estamos pensando...

6. Infiel (es) (-II-)

( Continuación)

Algo DETRÁS de todo. Por J. Francisco Fabián

2014-12-05 01:40:16

Aquella mañana se levantó temprano a caminar por el camino de Fuentes Claras, como cada día desde que le habían dicho lo del colesterol. Un día más su mujer se levantó con pocas fuerzas y tendría él que ir a las compras para el fin de semana. Poco después de las diez y media cruzó por la puerta del Peso de la Harina, camino de la plaza de abastos, con la bolsa doblada bajo el brazo que había comprado en el Carrefour, cuando empezaron a cobrar por las de plástico. No le importaba hacer la compra. Al contrario le parecía estimulante.

Llegaron a las diez y media porque como era julio se podía madrugar. María, la hija mayor, les acompañaba. Lo había dejado otra vez con su novio el día antes y cada vez que eso pasaba su mejor refugio era la compañía de la familia. Dejaron el coche en la ronda norte de la muralla y se dirigieron a la catedral con los otros dos matrimonios amigos. Le fascinaban las vidrieras de todas las catedrales iluminadas por la luz intensa del verano.

Vio, aunque no hizo mucho caso, a un grupo de gente mirando la fachada de la catedral, los típicos turistas madrugadores a los que les gusta aspirar la esencia fresca de las mañanas de verano, antes de que llegue el calor meseteño y lo sofoque todo.

Le gustaba pasear por las ciudades antiguas notando esa sensación del peso de la Historia que hay en ellas. Así que les convenció a todos para caminar por las calles de Ávila, que poco a poco se iban poblando de gente hasta terminar en la plaza del ayuntamiento, donde los más sedientos podrían tomarse un refresco y además había unas terrazas estupendas sin el ruido de los coches.

Estuvo intranquilo comprando en la plaza de abastos un poco de pescado y carne y fruta porque había dejado a su mujer poco bien al salir de casa. Por eso no tuvo la calma de otras veces y fue a llevar las compras y ver así si estaba bien. Estaba regular, podía quedarse sentada en el sillón al sol detrás del balcón si él se ausentaba de nuevo un rato. Como no quería renunciar a tomarse el vino de siempre, puso la disculpa de un olvido y se marchó de nuevo. Quería caminar por las calles del centro, más animadas los sábados en verano por los turistas, y luego tomarse un vino en alguno de los bares del Mercado Chico con alguno de los asiduos a esa hora.

Comieron carne de Ávila, por supuesto, era una de las razones de la visita y cuando terminaron, ninguna cosa mejor que buscar cobijo debajo de las sombrillas de una de las terrazas de la plaza de Santa Teresa, controlando el calor y viendo pasar a la gente con un café con hielo delante.

El médico visitó a su mujer a eso de las cuatro y media porque se sentía peor después de la comida, incluso había vomitado. Le recetó unas cosas y le dijo que procurara tranquilizarla porque en lo suyo mucho influían los nervios. La farmacia de guardia era la del Mercado Grande. Cruzó, sofocado, la plaza en medio del calor de la tarde, con esa preocupación por su mujer que ya empezaba a ser crónica. Luego volvió a casa.

Al atardecer, con un helado cada uno en la mano, fueron camino del coche que estaba ardiendo de estar todo el día al sol. En ese momento volvió a pensar –y sería por quinta vez aproximadamente- que quizá viviría allí él, como le había dicho en el breve tiempo en que le conoció. Aunque sabía que muchas veces se dicen las cosas para el futuro solo por decir, como sueños posibles. Hubiera sido un corte encontrarlo de frente, si es que se hubieran reconocido. Mejor así para evitar problemas y quizá decepciones.

Con las gafas en la punta de la nariz para estar a todo, estaba pendiente del periódico, del atardecer y de una película que daban en la televisión. Había una cara que le recordaba a otra cara, por eso cada vez que reconocía la voz de su propietaria, levantaba la vista del periódico o del atardecer y miraba a aquel rostro detenidamente hasta que desaparecía. Su mujer mientras tanto, tumbada en el sofá, con medio cuerpo suficientemente inclinado para poder ver la televisión seguía sin sentirse bien, aunque los fármacos recetados por el médico le habían hecho reacción y al menos estaba más tranquila.

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humor.corto

—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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