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Agua para todos

Un artículo de Javier González Alonso

2016-08-02 23:35:12

El agua es la sustancia más común en la superficie de nuestro planeta, ocupando en torno a tres cuartas partes del área terrestre total. Es, además, el elemento de la vida, su soporte básico, ya que ésta siempre se ha desarrollado sobre medio acuoso; incluso los organismos no acuáticos están formados mayoritariamente por agua. Hasta la búsqueda de vida en planetas extrasolares, llevada a cabo por distintos organismos, como el programa SETI, está basada en la premisa de que es obligatoria su existencia para el desarrollo vital, además de encontrarse en el planeta “correcto” y a la distancia apropiada de una estrella.

Que sus propiedades físicas y químicas sean excepcionales la convierte en la mayor de los termorreguladores conocidos: su expansión al congelarse, frente al resto de líquidos, hace que el hielo flote, en vez de hundirse, lo que provocaría que, al sumergirse el hielo en las profundidades, no sería alcanzado por la luz solar, con lo que, gradualmente, la tierra se tornaría más y más fría, hasta llegar un momento en que desaparecería todo rastro de vida… de haber podido aparecer previamente. Además, su alto calor específico juega un importante papel en el clima, sea a nivel local o terrestre.

Un elemento, el agua, que en los últimos años se ha convertido en un gran negocio, gracias a las privatizaciones que han llevado a cabo las distintas administraciones. Estamos hablando de un bien totalmente necesario: cada persona gastará diariamente, a lo largo de su vida, unos 300 litros, de media. Unas administraciones que, guiadas por el saneamiento de sus mal gestionadas arcas, han dado las concesiones a empresas que, con la lógica capitalista, únicamente buscan el lucro, dejando de lado las mayores garantías de calidad hídrica, o las políticas ambientales, con la consiguiente repercusión en la salud y vidas de la gente.

Otros países, como Francia, llevan tiempo remunicipalizando las empresas de gestión del agua, consiguiendo una importante mejora en la calidad, con ahorros considerables; en París, la empresa pública del agua fue devuelta a la administración pública en 2010, consiguiéndose, además de la mejor de las eficiencias, un ahorro de 30 millones de euros anuales, además de una bajada de la factura de un 8%. Algunas naciones, como Holanda, o Italia, tienen establecida, en sus propias constituciones, la gestión hídrica pública. Mientras en Europa el modelo imperante es la gestión pública, con un 70% de la población así abastecida, en Cataluña apenas llega al 20%. Es hora de reclamar la gestión adecuada de nuestros bienes comunes, los que son de interés general, y dejar de dar caramelos a los amigos… que luego financian campañas.

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