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Gustave Caillebotte: pintor, filatélico, regatista y jardinero

El museo Thyssen-Bornemisza acaba de inaugurar una exposición sobre el tardíamente reconocido pintor impresionista Gustave Caillebotte

2016-07-31 19:14:19

El artista francés fue un hombre rico por su familia que ademas fue un filatélico, un regatista, diseñador naútico y horticultor más que notable

J.M. Costa, eldiario.es, 24/07/2016

Pintores Edificio

 

El libro de visitas del Thyssen Bornemisza está que arde. Son bastantes los comentarios que en vez de expresar el habitual ¡qué bonito es todo!, se quejan amargamente por lo que consideran “publicidad engañosa” en torno a la exposición Caravaggio (escrito muy grande) y los pintores de Norte (apenas legible). Normal, ya se advertía en la reseña de esa exposición que no se pueden despertar grandes expectativas y no responder a ellas. Es para imaginar a una docente que hace un viaje con su curso a Madrid para ver Caravaggio y se encuentra apenas con 12 cuadros del italiano y 34 de artistas norte-europeos desconocidos en España. Eso sí, las colas siguen pero cabe preguntarse si a medio plazo es positivo lograr mejores cifras de asistencia mediante trucos que ponen en juego el prestigio y la credibilidad de una institución que, al fin y al cabo, se sostiene sobre todo con fondos públicos.

En realidad, con la exposición Caillebotte (hasta el 30 de octubre) sucede un poco lo mismo. El subtítulo Pintor y jardinero, tampoco se lee apenas. En este caso da un poco lo mismo porque todo lo que hay es del artista y porque es muy legítimo centrar una exposición en aspectos como París, los barcos o los viajes de Caillebotte. Todo esto aparece en una exposición que, como el subtítulo indica, se centra en su aspecto de pintor-floricultor.

Gustave Caillebotte fue una personalidad muy interesante. Nació en 1848, el llamado Año de las Revoluciones, del cual y algo paradójicamente, surgirían en Francia tanto la Segunda República como el Segundo Imperio de Luis Napoleón hasta 1870, cuando Caillebotte ya tenía 18 años y faltaba uno para la Comuna. Algo fundamental, porque en esos años se dibujarían los fundamentos de la Francia industrializada y la renovación de París por el barón Haussmann.

La familia de Caillebotte no es que tuviera dinero, es que eran ricos gracias a una empresa textil que confeccionaba los uniformes del ejército imperial. Martial (padre) tuvo a los tres hijos de su tercer matrimonio, Gustave, Rene y Martial, ya con más de cincuenta años. Murió en 1874, cuando Gustave tenía veintiséis años. Esto trajo consigo que tanto Gustave como Martial (René moriría en el 1876 y su madre en 1878) se encontraron herederos de una renta más que respetable. Es decir, todas las acciones de Gustave serían las de un diletante, según la RAE alguien "que cultiva algún campo del saber, o se interesa por él, como aficionado y no como profesional". Es divertida una reflexión en el catálogo sobre que Caillebotte habría sido un pintor maldito si no fuera porque era rico. Claro, no vendió casi nada porque no lo necesitaba. Regalaba bastante, eso sí.

Pintura y más hobbies

No obstante, Gustave Caillebotte era un hombre muy activo. Estudió derecho y tomó lecciones de pintura. Lo más extraordinario es que enfocaba sus hobbies, de los cuales participaba su hermano Martial, pianista y compositor, con una dedicación y una energía considerables. Una de estas aficiones fue la filatelia, reuniendo una colección muy importante, sobre todo de sellos mexicanos. Tras el matrimonio de Martial fue vendida al Reino Unido en 1887 por 5.000 Libras (unos cuatro millones de euros de hoy en día). Y no solo es que coleccionara, sino que ideó métodos de clasificación y escribió artículos en revistas especializadas.

Otra pasión fue la vela ligera. Junto a Martial se aficionó al agua de crío en la casa de verano familiar en Yerres, cerca del Sena y con un pequeño rio que pintaría a menudo. Pero no se conformó con salir a dar un par de bucólicas vueltas antes de un picnic, sino que se involucró a fondo en el tema. Como regatista logró un montón de premios, fue haciéndose con barcos cada vez mejores y acabó diseñándolos el mismo. Para ello construyó un pequeño astillero en su nueva posesión en Petite Grenevilliers, una zona de lujo junto al Sena. Sus diseños e ideas eran muy avanzados y presididos por una imaginación de lo más sensata. Además de ello, ayudó a organizar y fue vicepresidente del Club de Vela del Sena.

También fue horticultor, tema principal de la exposición. De nuevo con una energía y una seriedad que impresionan. Esta afición era compartida en parecidos términos por su vecino Monet. Y aún queda su carácter de coleccionista de arte, de organizador de eventos impresionistas o de mecenas de amigos pintores en apuros. O de concejal electo del pueblo.

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