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El estilo del papa Francisco es una novedad

¿Lo es la esencia de su mensaje?

2016-04-13 00:20:41

La exhortación apostólica La alegría del amor se dirige a los católicos de base. Sin embargo, también es necesario que las altas jerarquías del Vaticano cambien de mentalidad.

The Guardian - Johana Moorhead, 10/04/2016

El Papa pide a los curas que sean ministros de la misericordia y ayuden a los descartados EFE

Cuando solo habían pasado cuatro días desde la inesperada designación de un argentino para ocupar el trono de San Pedro, lo vi en la tele, en compañía de una familia italiana, en su casa del lago de Garda. El nuevo pontífice estaba parado delante de las escaleras de una iglesia de la Ciudad del Vaticano y saludaba a los feligreses que salían de misa, como haría cualquier párroco de cualquier iglesia católica del planeta.

"!Vaya! -dijeron mis amigos italianos-. Este tipo parece distinto". Aunque ya llevaba la sotana blanca que lo ha acompañado desde entonces, Jorge Bergoglio parecía un hombre sencillo. La vestimenta papal resultaba familiar pero su actitud era completamente distinta.

En un determinado momento, el nuevo papa abrazó y besó a una feligresa. Acariciaba el pelo de los niños y bromeaba con los padres. En definitiva, lo que hizo en esa ocasión es lo mismo que ha hecho desde entonces: tejer una relación cercana con las personas normales y corrientes.

Conectar con las personas es importante: pero, lamentablemente para el papa Francisco, que ha publicado recientemente la exhortación apostólica Amoris Laetitia (La alegría del amor), que pide compasión para todos, no es la tarea más relevante de un pontífice. La esencia es mucho más importante que el estilo y tiene más repercusión. Cuando termine su papado, y ya haya fallecido y no esté en este mundo, será determinante que haya conseguido cambiar la esencia de la Iglesia y no solo su apariencia.

Lo cierto es que en su escrito, el papa describe con palabras lo que él ya dice en persona. Habla el mismo idioma que la gente normal y está conectado con la realidad. La mayoría de nosotros no vimos dentro de una burbuja sagrada; nuestras vidas tampoco son perfectas, y Amoris Laetitia reconoce este hecho.

Seamos o no seamos católicos, lo cierto es que la mayoría estamos divorciados, o somos homosexuales o tenemos una relación que la Iglesia, con su sabiduría irrepetible, describiría como "anómala". La mayoría hemos tenido comportamientos que la Iglesia desaprueba, o simplemente condena. Lo que sí sabemos, o lo que deberíamos saber, es que todos, absolutamente todos, merecemos el amor de Dios, con independencia de cómo seamos o qué hayamos hecho o queramos hacer. Y esta es la creencia del papa. Así que el papa Francisco, que parece ser muy consciente de este hecho, no tiene ningún problema en ponerse a la altura de los simples mortales y mojarse. Ha indicado que é también es un pecador. No somos mejores que los demás. ¿Hay alguien perfecto en este mundo?, parece preguntarse. Yo, no lo soy.

Sin duda, se trata de un discurso sincero y predica con el ejemplo. Sin embargo ¿ha conseguido cambiar la doctrina de la Iglesia relativa a los divorciados o personas que se casan por segunda vez? Lo cierto es que no. El documento esquiva el establecimiento de nuevas normas y prefiere que sean las parroquias, los párrocos y los obispos los que hagan lo que estimen oportuno. Deben evaluar caso por caso, determinar si existe alguna "anomalía" y "discernir", un verbo muy utilizado en círculos católicos, qué es lo correcto.

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