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Feroz discurso de Trump

El feroz discurso de Trump rememora ecos del pasado que no se pueden ignorar

2016-07-23 20:00:56

El ya candidato oficial a presidente de Estados Unidos cerró la Convención Republicana con unas palabras que sirven de aviso a los progresistas del país de que se enfrentan a un peligroso rival

La facilidad con la que este demagogo seduce al público se parece demasiado a la de otros líderes del siglo pasado y resulta imposible ignorarlo

El Partido Republicano, profundamente dividido, necesitaba una figura que los volviera a unir: el nombre de Clinton sonó más veces que el de Trump

David Smith – Cleveland, eldiario.es, 22/07/2016

Donald Trump, durante el cierre de la Convención que lo ha formalizado como candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos. EFE

 

Un niño estaba en el centro del huracán coincidiendo con una lluvia de confeti y de balones rojos, blancos y azules, mientras las pantallas gigantes mostraban fuegos artificiales. Barron Trump, de diez años, presenció junto a su padre, Donald, y su madre, Melania, el punto más álgido, teatral y ruidoso de la Convención Nacional Republicana que se celebró en Cleveland. Sus padres mantuvieron las manos en el hombro del niño para protegerlo del ensordecedor ruido de la música rock y de los gritos del público.

Está en juego el futuro de millones de niños como él; eso nadie lo pone en duda. Donald Trump acababa de pronunciar un discurso disparado y lleno de bilis que debería hacer sonar las alarmas de los estadounidenses más progresistas. Sí, el peligro es real. Estamos ante una encrucijada. La historia podría dar un giro peligroso y siniestro.

Las comparaciones con Hitler y Mussolini han sido tan frecuentes y simplistas que no resultan de utilidad; de hecho suelen confundir todavía más. Sin embargo, la facilidad con la que este demagogo seduce al público, con una ira intermitente que maneja a su antojo, guarda demasiadas similitudes con otros líderes del siglo pasado y resulta imposible ignorarlas.

Si lo comparamos con políticos de Estados Unidos, tal vez la referencia más cercana del discurso del jueves sea el presidente Richard Nixon, que en su discurso de toma de posesión del cargo en 1968 habló de "ciudades envueltas en llamas y humo" y de cómo oía "los gritos de angustia de millones de estadounidenses".

Trump señaló que "nuestra convención se celebra en un contexto de crisis en el país. Los ataques contra nuestra policía y el terror en nuestras ciudades amenazan nuestro estilo de vida. Los políticos que no entiendan el peligro que representa esta situación no están preparados para gobernar".

En efecto, en tiempos extraordinarios se necesitan medidas extraordinarias. ¿Cuándo hemos oído esto antes? Trump lanzó los típicos mensajes de la derecha tradicional: prometió frenar la inmigración ilegal con la construcción de un muro en la frontera con México, defendió el derecho a poseer y llevar armas, y contentó a los cristianos evangélicos. Tampoco faltaron los mensajes anticuados relativos a la necesidad de impulsar políticas de mano dura contra los delincuentes: "soy el candidato de la ley y el orden".

Si bien en el pasado Trump, de setenta años, ya había expresado estas ideas de forma incoherente y confusa en sus mítines, en esta ocasión lo hizo de una forma mucho más disciplinada, precisa y comedida. Y, por esta razón, oírlas fue todavía más escalofriante.

Después de que su hija pronunciara un discurso impecable para darle paso, el arrogante multimillonario se plantó tras un atril negro situado en un escenario de color negro y brillante con un fondo de barras y estrellas, luciendo corbata roja, la preferida por los candidatos republicanos, y una gran cantidad de laca en el pelo. Las numerosas pantallas gigantes situadas en las instalaciones mostraban su rostro. Su voz tenía un ligero tono agresivo al más puro estilo "macho alfa".

Demostró que puede controlar el ánimo de la multitud a su antojo. En algunos momentos de su discurso, se mostró enfurecido, desatando la locura entre el público. Con la afirmación "ya no nos podemos permitir ser tan políticamente correctos" consiguió que los delegados lo aclamaran, mientras que al mencionar por primera vez a los inmigrantes ilegales consiguió que los delegados los abuchearan.

Hostilidad contra Hillary Clinton

Cuando Trump mencionó a su rival, Hillary Clinton, se produjo una situación extraordinaria. Los delegados empezaron a corear: "Enciérrala, enciérrala". Ya habían estado coreando este mensaje toda la semana. Probablemente los espectadores esperaban que Trump los animara a seguir, como han hecho otros oradores de la Convención del Partido Republicano en Cleveland. En cambio, optó por retroceder durante unos instantes, hacer un gesto con la mano para pedir a los delegados que se callaran y exclamar: "Ganémosla en noviembre".

No se volvió a oír esta consigna. Habían llevado las cosas demasiado lejos, incluso para Trump. El mensaje que transmitieron a los votantes republicanos moderados y a los independientes fue: ¿Veis que es un tipo razonable? Pero el incidente también sirvió para ver qué podría pasar si Trump pierde el control sobre ciertos estados de ánimo que él ha propiciado.

[Leer completo en eldiario.es]

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