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IBM PC 35 años de revolución informática

El cumpleaños del primer "ordenador personal" marca el comienzo de una ola que lo cambió todo para siempre

2016-08-22 13:35:02

José Cervera, eldiario.es, 21/08/2016

IBM PC, 1981

Para muchos, fue nuestra primera experiencia con un ordenador de verdad, a mediados de los 80, tras los Spectrum y los Amstrad y los Commodore y todas aquellas primeras máquinas que eran poco más que juguetes temperamentales. La caja era de color beige y sólida, hecha al estilo de la casa con chapa de barco y contenía dos disqueteras de 5 1/4 pulgadas con discos blandos (floppy disks), uno para el programa y otro para los datos; no había disco duro.

Entre el mobiliario universidad española de la biblioteca destacaba el  monitor de fósforo verde característico con pocas o ninguna posibilidad de mostrar figuras o imágenes, solo texto parpadeante. Lo acompañaban el teclado mecánico transmitiendo la solidez de un acorazado, la incoherente mesa metálica especial, la impresora matricial ruidosa y poco fiable.

Había que aproximarse con respeto: era el primer ordenador del departamento, quizá de la facultad, y en realidad casi nadie sabía utilizarlo. El IBM PC, presentado hace poco más de 35 años, el 12 de agosto de 1981, fue el primer Ordenador Personal; la definición del término, la misma esencia de lo que significa tener una computadora en casa.

Hubo otros antes, pero esta fue la máquina que sacó a la informática del círculo de los profesionales y los entusiastas hábiles con el soldador, cambiando para siempre el mundo de la computación, y el mundo en general. Porque sin el ordenador personal, la Internet que conocemos no existiría y, sin el  IBM PC, el ordenador personal no habría llegado a ser tan ubicuo como lo es hoy.

Y, sin embargo, esta gloriosa criatura estuvo a punto de no nacer jamás. De su tortuoso proceso de nacimiento y de las sorprendentes decisiones que se tomaron entonces nació una revolución.

El Rolls Royce de la oficina

Hoy es difícil imaginar el grado de control que tenía  IBM sobre el mundo de la informática a finales de los años 70 y principios de los 80. Apodada El Coloso de Armonk por el pequeño pueblecito del Estado de Nueva York donde está su sede, en 1970 el gigante azul tenía el 60% del mercado mundial de computadoras de todos los tipos y clases. En la década siguiente perdió el tren de los llamados minicomputadores, lo que supuso que en el mercado global su cuota cayó en 1980 hasta el 32%, pero todavía controlaba en 1981 el 62% del mercado de mainframes, grandes ordenadores para grandes empresas.

El foco de la compañía era resolver los problemas de gestión de información de sus clientes, que siempre eran grandes empresas. Para ello su foco estaba en un fanático control de calidad que conllevaba la integración vertical completa: IBM fabricaba todos los componentes de cada máquina, desde los procesadores al software e incluso las puertas de los armarios que albergaban la circuitería. Sus máquinas eran grandes, potentes, de alta calidad, difíciles de manejar, y caras. Un refrán de la industria esta época encapsula este punto de vista: "Nunca han despedido a nadie por comprar IBM".

Los ordenadores de IBM eran por tanto la opción fiable y segura para las compañías serias que habían alcanzado un cierto nivel: algo así como un Rolls Royce corporativo. El coste o la complejidad de manejo no eran obstáculo. En los años 60 uno de sus ordenadores, por ejemplo un modelo  IBM System/360 presentado en 1964, podía costar 9 millones de dólares de la época (casi 69 millones de hoy) y para funcionar necesitaba un equipo de 60 técnicos especializados y un espacio de más de 2.000 metros cuadrados con aire acondicionado.

Aquellas computadoras usaban programas de IBM en un sistema operativo de IBM con formatos de datos de IBM para realizar cálculos con los algoritmos propietarios de IBM mediante los circuitos lógicos y de memoria de IBM. No fue hasta 1980 que la empresa permitió que sus máquinas se pudiesen conectar con las de otros fabricantes. El ecosistema cerrado de Apple parece un paraíso de apertura comparado con el de IBM en los 70.

Todo en el Gigante Azul estaba enfocado hacia mejor servir, y vender, a las grandes compañías: su fuerza de ventas (y los incentivos), el modo de entrega y de pago, la estructura financiera de las compras, el ciclo de compra, el servicio postventa y de atención técnica, el control de calidad, la creación de software. Todos los elementos apuntaban al mercado macro, en calidad y precio. La empresa tenía códigos de vestimenta y hasta un himno corporativo que se cantaba en las reuniones.

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humor.corto

—Si mi Dios si quisiera acabaría con todos los infieles. —¿Y no te has preguntado por qué no lo hace?

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