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Quiero leer en papel

El libro impreso sobrevive en plena era digital a pesar de los negros augurios que despertó en 2007 la irrupción del ‘e-book’

2016-12-09 20:46:02

Joseba Elola EL PAÍS, 9 OCT 2016

Peter Marlow Magnum Photos / Vídeo: EL PAÍS

 

La elegía del papel tendrá que esperar. Los negros augurios que daban por muerto al libro impreso, ese vehículo de ideas que cambió la historia de la humanidad, el más poderoso objeto de nuestros tiempos según claman algunos, no se han cumplido. El e-book no lo entierra; al menos, todavía. Persiste el olor a papel, a tinta, a cola; el tótem sigue vivo, tocado, pero coleando.

Por mucho que los medios y plataformas hablemos de lo nuevo, de lo que está por llegar, del último gadget tecnológico, luego está la tozudez de las estadísticas. Y son bien claras, tanto aquí, como en Estados Unidos. Dos de cada tres personas siguen leyendo los libros, sobre todo, en papel.

El deslumbramiento que produjeron los nuevos dispositivos electrónicos de lectura se ha estabilizado. Dejaron de ser moda para convertirse, eso sí, en un hecho, en un fenómeno que llegó para quedarse. La amenaza que muchos editores veían a principios de siglo en el e-book ha cambiado de aspecto. Se esconde dentro del móvil. Es el cambio de hábitos. Pero recordemos, antes de nada, cómo empezó todo.

El entierro anticipado del libro impreso tomó forma con el nuevo siglo. “El libro está muerto, larga vida al libro”, proclamaba, ufano, en mayo de 2006, el gurú Jeff Jarvis, apóstol de la revolución digital que cargaba contra los libros por ser unidireccionales, por no abrir puertas, por no incorporar enlaces, por ser demasiado largos. Idénticas palabras utilizaba Jeff Gómez, voceador de la revolución del e-book, desde la portada del libro que publicó en 2007: El libro impreso está muerto: libros en nuestra era digital (Print Is Dead: Books in our Digital Age).

El entusiasmo digital ya embargaba por aquel entonces a altos ejecutivos de la industria como Alberto Vitale, al frente de Random House a principios de siglo. En el año 2000, Vitale pregonaba el fin del papel en el 26º Congreso de la Unión Internacional de Editores, según recuerda un ilustre editor español. El fantasma del libro electrónico ya sobrevolaba aquella cita. Aparecía la inquietud en el gremio.

El bienio 2007-2008 se vistió de Kindle y de Lehman Brothers, combinación letal (para el sector editorial tradicional) que precipitó las visiones apocalípticas, la sensación de funeral. Las ventas comenzaron a caer en picado, hasta el punto de llegar a esquilmar los ingresos que genera el papel en un 30% con respecto a los años previos a la crisis. El libro electrónico adquiría aspecto de verdugo.

Pero la narración de la cacareada y, supuestamente, inapelable desaparición del libro impreso admite quiebros. Y aunque no se puede hablar de un gran cambio de tendencia, es momento de arquear las cejas. Por viejuno, old school y voluntarista que pueda parecer este planteamiento.

Las cifras que Nielsen BookScan ofrece de Estados Unidos anticipan posibles escenarios futuros en el resto del mundo. En 2015 se vendieron 571 millones de libros impresos, 17 millones más que el año anterior. Y según la consultora Forrester Research, el año pasado se vendieron en EE UU 12 millones de e-books frente a los 20 millones de 2011.

El pronóstico de que el libro digital se comería la mitad del mercado no se ha cumplido. Copa el 25% de las ventas. Eso, en Estados Unidos. En España, el libro digital, según los datos de la Federación de Gremios de Editores, representa el 5,1% de la facturación total del sector.

La cifra de negocio de las editoriales españolas ha crecido un 2,8% en 2015, hasta alcanzar los 2.257,07 millones de euros. Así han quedado confirmados los tímidos crecimientos que ya se apuntaban en 2014. La venta de libros en librerías tradicionales creció en un 5,6%.

Leer es sexi, proclama una revista desde su portada. Nuevas librerías independientes, muchas de ellas boutiques, y bares, abren sus puertas. Se editan libros que son un canto al papel, como Paper. Paging ­Through History (Papel. Hojeando la historia), Norton, 2016, donde Mark Kurlansky asegura que el papel nos guiará a lo largo del siglo XXI (y donde recuerda que entró en la Europa cristiana a mediados del siglo XII a través de España). O un canto al propio libro, como The Book: A Cover-to-Cover Exploration of the Most Powerful Object of Our Time (el libro: una exploración, portada a portada, del objeto más poderoso de nuestro tiempo), editado en agosto de este año, donde Keith Houston reivindica este tótem vertebrador de la cultura.

[Leer completo en cultura.elpais.com]

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– ¡Mamá, no me puedo bañar en la playa, hay un grupo de hienas en la arena! –Con cuidado hijo, es el Gobierno que está de vacaciones.

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