Por Raquel Cabrero.

Hace tiempo que estoy convencida de que la sostenibilidad es necesaria en nuestras vidas. Sostenibilidad ambiental en cuanto a ser más respetuosos con el entorno que nos rodea, y también sostenibilidad personal, generando hábitos que nos hagan ser más felices.

Quiero compartir con vosotros una reflexión que plantea un cambio de paradigma. ¿Cuántas personas pueden vivir en el planeta Tierra? La cifra está creciendo a ritmo exponencial. Hoy en día somos casi 7.400 millones de personas (si quieres saber el dato exacto y en tiempo real puedes pinchar aquí), prácticamente el doble que en los años 70. Vamos camino de alcanzar los 9.000 millones a mitad del siglo XXI y los 12.000 millones a finales.

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Entonces, teniendo en cuenta que todas las personas necesitamos la misma cantidad de recursos básicos para vivir (agua, alimento, aire puro y combustible), ¿cuántas personas puede sustentar el planeta? Pues todo depende de la medida en la que consumamos, me explico:

Si el ritmo de consumo lo marca un ciudadano medio de la India, la Tierra podría sustentar a una población máxima de 15.000 millones.

Si el ritmo de consumo lo marca un ciudadano medio estadounidense (que parece ser la tendencia más real hacia la que nos dirigimos actualmente), la Tierra podría sustentar a una población máxima de 1.500 millones.

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Todos los esfuerzos van a cuidar el medio ambiente, ser más respetuosos con el entorno, preservar los recursos naturales,… pero la pregunta es ¿hay que salvar el planeta? Más bien lo contrario, lo que está en peligro no es el planeta, sino nuestra supervivencia en él.

La tierra existe desde hace casi cinco mil millones de años y quedan otros tantos antes de colisionar con el sol. Por lo que sabemos, los seres humanos tal como somos hoy en día surgieron hace menos de doscientos mil años. Si enmarcásemos toda la historia de la Tierra en un solo año, nosotros apareceríamos el 31 de diciembre poco antes de medianoche.

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Es decir, que si no cambiamos nuestro paradigma de vida (hábitos de consumo, explotación de recursos naturales, etc.), estamos dirigiéndonos a nuestra propia extinción.

Para terminar, quería añadir una reflexión del etólogo Konrad Lorenz, quien se dedica al estudio del comportamiento de los animales. Él defiende la agresividad como un ingrediente necesario de la vida (agresividad no significa violencia). Es un mecanismo desarrollado por los animales, que conduce al espaciamiento entre ellos para que no sea tan grande su número que destruya su medio y se destruyan con él.

“Cuando el apiñamiento es demasiado grande a consecuencia de los aumentos bruscos de la población, las acciones recíprocas se intensifican, y la tensión estresante es cada vez mayor. Cuando esta tensión psicológica y emocional se acumula y se va perdiendo la calma, en la química del organismo se producen sutiles pero fuertes cambios. Los nacimientos son menos y las muertes son más, hasta que llega al estado conocido por desplome demográfico. Actualmente suele reconocerse que esos ciclos de acumulación y desplome son normales en los vertebrados de sangre caliente y posiblemente en todos los seres vivos. Al contrario de lo que cree la gente común, la cantidad de alimentación sólo indirectamente interviene en esos ciclos, como demostraron John Christian y V.C. Whyne-Edwards”.