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El documental Maqbara. Una más en la frente de Ávila.

Un artículo de Marina Curiel.

2016-03-10 18:42:27

Marina Curiel

Acude una al estreno del documental Maqbara con mezcla de emoción y tristeza. Emoción porque el solo hecho de que alguien (José Ramón Rebollada, Jota) se siga atreviendo aquí a denunciar estas cosas es símbolo de no nos hemos muerto del todo. Tristeza porque lo que se denuncia es una entrega más de lo que tendría que denunciarse como la serie: Desmanes abulenses. Luego está el cómo sales de la película: emocionada de saber que ha habido y hay gente valiente que se la juega peleando y/o simplemente hablando de ello. Sales abatida también al saber qué y cómo sucedió todo. Más tarde, ya en casa, lo vas meditando todo poco a poco y te queda una amargura en la que la mente no deja de soltarte la frase: ¡Pero en qué sitio vivo, dios mío!

Hay muchos detalles que comentar sobre la película. No cabe duda de que el primero es el mérito de Jota atreviéndose de nuevo a romper los hielos abulenses, mitad responsabilidad de la gente y mitad de quiénes se benefician políticamente de ellos desde hace tanto tiempo. Algunos recordamos a Jota aquellos sábados legendarios leyendo panegíricos en su programa de la SER con verdades que aquí no se había atrevido nadie a decir nunca en público, ni en el fondo ni en la forma y que seguramente estén en el origen de su despido de la SER, por más que sea una cadena que vaya de progresista en lo nacional para serlo menos en lo local, haciendo un buen encaje de bolillos para no perder mercado cercano. Luego fue el documental de la Real Fábrica de Algodón/Harinas y ahora el de la Maqbara. No perdamos nunca la oportunidad de valorar este mérito de Jota dejando para siempre un documento que sirva no solo para la Historia, sino también para reflexionar y mejorar en esta ciudad difícil. Entre todos los méritos que tiene está también el de haber constituido una ceremonia de congregación de la gente que pensamos diferente en esta ciudad, porque a veces hay que ver cuántos y quiénes somos y una demostración de que las cosas que no están bien se cambian con valentía y dando un paso adelante con imaginación.

El segundo detalle es intrínseco al documental: ¿Cómo puede pasar esto hace nada en la tan cacareada “Ciudad de las Tres Culturas”, de la que se habla con pompa en los discursos oficiales o en los eventos? A mi juicio por dos razones: por la en general mortecina y aletargada opinión pública de Avila, fiel reflejo (o un paso más) de nuestra castillayleonidad, siempre sumisa, apocada, temerosa e individualista y por la baja preparación de quienes dirigen y deciden los destinos de la ciudad. Estos harían un buen papel, dada su preparación, en, por ejemplo, una ciudad dormitorio en las que no hay que pensar en otra cosa más que en recalificar suelo para hacerlo urbanizable. Las condiciones de una ciudad como Ávila les ha cogido desde hace mucho tiempo con el paso cambiado. No han entendido nunca que Ávila es más allá de sus murallas (que les representan simbólicamente) y de una Santa Teresa, que bien mirado dicen que les representa, pero ni hablar de eso. No hay más que trasponer el carácter y el historial a este tiempo para advertir que no. La utilizan, pero no les representa realmente. A estos dirigentes les pone y les puede quitar el pueblo. Si no lo hace es porque les gustan, por tanto que no se queje el pueblo de lo que hacen sus dirigentes. Que los juzguen y si salen culpables que actúen en consecuencia en las urnas.

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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