Giovanni Patrocinio Guida Piqueras (arquitecto) * Publicado en sinpermiso  05/09/2018

 

Primera parte. Algunas percepciones incompletas sobre la felicidad

Como cada tarde, los cuatro jubilados juegan, beben y discuten como si les quedaran dos días para solucionar el mundo. Cualquier bar es válido mientras tenga una mesa limpia y estable, donde apoyar ya sea el café, la cerveza o cualquier cosa que picar, pero sobre todo, debe cumplir el mínimo como para servir de cancha de dominó, donde viene incluido todo el ruido del mundo, un baño cercano y ninguna mirada que obligue al disimulo.

Manolo, economista de profesión, suele calcular alguna que otra probabilidad que disfraza de fortuna, lo que le lleva a dominar el juego. A Virgilio nunca le interesó ganar en nada, obsesionado con la sociología su aspiración es comprender y criticar, y se pasa la tarde intentando interpretar al economista y sus argumentos, algo que realmente le supera. El cuarteto lo cierran Cristian y Paca, menos motivados ante la perspectiva de enzarzarse en cualquier discusión banal, siempre han sido por así decirlo más de rutina y cerveza, de dejarse llevar por la vida, a excepción del fútbol para él o el funcionamiento interno de cualquier cosa para ella, deformación profesional de ingeniera y locutor de radio, supongo.

—¡Ya estamos como siempre Manu! Macho, ¿cuántas veces quieres que te repita que no vas nunca a tener razón escupiendo esas verdades que piensas incuestionables? Alardeas de científico y parece que se te olvida que la ciencia por definición deviene de razones y críticas, de que todo sea una y otra vez evaluable —dice Virgi, calentando motores.

—Cuidado con ese tonito. Es la economía tan científica al menos como la matemática, y nunca te veré cuestionando una suma. Dos y dos son cuatro, y el mercado establece los precios a partir de las necesidades y preferencias de unas gentes perfectamente informadas y una producción en competencia. ¿Me vas a decir que no estoy en lo cierto? —contesta Manolo mientras cierra otra partida y levanta la mano mirando de reojo al camarero.

—Estoy cansado de decirte que al encadenar afirmaciones obviamente que vas a llegar a un argumento, que cualquier deducción en la que enganches argumentos puede servirte de teoría. Es esto realmente incuestionable, como lo es que con ello no añades ninguna información que no sepamos todos de antemano. Pero que sepas deducir correctamente no implica que ello te lleve a la verdad. Tu teoría siempre va a ser contingente, y no intentes aprovechar la componente de las ciencias exactas ya que sabes de sobra que no necesitan corresponderse con la realidad, pero tu economía sí —tras una pequeña pausa donde Virgi busca el asentimiento de alguien, continúa—. Hablamos de ciencias que buscan explicar la realidad, donde en nada se diferencia esa economía incuestionable de la que presumes, de la biología o la sociología.

—¡Acabáramos! La sociología no sirve para nada. La mayoría de investigaciones no tienen una aplicación. La ciencia debe siempre tener un sentido práctico, ¿no? —dice Manolo mientras alienta a Paca para que le dé la razón.

—A ver —arranca Paca—, ahí creo que estamos de acuerdo con Manu —mientras habla su esposa, Cristian asiente—. ¿Para qué sirve el conocimiento que no sirve para nada? No me parecería bien que se invirtiera dinero público en campos como la filosofía, por ejemplo. Esto debe quedar tanto a la iniciativa privada como para fines académicos vanidosos.

Mientras hablan, Virgi termina su cerveza y reparte una nueva mano, con media sonrisa de satisfacción. Ya los tiene donde quería. Piensa en explicar a sus compañeros cosas que ha leído por ahí, como que las tautologías son ciertas de antemano, o que las creencias aspiran a ser ciertas, informativas y justificadas. Debate empezar de cero, y contar a sus amigos lo que es saber algo, y lo que es saberlo científicamente, pero decide ir al grano y destapar directamente su mejor argumento.

—¿Cómo crees, Paca, que puede conocerse lo que no se conoce, si no es mediante esa ciencia autotélica a la que tanto criticas? —tras dejar algunos segundos de silencio, en los que resuena al fondo la típica telenovela de media tarde acompañada por el burbujeo de la máquina de café, decide contestar él mismo a su pregunta—. La innovación solo puede conseguirse ahondando en lo desconocido, abriendo camino donde hay maleza, y eso puede solamente realizarse a partir de lo que se supone no instrumental de origen.

