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Así funcionan los escuadrones de la muerte que inundan de sangre Filipinas

Cruzada nacional contra el crimen del presidente filipino Rodrigo Duterte

2016-10-15 12:58:32

Desde que Rodrigo Duterte asumió la presidencia en julio, miles de personas han sido asesinadas como parte de una brutal 'cruzada nacional' contra el crimen

Según un agente, parte de la responsabilidad de la matanza es de la policía secreta: "Somos ángeles a los que Dios ha dado la misión de devolver las almas malvadas al Cielo"

Kate Lamb theguardian/eldiario.es, 09/10/2016

El presidente electo Duterte quiere reimplantar la pena de muerte en Filipinas EFE / Davao City (Philippines)

 

 “No somos ni malos policías ni malas personas. Somos simplemente herramientas, ángeles a los que Dios ha dado la misión de devolver las almas malvadas al Cielo y limpiarlas".

Las palabras salen con una frialdad desconcertante de los labios de un veterano agente de la Policía Nacional Filipina (PNP, por sus siglas en filipino) mientras explica su participación en 87 asesinatos en los últimos tres meses. 

Dice que no se trata de matar por placer, ni de ser un “maníaco homicida”. Según él, hay un propósito superior en juego. “Somos ángeles. Como San Miguel o San Gabriel", afirma. 

Más de 3.600 personas han sido asesinadas en Filipinas desde el 1 de julio de este año, cuando Rodrigo Duterte asumió la presidencia y comenzó una guerra contra el crimen y el narcotráfico. Más de la mitad de esos asesinatos han sido cometidos por “justicieros” anónimos. 

Estos asesinatos masivos han hecho sonar las alarmas internacionales: desde las Naciones Unidas hasta Barack Obama y su gobierno, así como Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Amnistía Internacional incluso ha emitido advertencias sobre el “clima de anarquía y miedo que se ha apoderado del país”. 

El miedo es que Filipinas haya entrado en una era de escuadrones de la muerte. Las declaraciones del presidente y las acusaciones contra él no ayudan en nada. La semana pasada, Duterte, hablando de Hitler y el Holocausto, aseguró que él con todo gusto “eliminaría” a tres millones de adictos a las drogas.

Antes de eso, el mes pasado, en medio una investigación que está realizando el Senado, un asesino a sueldo confeso brindó su testimonio y aseguró que Duterte, cuando era alcalde de la ciudad de Davao, había dado la orden de asesinar a delincuentes y a sus propios rivales, y afirmó que en un caso Duterte incluso “liquidó” personalmente a un empleado del Ministerio de Justicia con un arma semiautomática. 

Estos relatos macabros no han hecho más que alimentar las historias que ya circulaban sobre asesinos contratados por la policía para eliminar a supuestos narcotraficantes. 

Ahora, por primera vez, un agente de las fuerzas de seguridad revela el funcionamiento interno de lo que él alega es una campaña oficial, aunque secreta, para limpiar las calles de todos los ciudadanos indeseados.

El agente afirma que en los últimos tres meses sólo él y su “equipo de operaciones especiales” han asesinado (o en la jerga de la policía filipina, “neutralizado”) a decenas de personas.

Es el lado desconocido de la guerra sucia de Duterte contra las drogas, pero no proviene de la nada. 

La muerte llega tras un llamado telefónico

El agente de policía está sentado al otro lado de una cortina de mostacillas, en una habitación al fondo de un burdel de Manila. Allí comienza a relatar la historia de su trabajo. 

El agente, es actualmente miembro activo de las fuerzas de seguridad –como the Guardian confirmó de forma independiente–,  parece tranquilo. Se siente seguro y ha elegido este lugar para ser entrevistado.

“A veces vengo aquí sólo para poder dormir bien”, bromea, echando un vistazo al colchón que ocupa la anodina habitación privada. En las paredes solo hay un aparato de aire acondicionado que emite un fuerte zumbido en medio del calor tropical. 

Más tarde dirá que los burdeles son sitios discretos, donde se puede tener conversaciones sin que nadie oiga.  Pero antes revela lo que para muchos serán detalles escalofriantes de su trabajo en un escuadrón de la muerte. 

[Leer completo en eldiario.es]

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