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El club de los intereses mutuos

Un artículo de Jesús Maraña

2016-09-09 00:00:29

Jesús Maraña, infoLibre, 08/09/2016

¿Existe algún nexo entre hechos tan aparentemente distintos como el gatillazo de Soria en el Banco Mundial, las presiones para la formación de nuevo Gobierno, las causas por corrupción en el PP y la imposición casi absoluta del discurso único en los medios de comunicación? Lo hay. Se trata de lo que podría llamarse Club de los Intereses Mutuos, en el que se protegen (cueste lo que cueste) las posiciones de poder y las estupendas remuneraciones que mantienen desde hace años determinados políticos, empresarios, banqueros, altos ejecutivos y editores.

Si no fuera por la distorsión que produce la existencia de esa mutualidad de intereses particulares, el debate de fondo al que deberíamos estar asistiendo desde el pasado 20 de diciembre tendría que referirse a las medidas necesarias para sostener el Estado de bienestar, a las posibilidades de acordar un nuevo modelo territorial que evite rupturas nacionalistas, a la lucha contra la desigualdad y la precariedad o a la capacidad real del Gobierno español para ejecutar políticas nacionales distintas a las marcadas por el núcleo duro de la Unión Europea y las instituciones (fallidas) del euro.

La democracia no está “en funciones”, de modo que lo exigible a las fuerzas parlamentarias (más ‘viejas’ o más ‘nuevas’) sería una profunda discusión política e ideológica, cargada de datos y argumentos, que permita a la ciudadanía conocer las opciones reales de cambio y regeneración y las posibilidades de puntos de encuentro que favorezcan la formación de gobiernos capaces de representar a una mayoría social expresada en las urnas.

Tal debate no se produce, entre otras razones, porque el Club de los Intereses Mutuos tiene prioridades más simples y prosaicas. El caso Soria es un ejemplo más. Lo trascendente no es tanto lo que finalmente ocurra con el destino particular del exministro sino la evidencia de que el jefe del Gobierno de España, su vicepresidenta, su ministro de Economía, la secretaria general del partido que lo sostiene y su locuaz portavoz en el Congreso pueden mentir descaradamente a la ciudadanía y continuar en sus puestos (en funciones) como si nada hubiera pasado. De Guindos y Rajoy no cometieron “un error”, como repite cansinamente todo el aparato mediático de propaganda, sino que se inventaron un concurso público que no existía y forzaron una decisión política irregular para colocar a su amigo y compañero de club en el Banco Mundial, con un sueldo de más de 200.000 euros anuales (libres de impuestos, como le gusta a Soria).

¿Qué regeneración?

Ojalá fuera cierto lo que tanto se ha celebrado en las redes sociales, y fuera la sonora protesta ciudadana lo que hubiera frenado la pretendida cacicada. Desgraciadamente no es así. Si no faltaran dos semanas para las elecciones gallegas y vascas, y nombres del peso de Núñez Feijóo o Alfonso Alonso en el PP no le hubieran advertido a Rajoy algo así como “¡vamos a hacer el ridículo en las ruedas de prensa y en las urnas!”, José Manuel Soria sería director ejecutivo del Banco Mundial con absoluta seguridad. ¿Acaso no mintieron también para proteger a Arias Cañete y ubicarlo como vicepresidente de la Unión Europea? ¿Qué me dicen de Rita Barberá, paciente tras los visillos y blindada en el Senado mientras todo su equipo desfila por el juzgado? ¿Acaso no intentó Rajoy colocar como presidente del Congreso a su amigo Fernández Díaz, el ministro del Interior más incompetente de la historia reciente de España (¡y ya es difícil superar a algunos predecesores!)? ¿Admite alguien apuestas sobre los flamantes destinos que, en caso de continuidad de Rajoy, esperan a ilustres y contrastados mentirosos como el mismo Fernández Díaz, María Dolores de Cospedal o Luis de Guindos? 

No hay regeneración posible mientras desde la propia política se considere (como lo considera el pacto de los montes firmado por PP y Ciudadanos) que el baremo de calidad ética se mide en los tribunales y no en sede parlamentaria. Si de verdad se cree y se defiende la separación de poderes, ya sobra la discusión sobre el momento procesal en que un político tiene que irse a casa: pues cuando es imputado o investigado o como quiera llamarse. Simplemente cuando existe una acusación y hay más pruebas de culpabilidad que de inocencia, y con la garantía de que si finalmente se demuestra esa inocencia, también debe ser restaurada por completo la dignidad del sujeto.

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humor.corto

–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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