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Erdogan, el gran manipulador

Es un tipo frío, manipulador e implacable que ha ido perdiendo el halo con el que llegó a poder: el rostro de un islam amable y moderado capaz de integrarse en la Unión Europea

2016-07-19 22:51:51

Estamos ante un autócrata en grave riesgo de acabar como un dictador

Ramón Lobo, eldiario.es, 17/07/2016

 

Recep Tayyip Erdogan EFE

 

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan (Estambul, 1954), es un émulo del ruso Vladimir Putin: utiliza las instituciones democráticas más o menos vaciadas de contenido para llevar a cabo un gobierno autoritario sin concesiones a la disidencia. Así gobierna desde que se encaramó a la presidencia en 2014. Ahora, será peor.

Es un tipo frío, manipulador e implacable que ha ido perdiendo el halo con el que llegó a poder en 2003 (como primer ministro): el rostro de un islam amable y moderado capaz de integrarse en la Unión Europea, un puente entre la radicalidad de Al Qaeda y la democracia occidental. Ese fue el personaje que compró José Luis Rodríguez Zapatero en 2007 para la Alianza de las Civilizaciones, que hoy parece una antigualla en una región arrasada por la guerra y la violencia desencadenada por la estúpida invasión de Irak de marzo de 2003 y los aún más estúpidos primeros meses de postguerra, cuando EEUU disolvió las Fuerzas Armadas de Irak creando todo tipo de insurgencias, incluido el germen de lo que hoy es el Estado Islámico.

Erdogan reactivó el conflicto kurdo con la excusa de la guerra de Siria, después de que la guerrilla del PKK se asentara en un alto el fuego que parecía la antesala de un acuerdo de paz capaz de poner fin a un conflicto de décadas que ha causado miles de muertos. Los kurdos turcos representan algo más del 15% de la población. No es una realidad que se pueda ignorar. Para el émulo de Putin sus kurdos son Chechenia: un pin pan pun que se puede activar cuando la base de poder se tambalea.

Antes de seguir hay que aclarar que existen dos tipos de kurdos: los buenos, los de Irak que luchaban contra Sadam Husein y hoy controlan pozos petroleros cuyo maná nos llega a través de las compañías occidentales, y los kurdos malos, los de Turquía, a los que Ankara y EEUU consideran terroristas pese a que sus métodos de lucha no se diferenciaran tanto de los métodos de los kurdos buenos. Luego están los kurdos sin calificar; no sabemos si favorecen o perjudican nuestros intereses. Son los kurdos sirios, la única fuerza armada fiable de las que luchan contra el Estado Islámico en Siria si Occidente tuviera ojos y cabeza. Y están los kurdos de Irán.

El PKK volvió a ser el malo de la película cuando el izquierdista y prokurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP: Halkların Demokratik Partisi), obtuvo un excelente resultado en las elecciones de junio de 2015: un 12,5% de los votos y 78 escaños. El HDP arrasó en las provincias kurdas: Diyarbakir (78%); Hakkari (86%); Sirnak (88%).

En aquellas elecciones, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan no obtuvo su esperada cuarta mayoría absoluta ni los dos tercios que anhelaba para reformar la Constitución y diseñar un sistema a su medida. Hubo bloqueo, pasaron los plazos, no se pudo constituir gobierno y se repitieron las elecciones.

En el segundo intento en noviembre de 2015, con la guerra contra el PKK convenientemente activada y unida a la criminalización del HDP desde los muchos medios oficiales, el AKP de Erdogan alcanzó su mayoría absoluta. El líder del HDP, Selahattin Demirtas, resumió bien lo que el presidente Erdogan busca: una dictadura constitucional. Lo que le negaron las urnas, se lo ha servido en bandeja de plata el fracasado del golpe. El mismo Erdogan lo dijo en Estambul: “Un regalo de dios”.

Turquía es miembro de la OTAN, pero en el caso de la guerra de Siria tiene agenda propia. Más allá de la compra del petróleo contrabandeado por el Estado Islámico, la vista gorda en su frontera con Siria por la que entran armas, dinero, pertrechos y combatientes extranjeros, Erdogan quiere marcar territorio, erigirse en potencia regional frente al Irán chií y sus sucursales en Bagdad, Damasco y el sur de Líbano (Hezbolá). No hay que olvidar que debajo de la piel de la Turquía actual fluyen siglos de civilización e imperio que los convierte orgullosos de su pasado.

 

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