estamos pensando...

Contra la ciudad antisocial:

¿Sabemos qué tipo de urbanismo queremos?

2016-06-20 02:10:42

Han pasado casi diez años desde el estallido de la burbuja inmobiliaria y parece que todavía no hemos sido capaces de empezar a definir la ciudad ni el urbanismo que sí queremos

Aquí, algunas ideas para lo que puede ser un urbanismo del que podamos sentirnos orgullosos

paisajetransversal eldiario.es, 26/05/2016

Vista de Madrid y su "boina" desde Vallecas. Foto: gaelx | Flickr

Un texto de Guillermo Acero Caballero, Jon Aguirre Such, Jorge Arévalo Martín, Pilar Díaz Rodríguez e Iñaki Romero Fernández de Larrea

¿Te imaginas poder vivir siempre a 10 minutos andando del trabajo? ¿Y a otros 10 minutos de un polideportivo con piscina pública? ¿Que en ese intervalo de tiempo puedas ir a comprar el pan donde María, la fruta donde Paco, la carne donde Isabel y la verdura donde Mario? ¿Que por las calles se puede pasear tranquilamente sin temor a que te atropellen? ¿Incluso que puedas sentarte en un banco bajo la sombra de un árbol a leer un libro sin tener que soportar el ruido y los humos que generan los coches? Y que al otro lado de la acera donde está el nuevo centro cultural del barrio... ¡Haya un parque con juegos infantiles donde puedas llevar a tus hijos o tus nietas, tus sobrinos o tus hermanas!

Sin embargo, abres los ojos y lo que ves desde la ventana de tu casa es algo muy distinto. Las ciudades en las que vivimos se han convertido en espacios hostiles para sus habitantes. No obstante, hoy en día nos encontramos ante la oportunidad de replantear la manera en la que seguir construyendo nuestras ciudades.

Han pasado casi diez años desde el estallido de la burbuja inmobiliaria y parece que todavía no hemos sido capaces de empezar a definir la ciudad ni el urbanismo que queremos. Hemos heredado una ciudad antisocial incapaz de solventar las profundas desigualdades históricas entre el centro y la periferia. Y todo ello porque la “favorable” coyuntura económica de la pasada “década prodigiosa” (de la Ley del Suelo de 1998 al pinchazo del 2008) estuvo ligada en nuestro territorio a la especulación inmobiliaria y al crecimiento urbano ilimitado; en vez de a resolver los acuciantes problemas que han persistido en nuestras ciudades desde mediados del siglo pasado.

Lamentablemente todavía no hemos sido capaces de impulsar una estrategia que nos permita transformar de raíz (radicalmente) el proyecto de ciudad gestado en las últimas décadas hacia un escenario realmente sostenible ambiental, social y económicamente.

Sobre el escenario de crisis y sus consecuencias se ha escrito mucho y variado, pero a través de este artículo queremos dirigir la mirada hacia aquello que como urbanistas debemos replantearnos y que será clave para determinar cómo queremos vivir: el modelo de ciudad.

Breves claves para el cambio

Los crecientes niveles de contaminación se han demostrado recientemente como uno de los principales factores de riesgo para la salud de las personas, según la OMS. Ante esto, la reducción de los desplazamientos motorizados y la apuesta decidida por una movilidad peatonal y ciclista en coordinación con un buen sistema de transporte público es la única alternativa posible. Solo así reduciremos los alarmantes niveles de contaminación de nuestras ciudades y combatiremos el cambio climático. Pero para lograrlo es imprescindible una voluntad política firme y un fuerte respaldo de los colectivos más sensibilizados para ejercer las labores pedagógicas y de concienciación necesarias.

En lo que a reducir los desplazamientos en la ciudad se refiere, es necesario acompañar las políticas de movilidad urbana sostenible con la redistribución de la actividad económica de forma racional en los diferentes barrios que la componen. Generando así nuevas oportunidades basadas en las redes de apoyo mutuo que se han gestado en los últimos años y en la recuperación de actividades productivas de diversa índole: desde la agroecológica a las industrias poco contaminantes de fuerte base tecnológica e innovadora, pasando por el comercio de proximidad o actividades socioculturales que fomenten la creatividad y la cohesión social. Se trata, por tanto, de crear nuevas oportunidades en los barrios desfavorecidos generando salarios y condiciones laborales dignas (más allá del empleo precario).

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humor.corto

—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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