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La película más seductora del año

"La Doncella". El director de Oldboy vuelve a nuestras pantallas con un relato cargado de erotismo pero también de elementos macabros. Su mezcla de estilos y elegancia visual la convierten en una de las películas más singulares que ha pasado por nuestras pantallas en lo que va de año.

2016-12-09 20:27:01

Francesc Miró, eldiario.es,06/12/2016

'La Doncella' de Park Chan-Wook. La Aventura Audiovisual.

En 1929, Edogawa Rampo, el padre de la literatura criminal japonesa, escribió un relato titulado La oruga ( Imomushi). Era sobre una mujer que torturaba, mediante el sexo, a su marido mutilado por la guerra. Aunque su producción era bien retorcida, resulta que este fue el único relato de toda su obra que llegó a ser prohibido en el país. La censura militar veía en la narración demasiados elementos escabrosos, además de un poso antibelicista.

Es en este conflicto bélico -la ocupación japonesa de Corea- que se enmarca la última película del surcoreano Park Chan-wook La doncella narra la historia de una criada coreana contratada por una rica mujer japonesa que vive recluida en una mansión oscura y llena de secretos. Entre las paredes de ese extraño lugar se esconden historias entre las que La oruga bien podría haber encajado a la perfección.

La presencia de la literatura ero-guro que Rampo supo manejar como nadie cae suavemente sobre cada uno de los planos de la última película de Chan-wook. Ahora, más de ochenta años después, la etiqueta de narrador magistral de lo macabro ha cambiado de amo, de nacionalidad e incluso de arte. La doncella es, posiblemente, una de las mejores películas de este año y también una de las más turbadoras.

Sexo, poder y otros demonios

Se le atribuye a Oscar Wilde una frase que muchos escuchamos por primera vez en boca de Kevin Spacey, y que decía aquello de que en la vida "todo trata de sexo, excepto el sexo. El sexo trata de poder". El mensaje, simple pero efectivo, cala en la trama de esta película hasta lo más hondo. La doncella es un filme en el que ambos conceptos se encuentran y se fusionan de manera indisoluble. De hecho, Park Chan-wook ha basado gran parte de su carrera en historias que reflexionan sobre ellos.

En la Trilogía de la venganza, de la que Oldboy es su más célebre episodio pero no necesariamente el mejor, subyacía siempre una reflexión que partía del mismo hecho: haber sido víctima de un abuso de poder. La respuesta era tomarse la justicia por cuenta propia de la manera más maquiavélica posible. Si el sexo era parte de la ecuación, tanto mejor.

En Thirst, la sotana de sacerdote del protagonista era una prisión sin la cual los dos conceptos de los que hablamos cogían fuerza para hacer caer al espectador en un huracán de exceso. Y en Stoker, la primera película norteamericana del realizador, las extrañas relaciones incestuosas se daban por injerencia de la atracción y la autoridad.

En este nuevo relato están todas sus manías pero mejor ensambladas que nunca. La venganza forma parte de una trama mayor que se llena de giros propios del thriller moderno. El amor, con un punto perverso, es la pasta sobre la que se fundamenta una trama que se burla del romanticismo palaciego a la vez lo reivindica.

El poder se nos presenta en sus más variadas formas políticas y sociales. En la cinta, Japón lo ejerce sobre Corea, la nobleza lo ejerce sobre los sirvientes, y el hombre lo ejerce sobre la mujer. Es aquí cuando surge el sexo, que en esta película lo es todo: desde el arma más sofisticada hasta la última redención.

Para el director surcoreano si el poder corrompe, el sexo también. Pero a diferencia de lo que argumentan propuestas reaccionarias como Cincuenta sombras de Grey, aquí las relaciones sexuales y afectivas pueden ser empoderadoras. Pueden ser un camino hacia la liberación, una revolución íntima dentro de un sistema que lo banaliza y lo convierte en mercancía con la que traficar. Con la que explotar. Algo contra lo que sus dos protagonistas se rebelarán, se interponga lo que se interponga en su camino.

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