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TISA: las multinacionales quieren tener derecho de veto sobre los Estados

Los grandes grupos económicos presionan para acabar con las leyes nacionales vinculantes. En las negociaciones, llevadas a cabo con gran secretismo, participan EEUU y la Unión Europea, entre otros países.

2016-05-27 00:12:50

Martine Orange (Mediapart) | Julian Assange (WikiLeaks) infoLibre 26/05/2016

 

Banderas europeas en la sede de la UE en Bruselas. E.P.

 

Menos conocidas que las negociaciones sobre el tratado comercial trasatlántico (TAFTA), de las negociaciones sobre el acuerdo de comercio de servicios (TISA) no se derivan consecuencias menores. El acuerdo TISA, siglas de Trade in Services Agreement, se está negociando con gran secretismo entre la Unión Europea, Estados Unidos y una veintena de países, de Canadá a China. El objetivo es llevar a cabo una nueva liberalización, en el ámbito de los servicios, y evitar el bloqueo de la Organización Mundial de Comercio para conseguir ir un paso más allá en la desregulación.

Las últimas revelaciones de WikiLeaks, publicadas este 24 de mayo –en colaboración con sus socios (Mediapart y Libération en Francia, L'Espresso en Italia y Publico.es en España)– arrojan algo más de luz sobre lo que se trama en estas negociaciones. Lo que se desprende es aterrador: supone el desarme democrático frente al poder del dinero.

Numerosos documentos hechos públicos por WikiLeaks (disponibles en este enlace) datan de octubre y de noviembre de 2015, de hace apenas unos meses. Tras su lectura, en ocasiones tediosa, surge una pregunta: ¿quiénes son estos negociadores, que avanzan en la sombra, tratando de imponer importantes cambios al amparo de un lenguaje farragoso, técnica y jurídicamente hablando? ¿Hasta ese punto son insensibles a lo que les rodea? En los debates que llevan a cabo, parecen ignorar las angustias y las expectativas de la opinión pública, así como las promesas de los Gobiernos y repetidas de cumbre internacional en cumbre internacional, tanto en lo que a la protección del medio ambiente o a la evasión fiscal se refieren.

Los documentos de WikiLeaks ponen de manifiesto cómo la intención de los negociadores no ya es la de conseguir un nuevo abaratamiento de los aranceles o un acuerdo sobre las normas, sino que quieren construir un mundo uniforme, donde la libertad para obtener beneficios no tendrá límites frente a los Estados –que en todos los textos figuran como “las partes”, como si se tratase de un vulgar contrato comercial-, renunciando a cualquier poder de imponer y de regular.

Con el acuerdo TISA, los grandes grupos económicos no sólo serán los únicos no sometidos a gravámenes, sino que además se pueden convertir en irresponsables en el sentido estricto del término. En estos textos legales, todo está pensado para eximirles de cualquier obligación social, medioambiental e incluso prudencial y se les permite reescribir la ley en función de sus intereses, para evitar acción legal alguna, por pequeña que sea.

A modo de preámbulo a todas estas negociaciones, Estados Unidos presentó en octubre de 2015 diferentes propuestas sobre las “nuevas disciplinas y sus mejoras”, dirigidas a convertirse en el marco general a este acuerdo sobre servicios. Estas propuestas, que se inspiran en el acuerdo sobre el tratado transatlántico, está dirigidas a liberalizar todavía más todos los sectores, suprimir las obligaciones a las que eventualmente pueden estar sometidas las multinacionales.

De este modo, Estados Unidos propone acabar con las obligaciones locales. En el marco del acuerdo TISA, los países deberían renunciar a cualquier ley que conlleva la implantación local, que vincula los contratos a la creación de empleo local, a transferencias de tecnologías, a esfuerzos de investigación y de desarrollo sobre el terreno, a la utilización de productos industriales nacionales.

“Las disposiciones de este texto limitan la posibilidad de los países en vías de desarrollo a la hora de encaminarse por la misma senda que numerosos países desarrollados”, alertan los autores de una extensa nota difundida por WikiLeaks. Los países desarrollados, empezando por Estados Unidos, señalan, han tomado medidas para proteger a sus industrias locales, para darles tiempo a desarrollarse, manteniéndolas a salvo de la competencia mundial.

Todavía es así en numerosos países desarrollados. Muchos de ellos recogen en los contratos públicos –y por ende pagados con el dinero de los ciudadanos– la obligatoriedad de recurrir a pymes, a trabajadores locales o, incluso, a asociaciones. Todas estas disposiciones, a menudo plasmadas en forma de ley, con el TISA desaparecerían. Lo mismo sucedería con los programas audiovisuales o radiofónicos locales, cuya emisión es obligatoria en numerosos países para proteger o difundir una lengua o cultura nacional o regional.

[Leer completo en infolibre.es]

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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