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Islam, ¿puentes o muros?

La elección del laborista Sadiq Khan como alcalde de Londres representa una extraordinaria oportunidad.

2016-05-13 23:03:04

Ramón Lobo, infoLibre,  12/05/2016 

Sadiq Khan y Saadiya Khan, su esposa

 

Proyecta la imagen de un islam moderno, capaz de convivir en una sociedad laica, algo esencial en estos tiempos de radicalidad religiosa y política. Aunque las cosas no son blanco o negro –él mismo deberá ahondar en su discurso para aprovechar la ocasión–, su victoria impulsa la idea de que se puede ser un buen musulmán dentro de una sociedad multicultural y trabajar por el bien común de creyentes y no creyentes. También señala un camino a miles de jóvenes musulmanes europeos que se sienten rechazados, en tierra de nadie, sin saber quiénes son. En su desarraigo trabajan los predicadores salafistas del odio dándoles un sentido a sus vidas aunque acabe con ellas.

La simbología es esencial, ayuda a proyectar ideas, pero de nada sirve si no se acompaña de inteligencia política, de un plan de acción a medio y largo plazo. Para transitar de los símbolos a un cambio palpable se necesita una generación. Pocos políticos tienen esa visión ni la paciencia necesaria, ¿para qué apostar a tan largo plazo si no estaré para ponerme las medallas ni para ganar las elecciones?, parecen decir. La política de lo inmediato suele ser por lo general una simulación, un espectáculo.

La presidencia de Barack Obama, más allá de sus luces y sombras, de las esperanzas del Yes we can defraudadas, ha proyectado una idea motriz en millones de niños estadounidenses, negros e hispanos: todo es posible. Si te esfuerzas puedes superar la desventaja social del color de la piel, el racismo rampante y la desigualdad. Es un impacto que hoy no percibimos; el verdadero efecto se demorará 25 años, o quizá más. Lo esencial es cambiar la dinámica.

Nos hallamos aprisionados en un debate de máximos: islamofobia frente a occidentalofobia. En la primera trinchera militan los movimientos xenófobos europeos, la extrema derecha que crece en las urnas y los grupos abiertamente fascistoides como Pergida. Todos han situado el rechazo a los refugiados en el centro de su programa. Agitan el miedo y los peligros, más fáciles de propagar desde los atentados de París y Bruselas.

Un ejemplo islamofóbico fue la campaña del conservador Zac Goldsmith, candidato tory a la alcaldía de Londres, que calificó a Sadiq Khan de “radical”. No fue el único.

Lo ocurrido en Nochevieja en el centro de Colonia (cientos de varones molestaron y en decenas de casos asaltaron sexualmente a mujeres) fue el punto de inflexión. Pese a que no existe un relato preciso de lo ocurrido, la presencia entre los exaltados de un número no determinado de solicitantes de asilo, ayudó a crear un relato magnificado que aún agitan los contrarios a aceptar a cientos de miles de sirios de religión musulmana. Porque este es el problema.

Angela Merkel, que en los primeros meses cumplió las leyes internacionales que obligan a acoger al refugiado, dio un giro en su política. Se había conseguido vincular inmigración con inseguridad. El camino para el pacto con Turquía estaba preparado.
Los periodistas servimos a menudo de correas de transmisión de mensajes subliminales, más por la prisa del cortar y pegar y la falta de comprobación que por mala fe. El periodismo de la prisa favorece al poder que puede colocar sus mensajes sin que nadie cuestione los motivos y las certezas. Si titulamos 'Europa situará policías entre los refugiados para detectar posibles terroristas' estaremos comprando el mensaje de que las rutas de migración son también las rutas del terror, algo que no está comprobado.

¿Por qué la policía ha tardado tanto en adoptar una medida de seguridad obvia en la que para su máxima eficacia es necesaria la discreción? ¿Qué les hace suponer que terroristas con nacionalidad y pasaporte europeo (los atacantes de París y Bruselas lo eran) necesitan lanzarse al mar y jugarse la vida para entrar en "su casa" cuando lo pueden hacer por cualquier aeropuerto? La manipulación es la respuesta del desconocimiento. No sabemos qué pasa, hacemos ruido para que nadie lo note.

Es evidente que las rutas de migración pueden ser utilizadas por indeseables. También lo es que los islamistas buscan desprestigiar a los refugiados. Para ellos son unos blasfemos que huyen de tierras musulmanas para exiliarse en países infieles.

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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