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Los creacionistas se pierden lo más fascinante de nuestra realidad

Entrevista a Christophe Galfard

2016-10-15 13:08:35

Blackie Books publica El universo en tu mano, la obra más ambiciosa de Christopher Galfard, uno de los discípulos más brillantes de Stephen Hawking

El libro plantea un repaso didáctico a "todo lo que sabemos del universo hasta ahora" utilizando sólo una ecuación: E=mc2

Francesc Miró  eldiario.es, 04/10/2016

Christophe Galfard. Foto de Astrid di Crollalanza © Flammarion.

 

Christophe Galfard habla como lo hacen los grandes oradores, pausadamente, entonando con cuidado y haciendo de los silencios parte de su discurso. Ya lo decía Séneca, que aquel que no puede callar no sabe hablar.

Es su profesión, al fin y al cabo se dedica a contar historias. Pero no como lo haría un storyteller corriente, sino como el divulgador científico en el que se ha convertido. Después de doctorarse en Física Teórica por la Universidad de Cambridge, trabajó con Stephen Hawking estudiando los agujeros negros y el origen (u orígenes) de nuestro universo. Desde entonces, se dedica a difundir lo que aprendió. Ha dirigido shows, ha dado charlas y ha escrito libros por los que se ha granjeado el título de "el discípulo más brillante de Hawking".

Blackie Books acaba de publicar su última y más ambiciosa obra. Con El universo en tu mano pretende que cualquier lector se haga una idea de todo lo que conoce en la actualidad sobre el cosmos. Una tarea gigantesca a la que dedica un ensayo de 456 páginas que no es sino un libro de aventuras. Su lenguaje sencillo y su ritmo, se diría que hasta adictivo, hacen que el libro no se desarrolle, se expanda ante quien quiera meterse en sus páginas, seguir sus razonamientos y reír con sus ejemplos. Una auténtica epopeya digna de investigar.

Se doctoró en Física bajo la tutela de Stephen Hawking. ¿Cómo fue estudiar e investigar con una de las más grandes mentes del mundo actual?

Pues no fue fácil para nada. Aunque no fue por mí, ni tampoco por Stephen. Cuando empiezas una investigación teórica en una de  las mejores universidades del mundo, las preguntas a las que intentas encontrar respuesta son bastante... digamos... profundas. Y empiezas sin saber nada. Tienes que aprender como utilizar las herramientas que tenemos, básicamente matemáticas, para hacerlas cuadrar con las ideas que tienes sobre el universo. Así que sí, fue duro trabajar con Stephen porque en su trabajo no existen las vacaciones, ni tienes fines de semana. Vamos, que es agotador. A cambio, tienes la oportunidad de viajar con él y conocer a los mejores científicos del planeta. Y eso está guay. Sobre todo si tienes 22 años.

Después de haber estado con algunos de los más prestigiosos científicos del mundo, tomó la decisión de alejarse de la facultad para convertirse en divulgador. ¿Qué le empujó a dedicarse a esto? ¿Cómo fue el paso de las aulas a los platós de televisión?

Cuando estuve viajando con Stephen, allá donde iba le invitaban a dar charlas. Eran encuentros públicos y enormes con miles de personas escuchando. Aunque yo no estoy ni tan siquiera cerca de su genio, sí que vi el impacto que creaba en la gente que iba a aquellos eventos. Pensé que era importantísimo seguir haciendo eso, seguir diciendo a la gente qué es lo que hace la ciencia.

Creo que todo se basa en dotar a la gente de herramientas y escudos con los que protegerse de la basura que muchas veces escuchan o leen. En realidad es algo muy democrático, la idea de extender ese conocimiento. Ya sé que a veces tienes que comprar un libro, pero a la larga lo que te cuesta no es tanto comparado con la posibilidad de estar al corriente de lo que el ser humano sabe ahora mismo.

Se podría decir que ser humano es también ser parte de ese conocimiento. Por eso, cuando acompañaba a Stephen a esas charlas me di cuenta que es lo que quería hacer. De hecho, recuerdo que ya me encantaba hacerlo cuando era adolescente. En verano, con mis colegas alrededor de una hoguera y esas cosas... básicamente me encantaba contar lo que sabía.

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