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Secretos sobre lienzo

Todas aquellas artes que empuñaban pinceles para salpicar paredes y lienzos resultaron ser un terreno de juego ideal para perfeccionar la técnica de enterrar secretos ante los ojos de todo el mundo

2016-07-14 12:14:12

Publicado por Diego Cuevas, Jotdown, julio 2016

La última cena. Leonardo da Vinci.

Por culpa del pesado de Dan Brown medio globo cree que contemplar La última de cena de Leonardo da Vinci implica tener que resolver un sudoku basado en adivinar lo que oculta en la entrepierna el apóstol al que Jesucristo hacía ojillos. Y esto ocurre a pesar de que el proceso de documentación del escritor, una persona que afirmaba haber residido en lo que parecía una Sevilla ubicada en un universo alternativo donde visitar la Giralda podría significar la muerte, resultaba como poco cuestionable y estaba saturado de hipótesis que cabalgaban fantasías. Pero lo patoso de las teorías de Brown no implicaba que La última cena estuviese exenta de dar cobijo a algún tipo de enigma interesante: en 2007 un músico italiano llamado Giovanni Maria Pala afirmaba haber descubierto un secreto en la pintura de Da Vinci que hasta entonces había pasado desapercibido, se trataba de una banda sonora para aquel piscolabis sagrado escrita en el mismo cuadro. El músico había dibujado un pentagrama sobre la escena e interpretado el pan consagrado y las manos de la comitiva como notas musicales, y la partitura parecía tener un sentido melódico si se leía del mismo modo en el que afrontaba la escritura el propio Leonardo da Vinci, es decir de derecha a izquierda. Para Maria Pala aquello no era una mera coincidencia, «Suena como un réquiem, es una especie de BSO que enfatiza la pasión de Jesús», y AlessandroVezzosi, un experto en a la figura del pintor florentino, consideraba que la existencia de una melodía escondida tenía en el fondo una base plausible al ser Da Vinci ducho con las notas. Hoy hay gente que se ha tomado la molestia de interpretar y subir a internet esos cuarenta segundos de microrréquiem para disfrute de aquellos que no tengan el cuadro a mano o la capacidad de leer pentagramas musicales. E incluso existe un alma generosa y especialmente chalada que ha trasladado la partitura renacentista, y varios remixes, al compositor musical del Mario Paint de la Super Nintendo fusionando las dos columnas básicas del usuario medio de internet: las maquinaciones secretas a la vista de todo el mundo y los videojuegos retro.

Y lo cierto es que todas aquellas artes que empuñaban pinceles para salpicar paredes y lienzos resultaron ser un terreno de juego ideal para perfeccionar la técnica de enterrar secretos ante los ojos de todo el mundo.

Buscando a Wally

La primavera. Sandro Botticelli.

La primavera de Sandro Botticelli es una de las obras florentinas más famosas de la historia del arte. Un cuadro que se lee de derecha a izquierda y relata una escena que aparecía en el quinto libro de los Fastos de Ovidio: el viento Céfiro se tira encima de la ninfa Cloris, que con el agobio de la persecución no puede evitar ir por ahí escupiendo flores, hasta que finalmente la agobiada chavala acaba digievolucionando en Flora, una personificación de la primavera misma. El cuadro lo completa una Venus ejerciendo de presidenta de la función, un Cupido que apuntaba la flecha hacia las tres Gracias (probablemente Voluptuosidad, Castidad y Belleza) y un Mercurio armado ejerciendo de portero del bosque y demostrando que igual la heterosexualidad no era su terruño al estar más concentrado en la fruta que en el vestuario transparente de las féminas. La pieza sorprendía por su tamaño desmesurado, aquellos 203 cm de alto por 314 de ancho no eran medidas comunes en las obras profanas, y sus medidas parecían más adecuadas para un fresco o un tapiz que para una pintura al temple de huevo sobre tabla. El artista italiano aprovechó que tenía la ventana maximizada para pintar a sus inquilinos a tamaño real y salpicar la estampa de detalles minúsculos como broches y empuñaduras minuciosas hasta la obsesión. Y aunque La primavera destaca por contener lo que parece un retrato de Saoirse Ronan centenares de años antes de que ella hubiese nacido, lo realmente interesante es descubrir la obcecación del artista por un demencial detallismo botánico: en la imagen Botticelli pintó quinientos tipos diferentes de plantas entre las cuales se pueden observar ciento noventa tipos distintos de flores. Los amigos de lo verde no acaban de ponerse de acuerdo sobre cuántas de aquellas plantas se correspondían con especímenes reales (se suele decir que al menos ciento treinta eran botánicamente correctas), ni sobre la naturaleza de la fruta que aparecía colgando de las ramas, pero sí en que el italiano quizás se había emocionado un poquito con el asunto.

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humor.corto

—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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