Como siempre, los argumentos de Virgi rápidamente conforman a la pareja y enrabian a Manolo, que decide volver a centrarse en el juego para aplacar su derrota dialéctica, esperando cambiar de tema en cuanto tenga la oportunidad. Cuando por fin el camarero trae la segunda ronda, deja un platito con quicos para acompañar, ante lo que Manolo protesta enérgicamente.

—¡Marco! Sabes perfectamente cuál es mi orden de preferencia con respecto a los frutos secos. Te lo digo todos los días, los quicos solo me gustarían en el caso de que no te quedaran altramuces, pipas, cacaos y lacasitos, por ese orden. Niño, es tan fácil acontentar a los demás, que empiezo a pensar que quieres amargarme la vida.

Al joven camarero ciertamente le confunden las extrañas preferencias del viejo, y piensa que su ambición es fastidiarle, ya que concibe imposible que tenga una ordenación tan estricta con respecto a una tapa, que lo mismo da. Pero como los otros viejos no le defienden, al contrario, asumen los argumentos de Manolo como si estos fueran realmente certeros, retira el platito intentando recordar el orden que todos los días le repite y que nunca satisface.

Tras ello la partida continúa en silencio. El economista es demasiado terco como para pensar que sus estúpidas ordenaciones y preferencias carecen de sentido, pero Virgi nunca se da por vencido en su empeño de moldear su testarudez, arguyendo sensatos y certeros argumentos que siempre dan que pensar a Manolo, aunque éste no lo reconozca.

—Manu, ¿realmente te amarga la tarde comer una u otra cosa? Esto me ha dado que pensar, y si me permites te preguntaré, ¿qué es pues para ti la felicidad? ¿Un estado donde tengas el sumatorio de las mejores de tus preferencias o algo así? —Lo pretencioso y controvertido de la pregunta, junto con la obvia intención oculta que conlleva, hace que el resto calle y piense. Como Manolo parece enfrascado en la mano de dominó, aunque no lo esté, será Paca la que aventura una primera apreciación al respecto.

—Mira Virgi, no sabría definirte un concepto tan subjetivo. Ya sabes que mi Cris y yo nos regimos por lo que se puede describir, y para ello debe ser observable y cuantificable. Una cosa sí que es cierta, como cualquier cuestión de existir, lo hace externamente. Por tanto la felicidad debería ser en cierto sentido un concepto inalterable por los propios individuos, que solo podemos analizarla intentando entender su correspondencia con la realidad que le es aneja. Para ello basta con hacer un listado de todo lo que para nosotros sea entendido por felicidad, y si realmente es exhaustivo debería recogerla —mientras habla, Cristian la interrumpe con la confianza que se tiene en pareja.

—Paca, describir dicha realidad social a partir de ese listado se deviene realmente complicado, y por ello yo me conformaría con establecer las condiciones necesarias y suficientes para conseguir lo que se entiende como ser feliz, con lo que lograríamos una explicación más comprimida de la misma realidad, e igualmente válida.

—¿Coincides pues, con ella, en que es una realidad ajena en cierto sentido a la voluntad del individuo? —decide preguntar Virgi, así de improviso y de manera premeditada.

—Claro, claro —contesta Cristian—, esto no puede ser de otro modo. No empieces con tus relativismos y realidades contextuales que no vienen al caso. Has preguntado por la felicidad y debe contestarse a la pregunta a partir de la idea universal de felicidad —a Manolo le gusta especialmente eso de universal, y acompaña con un sonoro “sí señor” la intervención—. Si ahora vienes con tus argumentos postmodernos de que cada cual entiende dicha realidad como mejor le conviene, mejor cambiamos de tema.

—Debo meterme en este sentido —Manolo decide intervenir, complacido pero queriendo llevarse la gloria. Se arriesgará solidarizándose con Virgi para ello, puede que en lo único que tienen en común—. No es posible conocer la realidad de manera independiente al hombre, y menos una realidad construida por él mismo, como es la felicidad. Los significados condicionan la comprensión de este mundo y por tanto, cabe pensar que el concepto de felicidad tiene cierta componente necesaria contextual. Otra cosa es pensar que ésta es social, nada más lejos de la verdad a mi juicio. Lo interesante sería estudiarla a partir de los individuos y de forma aislada. Así podríamos retomar la buena iniciativa de Paca y conseguir una definición intensional de la misma, que no sería más que la suma de todos. Vamos, de nuevo como ocurre en la economía con la fijación de cualquier precio.

