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La tecnología rasca y gana en las obras de arte camufladas

Las bases de los lienzos están llenas de detalles ocultos

2016-08-13 00:14:02

Las bases de los lienzos están llenas de detalles ocultos, guiños privados o bocetos de otro cuadro que avergonzaba a su autor

Estos secretos del arte han quedado al descubierto por técnicas científicas que no dañan la obra y consiguen introducirnos en las mentes de los maestros

Mónica Zas Marcos, eldiario.es,  08/08/2016

Escáner del 'Retrato a una señora', de Edgar Degas

La inspiración es una musa caprichosa y no siempre entiende de lienzos en blanco. A veces aparece cuando una obra ya está terminada o llega sin avisar en plena faena. Pablo Picasso decidió darle la vuelta a un posible incordio y asumirlo como un mantra donde el trabajo constante se premia con una dosis extra de iluminación. Durante estos vaivenes, el pintor dejó varios bocetos sin terminar y reutilizó la base para plasmar su obra elegida. Un recurso de reciclaje que ya habían empleado maestros como da Vinci, Rembrandt y Goya, y que duplicó sin quererlo el valor de sus cuadros muchos años después.

El último en unirse ha sido el impresionista Edgar Degas y su personaje escondido bajo el famoso Retrato de una mujer, 1876. El enigma de esta pieza llevaba rondando la mente de los restauradores australianos desde hace casi un siglo, cuando la Galería Nacional de Victoria la adquirió en 1937. En el rostro de la mujer de negro se intuían unos labios que despertaron los rumores sobre otra figura subyacente. Y, gracias a la tecnología de un grupo de expertos, esta cara de Bélmez ha resultado tener nombre y apellido. 

Los científicos utilizaron la técnica de la fluorescencia de rayos X para descubrir a la modelo Emma Dobigny bajo los oscuros pigmentos de la anónima. El escáner ha revelado que Degas dibujó las facciones de su musa de un solo brochazo, mientras que intervino con más detalle sus "orejas de duende". Las capas de la imagen superior eran tan finas -aunque su color fuese más oscuro- que no tardaron en desvelar el "lienzo sucio", como lo despreciaban los críticos de la época.Ahora la tecnología ha obrado como un diario pictórico para desenmascarar el cuadro que Degas quiso mantener en la sombra. "El detector de Maia" está formado por una placa que desliza un intenso haz de rayos X por toda la imagen y la convierte en átomos fluorescentes. Estos píxeles se traducen en mapas elementales que revelan detalles tan concretos como el grosor del pincel, la naturaleza de los colores o las capas de pintura que se usan para corregir un detalle.

La fluorescencia de rayos X (con siglas XRF en inglés) es una de las técnicas más utilizadas para el análisis de obras de arte por el sincotrón, un acelerador de partículas que permite una mayor penetración en las capas de óleo y visualizar la obra en sus etapas primarias. Los científicos del Sincotrón de Australia tardaron 33 horas en reproducir un mapa de 31,6 megapíxeles. Los resultados, publicados en la revista Scientific Reports, demostraron que Degas tardó 7 años en reutilizar ese lienzo para su Portrait de femme.

En el caso de Degas, las pinturas ocultas no fueron más que un recurso económico para no volver a invertir en un costoso óleo. Pero en otras ocasiones han desvelado marcas simbólicas del artista o incluso trazos aprovechados de otro pintor más pudiente que descartó el lienzo entero por un descuido. Decisiones cognitivas que la tecnología convierte en píxeles y sistemas binarios para acceder a lagunas del pasado como en una máquina del tiempo. Es aquí donde comienza el debate sobre la magia perdida de la historia del arte y el avance científico. Pero a nadie le amarga diseccionar el proceso creativo de las mejores mentes durante un ratito.

Las pérdidas de Da Vinci

A lo largo de los años se han empleado muchos más esfuerzos en buscar la obra desaparecida de Leonardo da Vinci que en rascar las conocidas. El original de  La batalla de Anghiari ha traído de cabeza a los historiadores que han rastreado su paradero durante siglos.Finalmente, hace cuatro años, la National Geographic Society, en colaboración con universidades norteamericanas y el Ayuntamiento de Florencia, dirigió un proyecto para buscar detrás de un fresco de Giorgio Vasari, en el Palazzo Vecchio de la ciudad. A través de una sonda microendoscópica colocada a través de seis agujeros, los ingenieros recogieron pigmentos con una composición química similar a la que utilizó da Vinci en La Gioconda y de San Juan Bautista.

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