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Patio Maravillas

Así funciona un centro social ocupado

2016-06-08 00:16:11

Los centros sociales okupas toman decisiones de forma asamblearia y autogestionada y albergan actividades sociales y culturales como talleres, cine, bibliotecas o huertos urbanos

"Vagos, violentos, sucios" son algunos de los estereotipos que acompañan a este tipo de ocupación, pero "poner en marcha un centro social lleva mucho trabajo", afirma Marina, del espacio recién desalojado La Morada

Con la llegada al poder de políticos con experiencia o simpatía por estos colectivos se abren debates internos sobre si interactuar con la administración o mantener la tensión fuera de sus reglas del juego

Marta Borraz, eldiario.es, 01/06/2016

Patio Maravillas en la madrileña Calle Pez

La cerradura del número 83 de la madrileña calle Amparo, en el barrio de Lavapiés, se rompía en 1985 para inaugurar el inicio en la capital de un movimiento que hoy tiene decenas de expresiones en todo el territorio. Fue el primer centro social autogestionado y "la primera vez que esa okupación se realizaba con unos fines y un discurso político que iba mucho más allá de buscarse un techo", afirmaban en mayo de 2015 los organizadores de la  Semana de Lucha por la Okupación. 

31 años después los centros sociales okupados han renovado su imagen mediática y encuentran más apoyo ciudadano. Los vecinos del barrio barcelonés de Gràcia han defendido tras el desalojo del Banc Expropiat el papel que cumplía el espacio. Algo que también ha experimentado el Patio Maravillas, que se ha encontrado con que  cuatro de sus activistas, entre ellos el concejal Guillermo Zapata, se sentarán en el banquillo por un delito de usurpación. Pero, ¿cómo funciona un centro social okupado?

La lucha contra los espacios vacíos

La okupación de centros sociales cuenta con dos objetivos. Por un lado, la recuperación de inmuebles y edificios vacíos para contar con un espacio de encuentro en el que diferentes colectivos desarrollen sus actividades. Por otro, es un fin en si mismo. A pesar de que no es un movimiento monolítico, "tenemos la misión común de protestar contra la especulación y corrupción que se lleva a cabo en espacios vacíos públicos y privados, es un gesto de protesta", afirma Marina G, que forma parte de La Morada, desalojada de un edificio en el madrileño barrio de Chamberí el pasado 20 de abril.

La misma visión comparte Ángel Méndez, que participa junto a decenas de jóvenes en el centro social okupado La Atalaya, situado en Vallecas. En noviembre de 2014 varias personas decidieron instalarse en un instituto abandonado desde hacía tres años por la Comunidad de Madrid. "Pedíamos espacios a la Junta Municipal del Distrito y a Delegación del Gobierno y no había respuesta", sostiene Méndez. Marina asegura que se trata de una forma de otorgar a los espacios y terrenos "su función real: ser aprovechados y utilizados". 

"Vagos, violentos, sucios"

En opinión del investigador  y activista Miguel A. Martínez la imagen mediática dominante de la okupación "sigue cargada de muchos estereotipos, prejuicios, falsedades y ominiones". Algo que ha cambiado tras el 15M, nutrido de activistas que se reunían en espacios de este tipo y propulsor de colectivos que comenzaron a hacerlo en ellos. En el libro Okupaciones en movimiento (M.A Martínez, M.Domínguez y E. Lorenzi), los expertos desgranan cómo la prensa ha asociado la palabra "okupa" a imágenes de "vagos, violentos y sucios".

Al margen de conductas individuales, esta sigue siendo parte de la idea que copa el imaginario colectivo. Sin embargo, "poner en marcha un centro social okupado lleva mucho trabajo", explica Marina. Cuando los jóvenes de La Atalaya entraron al edificio lo primero que hicieron fue arreglarlo y limpiarlo. "No quedaba nada, estaba lleno de basura, en una situación de abandono total, sin ventanas y con la grifería y la fontanería rotas", recuerda Méndez. A romper con este imaginario ha contribuido el Patio Maravillas, que desde el principio se propuso "demostrar que es un espacio para todas y todos en el que se realizaban actividades sociales y culturales necesarias para el barrio y la ciudad", dice Lucía Lois, integrante del patio.

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humor.corto

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