Entre la pareja empiezan los cuchicheos, y tras un par de jugadas a la partida, Paca rompe de nuevo y habla por los dos.

—Valiente tontería es esa de que se debe estudiar a partir de los individuos de manera aislada. Lo que yo quería decir es todo lo contrario. La realidad está ahí fuera, así que lo correcto es tomarla como social e integral. El listado al que yo me refería era a partir de las diversas sociedades, viendo los significados aceptados por cada una, tanto hoy como a lo largo de la historia, podremos realmente ser exhaustivos y conseguir dicho empeño. De manera individual no tiene ningún sentido, ¿desde cuándo tienen sentido las identidades particulares dentro de un sistema que las conforma para sí?

Virgi esboza la misma sonrisita, ya ha hecho caer a Paca en la trampa, y con ella cae su marido. Con Manolo lo tiene más complicado pero oliendo la sangre decide asestarles un buen golpe a ambos, y ya se encarará con el otro más tarde.

—Paca, ¿qué sentido tiene que existan diversas concepciones de felicidad dependiendo del momento de la historia o de la sociedad en la que busques, si acabas de decir que esta realidad es ajena al hombre y como tal, este solo puede observarla desde fuera?

Tras esto, el silencio se demora algunos minutos, en los que Paca piensa la mejor manera de achicar agua para no hundirse con el barco. La única solución que le encuentra es sacrificar a su marido para ello.

—Tampoco te creas, querido, que mi posición es tan extrema como ha parecido. Cada sistema tiene una función que se desenvuelve a partir de sus partes. La existencia de la felicidad por tanto deviene de una función, como no puede ser de otro modo, por lo que la causa de su realidad es esta misma. A mi juicio es un mecanismo estructural para dotar de sostenibilidad la propia vida del individuo dentro del todo. Como este no tiene autonomía, el sistema crea la felicidad para compensar esta falta de libertad. Por tanto la idea de felicidad es la misma en todos los sistemas y responde a esta misma función, aunque se manifieste con ciertas desviaciones dependiendo de uno u otro, y de su tiempo histórico. Tienes toda la razón, sería más conveniente determinar el significado de felicidad a partir de la función que esta desempeña, y para ello habría que estudiar todas las concepciones de la misma dependiendo del momento y de la sociedad para determinar su funcionalidad latente, que lógicamente es común —coge aire, sabiendo de lo circular de su argumento, y decide subir a la palestra a su marido confiando que así Virgi no desmonte su explicación.

—No me metas en el mismo saco que a este, ya que mi perspectiva no es tan naturalista (no, que va), soy consciente de que la felicidad cumple una función y de ahí su significado, lo que nunca diría es que es un comportamiento condicionado a partir de un estímulo externo, siendo este diferente dependiendo del contexto…

—Pues ahí está la mejor explicación a la causa de la felicidad —interrumpe como era de esperar, Cristian—. No hay mejor modo de entender la causa de las cosas que analizarlas a partir de su componente como respuesta a un estímulo externo. Además es de todos sabido que cuando esta respuesta es reforzada socialmente por los que consideras tus iguales, se estabiliza esta causalidad. Así funciona nuestra educación básicamente, la vida es como el fútbol, con un buen entrenamiento eres capaz de llegar a donde te propongas. Por tanto, la felicidad claro que es una respuesta ante el constante estímulo que supone el tedio o monotonía de nuestro día a día, y claro que es diferente dependiendo del contexto. ¿Cómo quieres que tu definición de sistema sea la misma en todas las sociedades?

—Pues claro que lo es, el sistema determina la mejor estructura social cuyos componentes son los mismos. Que en cada uno haya alteraciones en cuanto a mayor o menor población, un sistema productivo u otro, jerarquías de poder distintas o una cultura más o menos religiosa, por ejemplo, nada tiene que ver con que la felicidad la define la misma función —el tono de Paca es suficiente para que su marido no vuelva a intervenir en un buen rato.

Mientras el camarero deja en la mesa los dichosos altramuces, Virgi se plantea la mejor manera para incentivar a Manolo y meterlo en la discusión, así que decide dar uno de sus monólogos, con la intención de que esta vez sea de final concreto y cercano.

