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Una más en la frente de Ávila (conclusión)

Concluye el artículo de Marina Curiel sobre el documental Maqbara.

2016-03-10 18:28:57

Al hilo de estos dirigentes, la tercera sorpresa es el mutis por el foro de los responsables de la decisión con el destino de la Maqbara. Otra entrega más de sus valentías, como en el asunto de la Fábrica de Algodón/Harinas. Tampoco aquí han querido dar la cara explicando los motivos de su “razonable” (imagino) decisión ejecutiva por la que hicieron posible unos de unas formas y otros de otras, que la Maqbara desapareciera a favor de una urbanización (¡qué original!, a favor de una urbanización y un Mercadona). Toman una decisión y luego se esconden de ello, amparados en sus nuevos cargos, en sus nuevos estatus, apelando a la cantinela de que, bueno, eso ya pasó, no hay que ser rencorosos, hay que dejar el pasado, hombre, hay que mirar para adelante, ¡joer!…. Si tuvieron una opinión y estaba tan fundada ¿por qué no la defienden ahora con las mismas razones que tuvieron entonces? Y si hay que rectificar, que lo digan. Pero que no se escondan. De valientes tienen poco, ni de responsables, porque la responsabilidad no termina con la decisión, sigue toda la vida. El único que ha dado la cara es el (tristemente) inolvidable Cubillo, que estuvo al frente del Patrimonio Histórico provincial casi dos décadas (!!!), con esos criterios suyos tan solventes que explica en la película diciendo que, hombre, que si hubiera sido una iglesia románica, un teatro romano o tal que sí, pero un cementerio musulmán, pues que no. No sé qué les parecerá a ustedes pero a mi este Cubillo hace preguntarme si esa forma de arrogarse la responsabilidad de la reconversión de la Maqbara en urbanización no será una forma de decir a quien deba escucharle que cumplió como debía y se esperaba de él. No me caben más hipótesis, porque la de que era una persona no preparada para estar al frente del Patrimonio Histórico, esa ni siquiera es hipótesis. Es curioso (o no) lo de este personaje, que se ha demostrado tóxico al frente del Patrimonio abulense (¿quién le puso ahí?, ¿quién le mantuvo tanto tiempo?, eh?), metido siempre en los peores charcos (Fábrica de Harinas, Presbiterio, Maqbara…). Hace poco nos sorprendía con una enconada denuncia en el Diario de Ávila por el abandono del pobre convento de las Gordillas. Él, que como jefe del Patrimonio pudo haber hecho algo (¡algo, solo algo, un poco siquiera!) en las casi dos décadas al frente de la posibilidad de hacerlo. No sabemos si quería lavar su imagen, aquella que, recordemos, más de 200 abulenses y cercanos a lo abulense sancionaron con un manifiesto (¡un hito histórico para Ávila!, una verdadera sentencia social), la gestión de quien nunca tuvo que haber estado al frente de lo que estuvo y menos tanto tiempo.

Otro detalle de la película, este colateral, es la ausencia de noticas al respecto en el Diario de Ávila. Solo una artículo de opinión, días después, de Begoña Ruiz. Ni una otra noticia, ni de antes ni de después. Me imagino que eso es ser coherente con los principios que defendieron en su día. Todo va casando en el discurso cognitivo del asunto. También aquello que denunció Jota cuando se disponía a empezar con la película: la negativa, con argumentos imposibles puestos por escrito por el Jefe del Servicio de Cultura, a dejarle ver el expediente administrativo (¡que es público, jolín, que no es de este señor!). Cuenta Jota que tras su denuncia pública, se le llamó y todo fueron facilidades (!!!), es decir con las mismas razones de fondo que se le denegaba, después se le daban todas las facilidades sin que mediara otra razón que la de ponerse colorado ante la arbitrariedad que había cometido. Permítanme que vuelva a poner unas cuantas admiraciones: !!!!!... Ya. Ahora prosigo.

Finalmente tengo que decir algo que para mí falta en la película: falta dejar claro que detrás del plan de conservación del espacio de la Maqbara había una idea clara desarrollable en un proyecto, como me cuentan los que lucharon por la declaración como Bien de Interés Cultural. Es decir no era un empeño sin más de unos cuantos románticos “amigos de los moros”.  Se trataba de un crear un parque cultural, algo hecho por una inteligencia lúcida en estas cosas, donde un lugar histórico y simbólico de trascendencia (completo, extenso, en una zona inmejorable al lado del río, en una ciudad como Ávila…) constituyera a la vez que una explicación de su denso pasado, un referente en cuanto a diseño y contenido, algo que en estos tiempos se traduce en rentabilidad y prestigio. Pero rentabilidad para muchos ya sabemos que la da el ladrillo como nadie y ante ello no hay político de medio pelo que se resista.

En fin, que muy bien, que es una suerte que existan tipos como Jota y como todos los que nunca se rinden ante la pobreza de recursos de quienes nos organizan la vida desde hace tanto tiempo con estos resultados. Ellos, aquellos no estos, serán la garantía de que esta ciudad no muera definitivamente ante tanta mediocridad directiva. (Felicidades a todos de corazón).

Marina Curiel

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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