estamos pensando...

Los misioneros laicos de la República

La llegada de las misiones pedagógicas significó para muchos campesinos de pueblos remotos el descubrimiento del cine o del teatro

2016-09-19 00:00:38

Miguel Ángel Villena, infoLibre,  12/09/2016

Representación teatral en Valdeorras (Ourense).

Llegaron aquellos misioneros laicos a multitud de pueblos remotos de la España rural, todavía anclados en la Edad Media, y fueron recibidos con una mezcla de sorpresa, expectación y recelo que, al final, derivó en un sentimiento de auténtico entusiasmo de los lugareños. Las misiones pedagógicas, inspiradas en las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, fueron uno de los grandes ejes de la reforma educativa que los gobiernos de la Segunda República impulsaron entre 1931 y 1936. Millares de voluntarios, la mayoría de ellos maestros y estudiantes, pero también intelectuales de la talla de Federico García Lorca, Luis Cernuda o Ramón Gaya recorrieron aldeas de la España profunda y analfabeta para predicar la buena nueva que no era otra que acercar la cultura hasta el último rincón.

“Se trata de una experiencia poco conocida, más allá de iniciativas como el grupo teatral La Barraca que dirigió Lorca”, señala Alejandro Tiana, catedrático de Historia de la Educación y rector de la UNED que acaba de publicar el libro Las misiones pedagógicas (Catarata), un ensayo riguroso y ameno sobre aquella aventura cultural. En opinión de Tiana, en aquellas misiones confluyeron las ideas socialistas con el proyecto de renovación pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) que habían impulsado profesores como Bartolomé Cossio o Fernando Giner de los Ríos desde finales del siglo XIX. “Cuando se proclama la República en 1931”, comenta el autor, “algunos de los principales institucionistas ocupan puestos de responsabilidad en el Gobierno, como Rodolfo Llopis, que fue director general del Ministerio de Instrucción Pública. De este modo se crearon condiciones muy favorables para que la educación y la cultura llegaran a todos los sectores sociales”. Los dirigentes republicanos estaban muy preocupados por el atraso del mundo rural y por su sumisión hacia el poder de la Iglesia y de los caciques. Llopis dejó escrito en 1931 que “las grandes ciudades son republicanas, mientras que el campo sigue aferrado a la tradición”.

Para miles de gentes de zonas rurales (hombres, mujeres y niños) la llegada de las misiones pedagógicas significó el descubrimiento del cine o de las representaciones teatrales. Grupos de misioneros arribaron así cargados con proyectores, con tablados de escenarios o con libros, a lomos de mulos o en destartaladas camionetas para acercar, por primera vez, la cultura a poblaciones en su mayoría analfabetas. “En cualquier caso”, explica Tiana, “los miembros de las misiones pedagógicas desplegaron su labor con mucho respeto hacia los vecinos y con un propósito declarado de recuperar una cultura rural, en buena medida despreciada en los núcleos urbanos. Además aquella experiencia resultó muy original porque ponía el acento no solamente en que los campesinos aprendieran a leer y escribir, sino también en que las gentes del campo tuvieran una formación cultural y artística. Por otra parte, aquellos habitantes de pequeños pueblos valoraron poco a poco la generosidad de unos maestros y estudiantes que, en su tiempo libre y de forma totalmente altruista, viajaban hasta localidades remotas para representar una función de teatro”.

Las fotos que se han conservado de aquella época valen, como siempre, más que millones de palabras y así las expresiones de asombro y fascinación ante la primera película que veían en sus vidas, por poner un ejemplo, reflejan un país que ansiaba salir del subdesarrollo. El manifiesto con el que se presentaban los misioneros ante sus auditorios resulta muy revelador de su filosofía y sus intenciones. “Porque el Gobierno de la República”, decía aquella declaración, “que nos envía, nos ha dicho que vengamos ante todo a las aldeas, a las más pobres, a las más escondidas, a las más abandonadas, y que vengamos a enseñaros algo, algo de lo que no sabéis por estar siempre tan solos y tan lejos de donde otros lo aprenden. Y porque nadie, hasta ahora, ha venido a enseñároslo. Pero que vengamos también, y lo primero a divertiros, como os alegran y divierten los cómicos y los titiriteros”.

[Leer completo en infolibre.es]

Comentarios

Escribe tu comentario

Su Comentario

Su Nombre

humor.corto

– ¡Mamá, no me puedo bañar en la playa, hay un grupo de hienas en la arena! –Con cuidado hijo, es el Gobierno que está de vacaciones.

>
Concurso de Micrrorrelatos Avilabierta

Lo último que hemos colgado

¿Quiénes somos? - Saliendo al paso - Aviso para navegantes - Contacto