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La viga de Ohanes

La enseñanza pública en España siempre fue un problema: desidia, desinterés, demasiado interés en que no existiera, incomprensión, incompetencia, inapetencia, desgana, prejuicios, etc, etc.

2016-02-08 19:16:35

Escuela pública de Muñana (Ávila) en la plaza del pueblo, a comienzos del siglo XX

En los documentos que se acompañan se relata un episodio sobre este asunto a mitad del siglo XVIII.

Parece muy lejano, pero no lo es tanto si lo observamos con frialdad y perspectiva histórica. Los actores son siempre los mismos: maestro, alumnos, instalaciones, poder político.

El marco histórico es importante: comienzo de la educación pública en España en tiempos de Felipe V, cuando se crean las Reales Academias y se centraliza y se programa en cierta medida este asunto de la enseñanza pública, que recurrentemente vuelve a estar de moda. A partir de aquí existe una cierta obligatoriedad de pagar al maestro a través de las cuentas públicas de los ayuntamientos.

La selección de los maestros “independientes”, es decir, por su cualificación técnica, se empieza a realizar en esas fechas (Decreto del Consejo de Castilla de 1719 y Real Cédula de 1749: disciplinas, prerrogativas, exenciones, inspección, etc). Sólo la Hermandad de San Casiano tenía atribuciones (Ordenanzas de 1668,1695, 1705), en el orden “seglar”, para examinar y dotar de título a los aspirantes a maestro.

Precisamente, y en relación al episodio que se adjunta, el patrono de la Hermandad, San Casiano, empezó a enseñar las teorías del cristianismo en época del emperador Constantino (el que hizo el cristianismo religión del Imperio romano), que demolían las creencias “paganas”.

Un día, animados por el pretor de la ciudad (Ímola), fue acribillado por los “estilos” (punzones) de sus alumnos.

De una forma u otra los dos hechos se relacionan: el maestro SIEMPRE tiene la culpa del casi siempre fracaso educativo.

Documento 1

Tengo el honor de poner en su conocimiento la inquietud que me produce ver la viga que media la clase que regento, pues está partida por medio, por lo cual el terrado ha cedido y ha formado una especie de embudo que recoge las aguas de las lluvias y las deja caer a chorro tieso sobre mi mesa de trabajo, mojándome los papeles y haciéndome coger unos dolores reumáticos que no me dejan mantenerme derecho. En fin, señor alcalde, espero de su amabilidad que ponga coto a esto si no quiere que ocurra una desgracia con los niños y con su maestro, este su muy seguro servidor Dios guarde a V Muchos años. Ohanes (firmado y rubricado). Señor alcalde de Ohanes de las Alpuxarras.

Documento 2

Recibo con gran extrañeza el oficio que ha tenido a bien dirigirme y me apresuro a contestarle. Es cosa rara que los Agentes de mi autoridad no me hayan dado cuenta de nada referente a la viga, y es más, pongo en duda que se encuentra en estas condiciones, puesto que según me informa el tío Sarmiento, no hará sesenta años que se puso, y no creo, una vez dadas estas explicaciones que notenío (sic) por qué, paso a decirle que esos no son más que excusas y pretextos para no dar golpe. En cuanto a los papeles que se le mojan y el reuma que se le avecina, puede muy bien guardárselo a aquellos en el cajón o en su casa, y éste yendo a la escuela con una manta. No obstante lo que antecede, enviaré uno de estos días, alguno de mis subordinados que mire lo que hay de eso. Y ojo, que su engaño le estaría estar otros seis años sin cobrar los quinientos reales de su sueldo. Dios guarde a V Muchos años. Ohanes veintiocho de Noviembre de 1734. El alcalde, Bartolomé Zancajo (firmado y rubricado). Señor maestro de primeras letras de la Villa de Ohanes de la Alpujarras.

Documento 3

Tengo el honor de acusar recibo de su atento oficio de ayer donde tiene a bien poner en duda el estado de la viga. Desde mi oficio anterior; seflor alcalde, hace unos ocho meses que pasaron las lluvias del invierno, y yo siempre mirando a la viga, con la inquietud consiguiente: ¿caerá, no caerá?

Y así un día y otro como si en vez de una viga fuere una margarita. Si usted no cree lo que le estoy diciendo puede mandar dos personas peritas, o venir usted mismo dando un paseíto si no le es mucha molestia, que yo no le engaño. Más que darle una idea del estado de mi clase me permito acompañarle un dibujo, tomado del natural, que le dará una estampa real de ella. Y lo del sueldo, no creo que se atreva usted a tocar los quinientos reales, porque ya sabe lo que dice el refrán: “Al cajón ni…”. En fin, señor alcalde, Dios le guarde muchos años los efectos de la viga. Ohanes de las Alpuxarras, a veintinueve de Noviembre de 1734. Partido de Uxíxar; Reino de Granada.

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humor.corto

—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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