estamos pensando...

13. OTRA BRISA EN LA OLA DE CALOR

ALGO DETRÁS DE TODO. POR J. FRANCISCO FABIÁN

2016-09-14 18:38:40

Agobiado por el intenso calor que se acumulaba día y noche en su casa debido a la oleada de altas temperaturas, aburrido de que en la televisión no dieran nada estimulante y de que por ello le recriminaran los constantes cambios de canal cuando descuidaba su mujer el mando cayendo en sus manos, empezó a pensar en salir a la terraza a ver si lograba captar algún efluvio de aire fresco en la fatigosa noche de principios de agosto. Dentro hacía mucho calor, pero fuera, ni aún a las once y media de la noche, se notaba gran diferencia. Tampoco había atisbos de una tormenta que dijeron podía llegar. No aciertan una, pensó con pesimismo, aun sabiendo que lo que acababa de pensar era por la mera frustración, ya que de sobra sabía que los del tiempo aciertan casi siempre, aunque cuando fallan parece que no acertaran nunca. Algo le congestionaba la mente de la peor manera posible con aquel asqueroso calor y en ello le hacía ver como especialmente trágico que su hija permaneciera sentada en un sillón sin dejar un momento de manipular el móvil, que su suegra estuviera ese mes con ellos porque la hermana soltera de su mujer se hubiera ido 15 días a Benidorm, que su hijo mayor pusiera la música demasiado alta encerrado en su habitación o que su esposa hiciera cualquier cosa que le molestara, aunque solo fuera moverse un poco más de la cuenta, asfixiada también por el calor y esos sofocos. Todo junto le provocaba un malestar en el temperamento con el que, como otras noches, se iría a la cama, donde dormiría a golpes, daría vueltas sin parar, le molestaría rozarse con su esposa y que ella también tuviera calor y donde, desvelado, acabaría envuelto en pensamientos que le hacían ver grande lo pequeño, poniéndole con exageración contra cualquier cosa en particular y contra el mundo en general.

A propósito de una carcajada de su mujer a coro con su madre, viendo en la televisión un programa insulso, que con calor podía triplicar el tedio, se levantó bruscamente del sofá dirigiéndose al balcón. Esperaba que estando desnudo de medio cuerpo una brisa de alivio le acariciara la piel nada más irrumpir en el exterior. Pero no había ninguna brisa allí fuera. Se apoyó en la barandilla del balcón y miró al frente, a la multitud de lucecitas que iluminaban la oscuridad procedentes de los cientos de pisos como el suyo, en los que a esa hora sus moradores hacían lo mismo: matar el día viendo la televisión a la luz de una lámpara o a oscuras, para evitar más focos de calor. Al fondo, todavía a esa hora, se unía a todas las sensaciones inmediatas de fatiga, el ruido de la ciudad, ese ruido resultante de muchos ruidos pequeños que se suman y que parece que no se perciben, pero sí se perciben; se perciben inconscientemente tanto que ayudan a incrementar la sensación de vaguedad y malestar del final de un día de insoportable bochorno.

Parecía que venía a ráfagas una suave brisa, pero nunca llegaba a ser la que deseaba, lo cual servía para aumentar su frustración. Todo parecía en contra. Era cosa del calor. Ni siquiera deseaba fumar, porque fumar sin otros encantos que lo rodearan, dejaba de ser un placer y se convertía en un vicio. Eso lo tenía bien controlado y pactado consigo mismo desde que había vuelto hacía tres meses.

De repente oyó cerca un ruido que pareció de tos y se giró inconscientemente a un lado para identificarlo. Había entre su piso y el del vecino una mampara de metacrilato opaco que, antes de finalizar en la barandilla compartida, se estrechaba, permitiendo verse recíprocamente parte del interior de las dos terrazas. En medio de la cierta oscuridad que envolvía la terraza vecina vio, primero, unos ojos grandes que le miraron a la par. Enseguida vio también una cara redonda a la que aquellos ojos adornaban como con una exactitud calculada, creada a capricho, y luego, un cabello oscuro que enmarcaba el rostro joven de su vecina con apenas dieciocho años. Finalmente vio una sonrisa con perfume de rosa que presentó todo el conjunto como una visión por completo fuera de la realidad que vivía. Buenas noches, le dijo ella al encontrase las miradas. Hola, Inés, buenas noches. Hace calor, eh?, le respondió. Ella asintió con la cabeza, quizá dijo algo además, pero él no lo captó bien. No supo seguir, sintió ganas de fumar. Ahora sí y se olvidó de la brisa que esperaba, de la frustración en la previsión de tormenta y de todo el calor que le atormentaba. Solo fumó despacio, mirando fijamente a la luz de un farol encendido y solitario en el parquecillo de la urbanización debajo de su piso, notando que a su lado, separados por la mampara de metacrilato, su joven vecina hacía lo mismo. A pesar de que aún no  llegaba la brisa fresca que esperaba, la vida le pareció, otra vez, algo cuando menos interesante. Aunque siguiera haciendo tanto calor.  

Comentarios

Escribe tu comentario

Su Comentario

Su Nombre

humor.corto

ACTUACIÓN FIESTAS DE VERANO Todos los días, el grupo de música española: Alí Babá y los Cuarenta Genoveses. (Procurar no llevar carteras ni relojes)

>
Concurso de Micrrorrelatos Avilabierta

Lo último que hemos colgado

¿Quiénes somos? - Saliendo al paso - Aviso para navegantes - Contacto