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Comiendo abejas

Los insectos llevan años avisándonos de que algo estaba cambiando

2016-02-28 02:27:09

Por Javier González Alonso, 29-II-2016

El cambio climático es un hecho incuestionable y nadie, en su sano juicio, lo pone ya en duda. Cada año que pasa los desbarajustes que causa son más evidentes, o es que cada vez estamos más pendientes de ellos, sea en la floración de las plantas, en el abandono de las migraciones por parte de las aves, o la persistencia de los insectos durante la totalidad del invierno. Es al tiempo atmosférico, los fenómenos meteorológicos que observamos en el día a día, al que primero prestamos atención (nevadas al nivel del mar en Canarias; ausencia de heladas durante casi todo el invierno que llevamos; etc.), si bien hay otros indicadores que, con un poco de atención, se nos muestran nítidamente. Y entre estos “avisos”, los insectos llevan años avisándonos de que algo estaba cambiando, y lo hacían a una velocidad mucho mayor de la que establecían los modelos matemáticos, pero no hemos sabido prestarles la atención necesaria, ya que los estudios entomológicos nunca han sido una prioridad para los estudios a largo plazo.

Quizá sea porque los tenemos como molestos, siempre alrededor de nuestras exhalaciones de anhídrido carbónico, pero son los más valiosos aliados que tenemos como especie. Basta recordar que, y únicamente referido a las abejas, entre las numerosas especies vegetales polinizadas por ellas destacan, por su elevado peso en nuestra economía: los olivos, las uvas, los cítricos y los girasoles. Somos los mayores productores de aceite de oliva del mundo, al igual que de cítricos, y nuestra producción vinícola únicamente es sobrepasada por la francesa. Si a ello sumamos que somos la huerta de Europa, y que nuestras cebollas, tomates, calabazas, calabacines, berenjenas, sandías, melones, pepinos, ajos, ciruelas, fresas, espárragos y un largo etcétera, necesitan de su intervención directa, es entonces, cuando deberíamos ser los primeros en tomar cartas en el asunto, aunque sólo fuera por interés económico, y prestarles la atención que merecen.

Una especie invasora “recién llegada”, adaptada perfectamente a nuestro clima, es el avispón asiático, Vespa velutina nigrithorax, originaria del sureste asiático, detectada por primera vez en Europa, en Burdeos, en 2004, y de la que tenemos constancia en nuestro país desde el 2010, está causando verdaderos estragos en las poblaciones de abeja europea, Apis mellifera, pues se alimenta principalmente de ellas, otros insectos polinizadores y avispas que no sean de su especie. Un solo avispón, en parte por su gran tamaño, puede llegar a matar 40 abejas por minuto, pero, como suelen actuar en grupo, un grupo de 30 avispones, en sólo 3 horas, puede llegar a matar ¡30.000 abejas! Si una colmena posee, de media, en torno a 80.000 abejas, es fácil hacer el cálculo de los estragos que causa en nuestros campos.

Otras especies de abejas, como la abeja melífera asiática, Apis cerana, adaptada a este depredador, posee una estrategia para hacerle frente: los miembros de la colmena se apelotonan para aumentar la temperatura del refugio, hecho que ahuyenta al avispón, muy sensible al calor. Aquí, nuestra proveedora de miel, al no estar adaptada a este depredador, no es capaz de defenderse por sí misma. Pero, no es la muerte directa de abejas, por ser comidas, lo que mayor riesgo entraña, sino el hecho de que el resto de la colmena, por miedo, deja de salir a pecorear, “salir a recoger el néctar de las flores” [http://bit.ly/1R7Mn9f], lo que supone que no recogen polen y no tienen crías. E, insisto, hablamos de una especie que poliniza el 80% de plantas, tanto cultivadas como silvestres, es decir, hablamos de una amenaza directa a nuestra biodiversidad. Ante tal desastre, la solución no parece fácil, pero en Francia ya se han dado cuenta de que los arrendajos, los herrerillos o los pájaros carpinteros no tienen problema en comérselos. Pensemos eso cuando los veamos… o en prepararles cajas nido, para ayudarlos

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