 

Segunda Parte. La felicidad para Virgilio

—Retomando vuestro discurso, en mi caso os voy a intentar explicar lo que para mí debiera entenderse como felicidad, y lo haré en términos intensionales, algo en lo que concuerdo con Cristian. Creo realmente que es la mejor manera para definir este tipo de cuestiones, en lo que estaremos de acuerdo, socioculturales. Como ya imagináis, lo haré a partir de la perspectiva a la que acostumbro, donde la explicación causal no es lo más importante —algo que dice increpando directamente a Paca y Cris, consiguiendo que este baje levemente la mirada mientras que ella refunfuña—, ya que indiferentemente de dicha causa lo que busco es comprender la realidad y hacer en cierto sentido, inteligible la acción humana. Como veréis, no es mi intención describir una noción tan intencional, relacional y a la vez tan personal. Una cuestión social que al mismo tiempo es también fruto de la pura cognición humana, no debe entenderse a partir de una secuencia o enumeración, ni puede lograrse, por así decirlo, obtener su correspondencia con la realidad, sino más bien, buscar su coherencia o sentido cultural de verdad, socialmente aceptada. No estará tampoco exenta por ello de cierto carácter normativo, ya que a partir de mi comprensión busco, más que saber con exactitud lo que es, comprender lo que debería ser, y así poder aplicarlo, consciente de que la pretensión de alcanzar una cadena causal determinista para esta cuestión, es totalmente inútil y ciertamente fascista. Por tanto no va a ser ni la única ni la mejor de las definiciones, ya que por así decirlo se asienta en ciertas condiciones suficientes pero no estrictamente necesarias para ser feliz. Se acepta pues la condicionalidad de las mismas, aunque empezaré por el argumento en este sentido, más necesario y universal. Espero podáis perdonar mis contradicciones cuando veáis de manera global la totalidad de la narrativa —Virgi sabe que no es buena estratagema agujerear su propia bolsa de viaje, pero de nuevo, cabe señalar que su aspiración nunca fue ganar en nada, por lo que levanta la mano exigiendo otra cerveza y continúa prometiéndose dejar de discutir consigo mismo, o que al menos, no se le note en su discurso.

—Como sabéis, me gusta adecuar mis explicaciones a vuestro criterio, que aun siendo extremo en su planteamiento no carece de cierta validez argumental. Como la vida no va de blanco o negro, tomaré muchas de vuestras concepciones que adquirirán todavía más fuerza al poder complementarlas con otras —mira a su pequeño público, se relame y disfruta de este nuevo giro autoritario que acaba de conseguir para comenzar con la película.

—Al igual que nos han hecho creer que la propiedad privada ha imperado en todas las sociedades históricas, también pensamos que la dinámica neoliberal actual nos ayuda a ser más solitarios. Se empuja al individuo a estar solo, pero al mismo tiempo, esa maquinaria que cautiva a Paca —guiño, risa, seguimos—, tatúa en su imaginario un miedo atroz a la soledad. Para alcanzar el bienestar es necesario, pues, evitar esa tensión o dualidad, asumiendo la componente solitaria como algo inalienable de la que ni huir ni lamentarse, y mucho menos confeccionar la vida para evitarla. Con ello no debéis caer en el absurdo entendimiento de la concepción del hombre como algo autónomo y solitario, nada más lejos de la realidad. No se debe estar solo, pero para estar bien con los demás tienes que saber estar bien contigo mismo. Suena a libro de autoayuda, psicología barata y pastillas para dormir, pero será de todo mi discurso lo único que tomo como una pretensión universalizadora, así que espero no me la tengáis demasiado en cuenta —ya estamos de nuevo, vamos que tú puedes.

—Es fácil y coherente deducir esta cuestión señalada anteriormente, y por tanto será tan necesaria para estar bien como lo es tener una cierta estabilidad o limitación para con el sufrimiento externo, donde se dan por supuestos un mínimo de bienes, sin entrar a juzgar aquí la procedencia de los mismos; para asegurar alojamiento y comida básicos, además de gozar de una salud suficiente como para desarrollar una vida normal. Ser consciente de tu componente individual es por tanto clave y se toma aquí como básico para gozar de cierta salud mental, y al menos, evitar esos argumentos falaces que intentan explicar la componente humana desde la sugestión estructural —como lo dice así, con palabras raras, la pareja tarda en percatarse de que acaba de recibir otro dardo, pero prefieren mantener silencio sabiendo que el viejo Virgi pierde fácilmente un hilo que, de enredarse, no tiene final a la vista. En cambio, Manolo no soporta callado y decide complementar a su colega.

