estamos pensando...

Me piro, vampiro

Un artículo de Javier González Alonso

2016-03-20 01:01:00

Estamos llegando al equinoccio de primavera, momento del año en el que tienen igual duración el día y la noche, siendo uno de los momentos del año más señalados, donde la oscuridad deja paso a la luz, desde tiempos inmemoriales y en todas las culturas humanas. Basta mencionar que nuestra Semana Santa no deja de ser la conmemoración de la primera luna llena de la primavera, herencia directa de las Bacanales romanas, o de las Dionisales griegas, en las que se honraba al dios Baco, o Dionisos, en ese primer plenilunio.

Quien pueda se desplazará para visitar familiares o amigos, o simplemente hacer turismo. Sea por el motivo que sea, el abandono temporal de nuestros lugares de residencia nos permite desconectar de la dinámica diaria, tendente a la rutina, y recargar nuestras energías físicas y mentales. No hace falta irse muy lejos para cambiar el chip, pero siempre teniendo mil ojos, ya que más importante que salir de vacaciones, aunque sean de un día, es volver de ellas.

Uno de los destinos más visitados, por toda la geografía hispana, serán las procesiones religiosas. Particularmente, además de por su tétrica temática, no me gustan las aglomeraciones de gente, con lo que las evito. Eso no quita para que tengan su interés etnográfico, sean las de Zamora, Chinchón o Sevilla. Además, me pasa como con los toros, no me gusta que del dolor ajeno se haga exhibición, y algunos penitentes, con sus latigazos, cruces a cuestas y demás parafernalia sado-maso, parece que es lo que buscan, no la penitencia de su dios particular, sino la aprobación de la muchedumbre, por mucho que escondan la cara… Allá cada cual con sus actos, siempre que se respete lo que hacemos los demás.

Otro que opinaba lo mismo, que no tiene mucho sentido que Dios se alegrase del sufrimiento humano sino que lo que realmente celebraría es la alegría, el regocijo, era Baruch Spinoza. Claro que él es uno de los tres grandes filósofos racionalistas y yo un sencillo medioambientalista.

Visto lo visto, hay un tipo de virginidad de la que no me canso: la de Arribes del Duero, ese paraíso que empieza a descubrirse, pues hasta la televisión pública utiliza sus paisajes. Un edén que este año, gracias a las precipitaciones caídas durante los últimos meses, está en todo su esplendor, con todas las cascadas activas y donde nos encontrarnos, si estamos atentos, con una de las mayores biodiversidades de Europa: multitud de especies endémicas, únicas en su género, muchas de ellas en peligro de extinción y que atraen a muchos aficionados a la naturaleza europeos. Mientras tanto, los nacionales, únicamente buscan la foto del paisaje y, si pueden, lavar el coche en alguna de estas caídas de agua.

¡Ah! No olvidemos que no somos ningún cargo del partido popular, que hemos de respetar las leyes, y a quien las hace cumplir; Arribes es un Espacio Protegido y, por lo tanto, no se pueden recoger especies de ningún tipo. Existen zonas restringidas, precisamente porque estamos en época de reproducción, la más crítica para la fauna y flora, a las que no podremos acceder. Si levantamos la vista es muy probable que podamos ver cómo surcan el cielo algunas de esas especies protegidas aladas, porque las terrestres son algo más difíciles de observar… que no imposible.

Javier González Alonso

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—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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