio climático.

¿Cuál es el objetivo del informe del IPCC?

El objetivo de este informe ha sido demostrar científicamente que es posible quedarnos por debajo del aumento de 1,5ºC y tiene riesgos menores que llegar a 2ºC. Un aumento de la temperatura de 2ºC supondría, en primer lugar, una mayor subida del nivel del mar que con un incremento de 1,5ºC. En segundo lugar, habría perturbaciones en las precipitaciones: en algunos lugares habría más lluvias torrenciales mientras en otros habría más sequías, lo que llevaría a una menor producción de alimentos —como el trigo o el maíz — en aquellos lugares donde se produjeran estos desajustes. También perjudicaría a la biodiversidad. Es decir, generaría bastante impacto. Algunos de ellos ya los estamos viendo, no es una cosa que vaya a empezar ahora, sino que ya ha empezado.

¿Qué ocurre? que quedarnos por debajo de 1,5 ºC va a requerir unos esfuerzos y una aceleración de la acciones necesarias sin precedentes. No nos podemos permitir el lujo de hacer las cosas como hasta ahora, de forma tan dilatada en el tiempo y con unos compromisos tan poco ambiciosos. Tenemos que llegar a cero emisiones de CO2 a la atmósfera, es decir, emitir lo mismo que se secuestra, para 2050. No tiene vuelta atrás. Sinceramente espero que lo podamos hacer, pero no es una tarea sencilla, sino un esfuerzo enorme. Ya no es válido un “a lo mejor”, debe hacerse con una convicción absoluta: se trata de descarbonizar la economía.

Como se puede ver en el documental   Anote’s Ark (2018), la isla del Pacífico Kiribati está desapareciendo ¿Qué zonas están más amenazadas por el cambio climático?

Depende en qué sentido. Si hablamos de eventos extremos climáticos, como huracanes, obviamente el Caribe. También parece ser que el Mediterráneo se está tropicalizando, por lo que habrá más tormentas de tipo anticiclónico.

Las islas del Pacífico tienen una moción en Naciones Unidas para que se cree la figura de ‘refugiado climático’. Esas islas, aunque no en su totalidad, probablemente sí desaparecerán en gran medida. Todas las que tengan una cota por debajo de un metro o metro y medio van a tener reducciones enormes. Igual que algunos deltas grandes, como en la zona de la India, Bangladesh, o los deltas africanos del Atlántico.

¿Cómo afecta el aumento del CO2 a los mares y los océanos?

El CO2 de la atmósfera se disuelve en el mar provocando su acidificación. Esta implica modificaciones en las comunidades marinas, sobre todo en las comunidades de fitoplácton, que alteran toda la cadena trófica. Además, el calentamiento de las aguas causa el  blanqueo de los corales. También se ha detectado que el mar está acumulando energía en las placas más profundas, cuyo impacto a largo plazo se desconoce.

Por otro lado, al disminuir la capa de hielo del ártico la salinidad del mar del océano Atlántico disminuye y eso altera las corrientes atlánticas, que son las que modulan el clima a los dos lados del océano. Hay una corriente en ocho —la circulación termohalina del Atlántico — que se encarga de modular el clima de las masas terrestres. Al añadir agua dulce por el  deshielo del Ártico y al incrementar la temperatura se debilita y puede llegar a romperse. Ya hay evidencias de que este flujo está perdiendo fuerzas.

Madrid está más o menos a la misma altura que Nueva York, pero en Nueva York hace muchísimo más frío porque la circulación termohalina baja fría por Nueva York y sube caliente por la costa española. Si esto se perturba podríamos tener inviernos más fríos y veranos más cálidos, por ejemplo.

¿Cuáles son las mayores amenazas para España?

Eventos extremos en las costas con tormentas intensas, como ya hemos visto hace poco, y en algunas zonas habrá un incremento de las sequías. Episodios  como los de Mallorca han ocurrido en el pasado pero no con tanta intensidad. La pregunta es si puede ocurrir con más frecuencia en el futuro, cuestión que no sabemos. Ha sido un año en el que el verano entró muy tarde. Sin embargo, hemos tenido un septiembre y mitad de octubre muy cálidos. Estamos sufriendo cambios meteorológicos que no han sido tan frecuentes en el pasado. Esto va a provocar impactos en la salud, en las sequías…

El clima está cambiando. Hemos adaptado nuestra sociedad a una determinada climatología y ahora tendremos que ir adaptándonos a esos cambios, que no van a parar, porque el clima tiene una inercia. Aunque nosotros ahora hiciéramos lo máximo para quedarnos por debajo de 1,5º, aún así, hasta finales de siglo, incluso el siglo siguiente, veríamos los efectos. España debe descarbonizar nuestra economía al máximo posible. También debe analizar con cierta visión a medio y largo plazo qué necesidades de adaptación vamos a tener y diseñar nuestras opciones de mitigación de estas alteraciones. España es un país que puede sufrir los impactos del calentamiento global con más intensidad que otros países europeos. Y, por tanto, debemos combinar los dos aspectos.

La mancha de plásticos blancos de los campos de cultivo de El Ejido (Almería) se puede ver desde un satélite. ¿Es sostenible este tipo de agricultura intensiva?