—Claro que sí. Nadie en su sano juicio cimentaría la felicidad en la relación con los demás. ¿Cómo vas a entender la identidad de cada cual a partir del estudio colectivo? Que ya somos mayorcitos, y ese cuento determinista no cuela —ahora será Cristian el que le interrumpe visiblemente acalorado, algo extraño en él.

—No te pases Manu. Todo comportamiento viene condicionado por una causa externa, y lo sabes. Con un discurso interpretacionista como el tuyo nunca vas a poder darle una explicación contrastada o empírica a la cuestión, ya que la explicación a la causa se te escapa de las manos. La felicidad como tal, deriva directamente del proceso de sociabilización y éste es totalmente contextual o relacional. A ti te han dicho que al marcar gol debes celebrarlo y ponerte feliz ya que has conseguido tu meta, y en la vida real pasa exactamente lo mismo.

—No lo creo —replica Manu—, cada cual a partir de sus deseos y creencias decide actuar, y son estas cuestiones las que ordenan la vida. Cada goleador se alegra por sus propias razones, las cuales nadie conoce mejor que él mismo. Así funcionamos en sociedad, ordenando y priorizando acciones en función de nuestras preferencias, confeccionando un marco normativo en el que nos movemos dependiendo de lo que pensamos debe ser lo mejor. Es pura economía y elección racional, no me lo puedes negar.

—Me niego a pensar que de algún modo nuestros deseos y creencias nos impulsan de manera teleológica hacia una acción —contesta Cristian—. Es imposible que alguien pueda funcionar en su día a día como si fuera una máquina estadística de preferencias y ordenaciones. Vamos Manu, que tampoco te gustan tanto los altramuces —mientras vacila a su compañero, señala el platito traído por el camarero confundido y que todavía nadie ha tocado, consiguiendo así aplacar al economista, que bebe a sorbos mientras murmura.

—Chicos, chicos, no os pongáis en posiciones tan extremas —apacigua Virgi, comprensivo como siempre—. Ni blanco, ni negro, sabéis de sobra que ambos tenéis razón y os lo demostraré. En ciencias sociales distinguimos entre la conducta, que existe sin representación interna de la acción, y la propia acción humana, ciertamente intencional. Las dos funcionan a la vez, como no puede ser de otro modo, y la única discusión posible es en qué grado o porcentaje impera una sobre la otra. Sabemos bien que no todas nuestras acciones devienen del proceso de sociabilización. Este es muy potente, y obviamente que el contexto conforma nuestra forma de actuar y de pensar, pero Cristian, nunca podrás pretender explicar cualquier conducta ya que no somos seres contextuales al cien por cien. La cognición humana también pide su papel en la obra de la vida, cómo explicar de nuevo sino la innovación o el cambio. No caigas en relativismos, ya que si la verdad es contextual, la felicidad sería relativa a cada contexto, y por tanto no podría definirse —orgulloso de su discurso, se toma una pausa mira a Manolo y continúa—. Ahora tú, tozudo calculador. Sabes de sobra que la teoría de la acción racional que tanto defiendes hace aguas. No puedes definir independientemente la acción de los deseos o de las creencias, como sí podría hacer un físico con sus variables, ya que toman sentido en relación con el otro concepto, por lo que no pretendas hacer teoría causal a partir de las mismas porque no se sostiene. No todo ocurre por un fin determinado ni somos racionales en acción y meta. El contexto nos está constantemente moldeando y además, no me vengas con una explicación racional que sostendría el argumento de que tenemos nariz para sostener las gafas. En conclusión nuestra racionalidad es limitada y el contexto importa, y mucho, pero no es capaz de explicar la totalidad de nuestros actos.

Orgulloso, Virgi se recuesta en la silla y desvía la atención a la telenovela mientras el resto amaga con tomar la palabra sin saber muy bien cómo. Al mismo tiempo, desde la barra, un afable borracho de media tarde, solitario como no puede ser de otro modo, no se pierde detalle de la conversación, y se sonríe recordando épocas mejores en las que habría podido incluso intervenir.

Mientras Marco deja nuevas y frescas cervezas en la mesa desordenada, donde el juego ha pasado a segundo plano y hay incluso alguna muestra de sencilla arquitectura en fichas de dominó, Virgi se dispone a continuar su narrativa.

