Lugares Emblemáticos

 

Si llegas hasta la Puerta de Brandenburgo, nadie sospecha que has llegado hasta allí sin saber en qué ciudad estás y, por lo tanto, no se han tomado la molestia de poner un cartelón que te diga “BERLÍN”.

 

Los que se asoman, desde las distintas alturas de la Torre Eiffel, no ven ningún aparatoso cartel que les recuerde que están en “PARÍS”.

 

Hubiera sido muy fácil y vistoso poner un arco a la entrada de la Plaza de san Pedro que advirtiera al turista desorientado, que siempre hay alguno, que estaba en el territorio del “VATICANO”.

 

Parece ser que cuando un visitante llega a lugares tan emblemáticos ya suele saber el nombre de la ciudad que visita y no hace falta recordárselo con carteles desaforados.

 

Esos logotipos suelen ser más útiles, más adecuados y más de agradecer en la entrada de las ciudades. Son aparatos que florecen, sobre todo, en las rotondas de entrada desde las que aún no se divisa la ciudad, o, por el contrario, en márgenes estratégicos, y autorizados, de carreteras de acceso desde donde se ve ya la ciudad.

La colocación de ese redundante cartel de “ÁVILA” en Los Cuatro Postes no deja de ser un estorbo que no aporta información, pero al que se encaramarán los turistas para hacerse la foto en lo alto de la tilde o asomándose por la “l” o por la “a” según edad, altura y soltura.

 

Va a ser espectacular (y un poco paleto) y un mal ejemplo para el resto del mundo (o un poco menos), por no hablar del innecesario gasto que pagaremos los abulenses.