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Al Gilipoceno hemos llegado

Se donomina Antropoceno al momento en que los humanos conseguimos cambiar el ciclo vital del planeta.

2016-11-04 10:34:01

Por Javier González Alonso

Estamos en una nueva era geológica, según lo aprobado en el XXXV Congreso Internacional de Geología, celebrado en Sudáfrica a últimos de agosto pasado, que ha sido llamada Antropoceno: “el momento en que los humanos conseguimos cambiar el ciclo vital del planeta, cuando los humanos sacamos al planeta de su variabilidad natural”, en palabras de Alejandro Cearreta, el único científico español que formaba parte del equipo encargado de determinar si se ha cambiado el momento geológico. Tras años de investigación, se ha llegado a la conclusión de que la actividad humana quedará para siempre grabada en todo el planeta como un estrato bien identificables, visible dentro de millones de años en cuevas y acantilados. La marca que determina el cambio geológico son los residuos radiactivos del plutonio, merced a las numerosas pruebas nucleares realizados a lo largo de la segundo mitad del siglo pasado, el XX.

Quizá se podía haber optado por otra fecha anterior, en torno a 1800, con la llegada de la Revolución Industrial, pero sus huellas no alcanzan a todo el planeta por igual, por lo que fue descartada. Para que haya un cambio en el calendario geológico, tiene que haber una señal inequívoca a escala global y sincrónica, que todo el planeta presente esa incidencia, irreversiblemente. Nuestro presencia, mejor dicho, nuestro comportamiento para con el planeta, ya se nota desde hace miles de años, a pequeña escala, pero hemos sobrepasado ese límite y estamos ante un acontecimiento global: nosotros y nuestros plásticos, que ya se encuentran en todas partes; la extinción masiva de flora y fauna, pues se llega a mencionar que, en los próximos siglos, veremos extinguirse al 75% de las especies actuales; el alto nivel de CO2 en la atmósfera, causante del acelerado cambio climático que estamos experimentando; la acidificación de los mares y océanos, por citar algunos casos, ponen de manifiesto el completo cambio que está sufriendo la Tierra.

Uno de los sitios que se ha propuesto como “clavo dorado”, término que señala un lugar, un estratotipo, que sirva de referencia mundial para señalar el comienzo de la nueva etapa geológica, lo encontramos la playa de Tunelboca, en la Ría de Bilbao, donde una franja de siete metros de sedimentos muestras claramente los efectos de la industrialización, debido a la acumulación de escorias vertidas por los altos hornos, arrastrados hasta allí por el oleaje y las corrientes marinas. Otro estratotipo a añadir a los tres que ya se encuentran en Euskadi: uno en la playa de Gorrondatxe-Azkorri, en Getxo; y, los otros dos, en Zumaia, dentro del Geoparque de la Costa Vasca, auténticos paraísos para quienes disfrutamos de la naturaleza en todas sus formas: geológicas, botánicas, zoológicas, etnográficas, etc.

Obligados por esta nueva era, por esta nueva constatación de la responsabilidad que tenemos los humanos como guardianes de la Tierra, debemos empezar a adaptar medidas a corto plazo para minimizar estos impactos, aunque, como hemos vivido no hace mucho, los escépticos, industrias y políticos varios, no van a permitir que se avance a un ritmo adecuado, sino que pondrán todo su empeño en desmontar estas iniciativas: lo que se llama resistencia interesada, que retrasará lo máximo posible la acción política. Ya se ha demostrado que, como con la capa de ozono y su recuperación, cuando queremos hacer algo, somos capaces de dar lo mejor de nosotros… si el primo de Rajoy, el químico, está de acuerdo.

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—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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