—Aceptando hasta aquí, entremos en materia. Cuatro deberían ser las patas de la mesa de la felicidad. Pudieran cimentar la propia felicidad, pero es este un término demasiado subjetivo como para generalizarlo, por lo que asegurando el bienestar, que cada uno sea tan feliz como crea conveniente. Para empezar, se debe obtener la realización emocional, lo que al modo romántico podría llamarse amor. No sirve comprarlo, hay que trabajarlo y mantenerlo. No se puede buscar, ya que más bien tiende a aparecer, pero son ciertos trenes que cuando pasan más vale estar atento a cogerlos. La manera más sencilla es potenciar la familia, tanto ascendente como descendente, pero no la única. Se puede conseguir la realización emocional viviendo con una mascota y con un buen círculo de amigos íntimos, pero nunca podrás ser feliz en este aspecto en una isla desierta. Algunos evitan el amor, argumentando protegerse así del dolor a la pérdida. Están muy equivocados, ya que los altibajos son necesarios para cimentar unas emociones fuertes y estables.

»Del mismo modo, se debe encontrar la realización profesional —continúa—. No se obtiene en función de un sueldo o de las superfluas cuestiones materiales que compras con él. Hubo una vez que las gentes se creyeron la idea de que nadie con un yate lleno de prostitutas puede ser infeliz, pero no hay nada más lejos de la realidad. Se vende la idea de felicidad como uno más de los espejismos comprables dentro del mercado. Una concepción de felicidad ligada a la apariencia social y que se sustenta bajo el ideal de que ser mejor que el resto es tener más. Están muy equivocados, se trata de encontrar la labor donde se combinen las cualidades personales con la realización social en el desempeño de las mismas. Ningún trabajo debe ser tomado como ajeno a la realidad social, es necesario que de algún modo participe del devenir colectivo, en el cual mediante tu granito de arena, puedas colaborar en un objetivo global, sin importar quizá el desconocimiento del mismo. Ante la obsolescencia de la mano de obra tradicional, el sistema opta por soluciones como la renta básica universal para mantener su dinamismo. No entraré en ello porque me parece indiferente para el presente relato, ya que la realización profesional tiene que estar desvinculada del poder salarial, hasta el punto de que con una renta asegurada, siguieras desempeñando tu labor, y esa es la clave para entender este segundo punto.

La buena oratoria de Virgi mantiene a todos pendientes, la cerveza baja y el discurso sigue.

—Como veis, las variables de la felicidad que estoy describiendo son bastante relacionales. Van a ser producto de la historia y el contexto, y particulares para cada cual por ello. Nos permitirán aventurarnos en inducciones y hacer prospecciones del tipo: “Aquel tenía una familia y un trabajo y era feliz, por lo que si consigues lo mismo también lo serás”. Por un lado he empezado ensalzando la componente más individual, racional y universal de la cuestión, para ahora centrarme en el contexto y la importancia relacional del asunto. Como veis, de esto se trata, de complementar ambas facetas—. Le interrumpe entonces Paca, visiblemente cansada de las anotaciones a pie de página y pidiendo que continúe con las patas de la mesa de la felicidad comentadas, las perogrulladas al final, por favor.

—Vale, vale. La tercera pata, pues, es la realización cultural. Si, como yo, desempeñas la labor académica, quizá la fortuna conceda la anterior y ésta de manera simbiótica, pero no ocurre en la mayoría de los casos. Es obligatoria la cultura para poder alcanzar el bienestar, no se puede dejar de aprender jamás. Una de las civilizaciones más sorprendentes de la historia, el imperio Inca, basaba su bienestar precisamente en esta componente. Por algo Machu Picchu era el centro neurálgico del que brotaban todos los caminos del imperio, el kilómetro cero, y se trataba de una universidad. Eran conscientes de que el deseo material es la fuente de la infelicidad, y su moral predicaba la preferencia a necesitar poco, más que a tener mucho. No en vano es considerada, junto con los egipcios, la civilización de mayor felicidad de la historia. El ansia cultural debe ser infinita, y se debe estudiar como si nunca fueras a morir. Solo mediante una estabilidad cultural puede apreciarse amor y profesión, y es clave para la relación con los demás y con el entorno ambiental. No es necesario que dicho estudio sea complejo ni de un nivel académico, lo importante es la intención y motivación por aprender, la necesidad de continuamente perfeccionar así tu conocimiento de la realidad te lleva a ser más feliz en la relación con la misma.

