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Muere Víctor Mora

Víctor Mora, el escritor comunista que creó al 'Capitán Trueno'

2016-08-18 12:29:05

Ingresó en el PSUC el mismo año que creó al legendario héroe y dedicó media vida a combatir al fascismo desde una insólita trinchera, la de los tebeos.

JUAN JOSÉ TÉLLEZ, 18.08.2016

Víctor Mora, el escritor comunista que creó al 'Capitán Trueno'

 

CÁDIZ.- El azar le ha llevado a morir el mismo día que Federico García Lorca, con quien tanto quiso. Víctor Mora nació cinco años antes de la ejecución del poeta de Fuente Vaqueros pero dedicó media vida a combatir a sus verdugos, desde una insólita trinchera, la de los tebeos. Ningún censor se percató en su día de que El Capitán Trueno, el más célebre héroe del cómic hispano de su tiempo, dedicaba todo su empeño a derrocar tiranos y a colocar en su lugar consejos de ancianos, “que era lo más parecido que se me antojaba a una república”, diría su creador años más tarde.

“Nací el 6 de Junio de 1931. (Hubo otro “6 de junio”, célebre: el del Desembarco de Normandia, durante la Segunda Guerra Mundial...). He vivido, por otra parte, entre luchas y guerras muy sangrientas... ¡Sólo diré que no me gusta ninguna guerra! Y que creo que hay que resolver todos los problemas, con una mínima violencia, pensando que ésta SIEMPRE es posible. Saber a qué generación literaria pertenezco, es un trabajo que dejo a los siempre necesarios estudiosos...”

Así se expresaba en el texto que todavía figura en la página web de la fundación que lleva su nombre y que tiene su sede en el municipio de L´Escala: “¿Cuales son los objetivos de la “Fundaciò Victor Mora”...? Eso es algo que Armonía Rodríguez, mi esposa, podrá contar mejor que yo pues es quien se ocupa más de la cuestión. A “grosso modo”, puedo comentar que sus objetivos son culturales y de difusión de la literatura y la creación artística, en general. También constará de nuestras respectivas bibliotecas que, en conjunto, pueden sumar unos 10.000 volúmenes, algunos muy especializados, a más de documentos como fotografías, correspondencia, etc. etc”.

Entre aquellos estudiosos a los que se refería Mora figura otro guionista español de cómic, Rafael Marín, que ha seguido de cerca su obra: “El Capitán Trueno, lo comprendemos ahora, es un tebeo sencillo pero meditado. Su psicología no recurre a la angustia de otros héroes anteriores como El Guerrero del Antifaz ni los superhéroes que nos esperaban a la vuelta de aquella década. Trueno tiene unos parámetros de conducta sencillos y envidiables: es un héroe y se comporta como tal. Es amigo de sus amigos, y sonríe. La ingenuidad de la serie nos ha prestado momentos de pura magia: esos barcos veleros que pueden manejar perfectamente entre los tres solos, ese globo aerostático que se eleva por arte de magia, sin que importe el peso que parece tener ni se explique nunca qué le permite elevarse, pues no hay llama ninguna en la barcaza”.

El hijo de un exiliado

Víctor Mora era hijo de un relojero que se exilió para no ir a la guerra de Marruecos. Posteriormente, su padre ingresó en la policía de la primera Generalitat de Catalunya y fue uno de los últimos republicanos en dejar Puigcerdá ante el avance de las tropas fascistas en 1936. Veinte años más tarde, su hijo –al que inició en la lectura y el estudio –“amaba los libros y me los hizo amar a mí”—creaba El Capitán Trueno, un héroe que protagonizaría una larga serie de historietas de aventuras, de la mano del dibujante Miguel Ambrosio Zaragoza, más conocido como Ambros.

Hubo otros trazos para Trueno, como hubo otros guionistas –Casarell, Bayona, Acedo--, pero la industria tuvo que rendirse ante la pericia de Mora, que ya había visto morir a su padre en el exilio francés, tras sufrir las duras condiciones de vida de los campos de concentración, el de Bram, en el departamento del Aude, durante todo un año a su llegada al otro lado de la frontera.

Su madre, Dolors Pujadas Teixidó, tiró adelante como pudo, pero Víctor se decidió a regresar a casa: “Al volver a Barcelona, yo, por encima de todo, quería trabajar y dar salida a unos grandes anhelos de salir adelante con los pocos conocimientos que tenía... Estaba permanentemente inquieto, angustiado por nuestra situación de dependencia económica. Leía mucho en castellano y francés, y muy poco en catalán, mi lengua natal, maldita por el fascismo de la época. Realicé distintos trabajos como aprendiz de lo que fuera, siempre leyendo por la calle, y no olvidando nunca nada de lo que leía y aprendía. De una forma natural, diría, rechacé el fascismo –incluyendo el de la Segunda Guerra Mundial, claro- y me interesé por todo lo que se oponía a ello”.

[Leer completo en publico.es]

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humor.corto

—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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