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El cuaderno de bitácora de la tormenta perfecta cultural

La Plataforma por la Defensa de la Cultura ha presentado su Libro Blanco para aunar todas sus exigencias que suenan a déjà vu

2016-05-25 10:32:17

Aunque la denuncia no es nueva, el texto hace una radiografía completa del sector bajo el lema de que la cultura debe ser incómoda para el poder

Patxi López acudió al Ateneo de Madrid, donde reconoció que la cultura sufre una "tormenta perfecta" en nuestro país

Mónica Zas Marcos eldiario.es, 18/05/2016

 

Acto de la Plataforma por la Defensa de la Cultura en 2014

 

De precipicios a tormentas perfectas. Las catástrofes naturales que utilizan los políticos y profesionales de la Cultura para definir la situación del sector suenan demasiado fortuitas. Pero no es un fenómeno baladí. Es consecuencia directa de una gestión que ha bailado entre el ninguneo y la explotación durante años, y que ha querido exprimir el sector de mil maneras diferentes. Eso vino a decir el socialista Patxi López durante la presentación del Libro Blanco de la Cultura en el Ateneo de Madrid. La denuncia no es nueva, pero por primera vez aparece compilada en 203 páginas de diagnóstico y remedios. 

Aunque la voz cantante fuese la del presidente del Congreso en funciones, el texto se remata con la firma de la Plataforma en Defensa de la Cultura.  Todas las asociaciones que conforman la PDC llevaban a cabo su campaña individual hasta que, en 2013, unieron esfuerzos. Ahora aprovechan el pulso taquicárdico de la campaña electoral y reivindican un Pacto de Estado "que haga entender que la cultura debe ser incómoda para el poder".

Los signatarios presumen de neutralidad en su repartición de culpas, pero no evitan cargar tintas contra la herencia de la cartera más polémica de los últimos años: la de José Ingnacio Wert. "La crisis ha sido la coartada perfecta para deshacer la estructura pública y recortar la ayuda privada". Los recortes presupuestarios fueron el paraguas roto por el que se colaron el 21% de IVA cultural y la incapacidad de afrontar la piratería - más allá de considerar que atenta contra el 7º mandamiento-. 

Pero los presentadores también hicieron retrospectiva hasta toparse con una pared de prejuicios mucho más resistente que una legislatura. "En España existe una dejación histórica hacia la cultura", dijo el político, mientras ponía sobre la mesa el hastío que impide al público congraciarse con una identidad propia. Este desinterés se evidencia más durante los debates políticos que preceden a unas elecciones, como pudimos percibir hace apenas unos meses. La cultura no ocupa minutos en la televisión nacional desde el franquismo por inercias de aquella censura. O al menos esa es la excusa que esgrimen los candidatos ante la comparativa con nuestros vecinos europeos.

En Reino Unido, por ejemplo, la BBC convoca a los secretarios culturales para que debatan en directo y no dependan de la retórica de los líderes. "Estamos cansados de repetir como un mantra que la cultura en muchos países supera a sectores como el de la energía", decía Luis Cobos, presidente de la Sociedad de Artistas Intérpretes o Ejecutantes de España. Cobos habló sin medias tintas de la situación insostenible que sufren más de 80.000 trabajadores por no contar con un Ministerio de Cultura  ad hoc. Por eso el sector no se conforma con las buenas intenciones de López y exige que el Libro Blanco llegue al Parlamento y las instituciones. "Aunque el resultado de todo lo que hemos pedido ha sido cero", se lamentaba el portavoz de la AIE.

Este baile de prioridades políticas ha provocado un fenómeno opuesto y nada beneficioso: el de los debates sectoriales. Hemos visto a la Unión de Actores y otras asociaciones culturales clamando por sus propios intereses y luchando por deshacerse de la etiqueta de subproducto. "En cultura hemos sido demasiado individualistas", admitió José Miguel Fernández Sastrón, novísimo presidente de la SGAE.

Por eso, expertos y ciudadanos decidieron abandonar su particular juego de tronos para reunirse durante cinco meses y alumbrar un texto que rezuma optimismo. La culminación de este proceso coral, como decíamos, sería un pacto entre varias fuerzas políticas para conseguir que las artes se conviertan en una auténtica cuestión de Estado. Repasamos los cuatro puntos calientes -y algo fantasiosos- que subraya el  Libro Blanco de la cultura. Nada nuevo bajo el sol.

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humor.corto

—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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