»Y para terminar, no por ello implica que sea menos importante, tratar la estabilidad espiritual. Ya puede ser religiosa, atea, agnóstica o que siga cualquier tipo de dogma, pero se debe alcanzar cierta sintonía energética con aquello que no conoces, para que ello no logre abrumar tu mente. La conciencia en la dualidad de la vida, ciertas coincidencias, casualidades, y demás conocimientos derivados de supersticiones o simplemente limitaciones de la razón humana, deben responder a algún tipo de argumentación personal para poder lograr la estabilidad y el bienestar. También la certeza de la imposibilidad metafísica y no creer en nada más allá, es una respuesta tan válida como cualquier otra.

»A partir de aquí, la clave es lograr la estabilidad en la combinación de las cuatro patas, sin la cual la mesa carece de sentido, algo que aparenta mayor complejidad de la que realmente tiene. Es la clave para destapar por ejemplo que toda la dinámica consumista generalizada no es más que una farsa en cuanto a su pretensión de felicidad, y superar la asunción de que no hay otra alternativa que seguir en la rueda. Es importante atender, pues, a sendas facetas, además de la componente más estructural de la misma, la relación personal con su entorno. Al fin y al cabo, pienso que lo más importante para la vida es nuestra naturaleza relacional indiscutible, tanto social como con el medio, pero no por ello debo desestimar los aspectos más cognitivos latentes en la misma.

De improviso, el tipo de la barra se gira y de una manera un tanto graciosa propia de su estado de embriaguez, pide amablemente la palabra. Los cuatro viejos se miran recelosos de que su conversación haya trascendido de los límites de la mesa, pero Virgi no puede evitar sentirse medio halagado medio intrigado, e incita a hablar al borracho con un sutil gesto con la testa.

—No quisiera en ningún caso contradecir la magistral descripción del compañero —comienza el afable borrachín—, pero sí me gustaría en cierto sentido complementar su discurso con un poco de filosofía. Iré al grano, no creo que se deba tratar a la felicidad en sí misma como un hecho independiente. Para empezar, los juicios previos que tenemos las personas deforman tanto lo que pensamos como neutral como lo seleccionado como objeto de estudio. Son los valores escondidos tras la acción humana, ciertamente sociales y aprehendidos de manera particular, los que conforman los conceptos que enmarcan la realidad empírica. Por tanto, a la componente nomológico-deductiva  que determina conceptos como los que le gustan al compañero economista y que explicarían la felicidad desde un punto de vista de la agencia, y añadiendo la evidente componente relacional, excelentemente explicada por el comprensivo narrador en sus cuatro patas de la felicidad, se debería añadir, a mi juicio, o al menos comentar, que dicho concepto además no puede existir independientemente, sino que está intrínsecamente conectado con el sistema de valores imperante.

Parece que la cosa se pone interesante, los cuatro permanecen callados ante la buena coherencia del tipo, que prosigue como sigue.

—Dentro de las ciencias que buscan explicar la realidad existen dos metodologías para su investigación y desarrollo. El propio de las ciencias naturales, de abstracción generalizadora, y el de las históricas o sociales, individualizador. El primero permite formular leyes universales, pero el segundo solamente favorece a crear nexos entre acontecimientos y fenómenos singulares con los valores o moralidad del momento, ciertamente siendo estos ideales siguiendo el tipo platónico, y dependientes por tanto de la libertad del hombre en cada caso. Ahora bien, aun considerando excelente la explicación dada, la felicidad entraría dentro de este segundo tipo, y por tanto la misma sería pertinente en la sociedad que conoces con los valores que conoces, ya que es ciertamente imposible definir la felicidad a nivel, por así decirlo, genérico. Dichos valores, por lo tanto, no son algo menor, y a mi juicio pueden ser la solución a esa encrucijada que durante gran parte del relato parecía tener un poco confundido al amigo Virgi —se toma la confianza incluso de bromear—, entre lo concreto y lo universal, lo individual y lo holístico, o lo agencial frente a lo contextual.

Giovanni Patrocinio Guida Piqueras. Es arquitecto y sociólogo. Cursa el máster de Sociología, Transformaciones Sociales e Innovación, en la Universidad de Barcelona. Con la financiación de la beca Francesc Santacana, desarrolla un proyecto de evaluación sobre modelos de acceso a la vivienda para personas vulnerables, incluido en el Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona.