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La maldición del ego del arquitecto

Crítica a la arquitectura posmoderna.

2016-02-01 10:02:56

Publicado por Álvaro Corazón Rural en Jot Down

Una conversación con Juan Diez del Corral

Encontré esta rotonda por casualidad, en Calamocha. Salí de la autovía y ¡toma! No me lo podía creer. Todo acero corten. Y es gigantesca, fíjate en el tamaño del árbol y las torres del tendido eléctrico…

Crecí en su día y envejezco ahora viendo cómo en los pequeños pueblos de mi Castilla han ido brotando mondongos arquitectónicos. Casi como si una abyecta invasión alienígena levantara un palacio para su virrey en cada municipio. Luego los chorongos llegaron a los barrios de Madrid. Empezaron en El Ruedo de la M-30 y se extendieron por toda la ciudad como por mitosis hasta llegar a predominar, los aludidos engendros, en nuevos barrios como los PAU de Vallecas en el sur o los San Chinarro y Las Tablas del norte.

Como en V o en la Invasión de los ultracuerpos, afortunadamente, pronto vi que no estaba solo. Otros humanos también se habían dado cuenta de la amenaza. Pocos, pero organizados en células de resistencia. Los más celebérrimos son los de Satán es mi señor, que dieron un neonombre al adefesio arquitectónico, «el satanazo», también está España bizarra y Nación rotonda pero antes que ellos estaba Juan Diez del Corral haciendo la guerra por su cuenta. He conseguido traérmelo a este humilde blog «Busco en la basura algo mejor».

Arquitecto, Juan firma varios blogs que sigo desde hace años en los que critica con impotencia y desesperación, también con humor, la deriva que ha tomado su profesión especialmente en España durante el último cuarto de siglo. Son textos brillantes para reír o llorar o las dos cosas a la vez. Si quieren vivir la experiencia pueden empezar por el blog Cascotes, seguir por Mira estotro y luego meterse la droga dura del Manual de crítica de la arquitectura, aunque, desgraciadamente, ya no podrán pasarse por el impagable Fea es La Rioja porque tuvo que cerrarlo al público tras recibir amenazas de los amantes de sus pueblos. Y de eso precisamente queremos hablar con él, del porqué de todo este despropósito, de estos orgullos ridículos y tanto delirio. Quedamos en una terraza de avenida de América y lleno la mesa de fotos.

¿Por qué criticas con tanta vehemencia la arquitectura moderna?

Porque lo que llamamos modernidad, es decir, ese corto periodo de la historia del arte posterior a la Primera Guerra Mundial significa sobre todo el relanzamiento de la figura del artista. Nadie como Ernst Jünger ha sabido contar la importancia de ese momento en que todo un mundo había quedado hecho pedazos. Moralmente, me refiero. La destrucción física vendría después, en la Segunda. De entre las ruinas morales de aquellas formas decimonónicas de entender el mundo surgieron un montón de artistas e iluminados cuyas propuestas iban desde el diseño novedoso de una silla hasta la remodelación total de París o la invención de una sociedad de soviets. A grandes rasgos, eso fue la modernidad.

Al acabarse los años veinte, la sociedad reaccionó brutalmente contra las propuestas mayormente abstractas de los artistas modernos, pero tras la hecatombe de la Segunda Guerra Mundial, los postulados modernos de racionalidad, funcionalismo y sus formalismos minimalistas triunfan en la reconstrucción de Europa porque son igualmente útiles a los modos de gran producción capitalista o comunista de la ciudad.

A mediados de los setenta se producen las primeras crisis teóricas de la modernidad pero lo único que entendió la mayoría de los arquitectos de esa crisis es que podían darse a una creación más caprichosa o espectacular. Es el momento de la posmodernidad, la deconstrucción y de la consagración universal de la arquitectura espectáculo. Los arquitectos más honestos prefirieron seguir anclados en los principios modernos antes que caer en tales banalidades, pero el mayor problema de esa coyuntura fue la práctica desaparición de la crítica.

[Leer completo en jotdown.es]

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humor.corto

—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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