El problema del plástico es un problema medioambiental, se debe analizar si esos plásticos se pueden reciclar o si acaban siendo contaminantes en el mar o en los suelos. Pero sobre todo depende de si la producción agrícola es racional y no hay desperdicios en ningún punto de la cadena de producción de elementos de consumo. Hay casos en los que, por un exceso de producción, el precio baja y los productores prefieren tirar los alimentos. Eso hoy en día no lo podemos admitir. Debemos tender hacia una economía más circular, que fomente el reciclaje. También hay otro problema con la agricultura intensiva, ya que muchas veces necesita muchos insumos de fertilizantes y herbicidas, que pueden llegar a contaminar los acuíferos.

¿Y qué hay del impacto en una extensión continuada de tierra tan grande para el uso de este tipo de agricultura? ¿No es peor que tener pequeñas extensiones separadas?

Claro, pero si necesitas producir esos alimentos lo tienes que hacer, ¿no? La pregunta es: ¿Necesitas producir todos esos alimentos? Cuando estaba en la FAO hacíamos estimaciones de cuánto se desperdiciaba. Éramos conscientes de que como promedio se desperdicia un 20 o 30% de los alimentos que se producen. Si tú consiguieras optimizar y reducir esas pérdidas necesitarías menos tierra para producir esos mismos alimentos.

El  número de cerdos sacrificados al año es mayor a la población de toda España ¿es factible seguir consumiendo carne a este ritmo?

Lo que hay que hacer es tener una dieta equilibrada. Hay una composición de proteínas vegetales y animales en las dietas que son las recomendables. El problema es que tradicionalmente se ha asociado el consumo de carne en estos últimos años a un nivel de vida mayor. En lugares como Europa, Estados Unidos o Canadá se consume carne por encima de lo recomendable. Habría que volver al consumo de proteína equilibrado. Con eso ya se reduciría mucho la necesidad de producir proteína animal.

Desde luego no cambiar las dietas de otras culturas, que por imitación, por ejemplo, las culturas asiáticas empiezan a consumir mucha más proteína animal, cuando no suelen consumir grandes cantidades de ella.

La proteína animal que deja más huella de gases de efecto invernadero es la carne roja. Le sigue la carne de cerdo y la de pollo. La que menos tiene, en teoría ,es la proteína de soja, pero para producir soja en muchos casos se ha llegado a deforestar zonas tropicales.

¿Es posible frenar el cambio climático con la actual estructura económica de sociedad de consumo?

La lógica económica tiene que cambiar. Pero no solamente por el cambio climático, es también un problema de recursos y de sostenibilidad de los sistemas terrestres. Estamos haciendo una huida hacia adelante. Tenemos una década. Nosotros veremos, entre todos, lo que queremos. Al final, todos somos individuos que vivimos en el mismo planeta, ¿no? tengamos una responsabilidad u otra.

¿Cree que el  informe del IPCC será escuchado por la comunidad internacional?

El informe lo que hace es informar. Ahora cada gobierno tiene que encontrar el camino para abarcar esta ambición con sus circunstancias nacionales, porque obviamente el portafolio que da el informe es un portafolio más o menos global, pero no todos los países tienen la misma importancia en los mismos sectores. Ahí es dónde está el esfuerzo del trabajo conjunto entre lo que serían los gestores, los gobiernos, la ciudadanía y los científicos, en encontrar los mejores portafolios lo más rápidamente posible para incrementar medidas adecuadas para cada contexto, para poder llegar a esta acción.

En la conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Katowice de este diciembre tienen que establecer las reglas concretas del juego para la interpretación de los Acuerdos de París, es decir, el Libro de Ruta. Acordaron que iban a reducir voluntariamente en los Acuerdos de París, pero ahora necesitan una serie de reglas, como ocurrió con el Protocolo de Kioto. Luego, la idea es que sigan lo que acordaron: que cada 5 años presenten unas reducciones para los siguientes 5 años más ambiciosas que las anteriores. Y que todo esto sea transparente de manera que se pueda constatar que se está haciendo.

¿Qué podemos hacer como ciudadanos?

El ciudadano tiene que poner de su parte para evitar el despilfarro energético. Eso no lo hace el gobierno, eso lo hacemos entre todos. También está en manos de los ciudadanos el uso del transporte racional. Está claro que los gobiernos deberían adoptar medidas que facilitaran que el ciudadano pueda optar por soluciones muchísimo más sostenibles: en el transporte, en la energía, en la alimentación,… Pero si yo tengo una ciudadanía que me sigue demandando ese tipo de productos o que despilfarra la energía, la oferta por parte del sector privado va a estar ahí.

Es un esfuerzo conjunto. Nosotros también elegimos a aquellos que nos gobiernan, ¿no? Tenemos la opción de optar por soluciones más sostenibles para nuestra sociedad. Creo que en la lucha contra el cambio climático no hay cabida para dejar a nadie al margen.

¿Qué expectativas tiene de futuro? ¿Es usted optimista o pesimista?

Tenemos la obligación de ser optimistas. Siendo pesimistas retardaremos los cambios que hay que tomar.