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16. CUENTO DE NAVIDAD (2016) [III]

Algo detrás de todo, por J. Francisco Fabián

2016-12-22 23:47:11

Lo peor empezó cuando alguien relacionó el fútbol con el pago a Hacienda y el conflicto correspondiente entre pagar y no pagar impuestos y con ello tener buena o mala sanidad, dependencia, educación, construcción de carreteras... etc. Ahí el futbol quedó a un lado, derivando la polémica en lo corrupta que está la política, lo que hacen y dejan de hacer los partidos, lo que se debería hacer y dejarse de las bobadas que se hacen, a quién se vota o se debería votar, en qué se gastaría mejor el dinero para unos y en qué para los otros. Todos parecían saber de todo, incluso de economía y de temas complejos, y los que en principio habían callado un poco más, por ejemplo algunas mujeres, cuando salía un aspecto de la realidad de lo que tenían alguna opinión, se lanzaban con denuedo como para que no hubiera dado la impresión de que eran tontas o no veían el telediario cada día. Los más jóvenes en edad de tener que demostrar algo, iban contra sus mayores, incluso cuando pensaban parecido, para que se notara que ellos son lo que sabían de todo más, ya que lo antiguo es poco menos que símbolo de ignorancia. El vino bebido con entusiasmo hasta ese momento aportó la chispa y la vehemencia a la conversación, y hablando varios a la vez, el ruido se hizo considerable. Cuando Emilia, con toda su supuesta autoridad, quiso intervenir para cortar lo que no llevaba buen camino, ya fue tarde. Había habido ofensas más o menos personales, afilando el aguijón alguno antes de clavarlo; no faltaba quién, para no perder en la contienda, desvarió sacando temas que no venían a cuento, encendiendo con ello una nueva polémica, que a su vez molestó a los que no la esperaban o creían que no había que hablar de eso, con lo cual se mostraron despreciativos con el impulsor por considerarle absurdo y cantamañanas. Se dejó caer con más o menos delicadeza que pensar de tal o cuál manera era propio de fachas, cosa que encendió a los aludidos, porque no se veían para nada en tal caso. Naturalmente fue el momento de decir, por reciprocidad, lo que pensaban de los que lo habían dicho tan alegremente. La crítica fue demoledora, ahora sin tener mucho cuidado en las valoraciones y en si se ofendía o no diciendo “tú no tienes ni puta idea de lo que dices”, frase que dicha delante de los demás, siempre duele. Algunas mujeres asistían expectantes queriendo poner paños calientes allí donde veían que se producían heridas peligrosas, pero como ya se repartía en todos los sentidos y direcciones, se sintieron aludidas por algo y entraron en el conflicto de lleno. Lo hicieron como si hubieran estado conteniendo sus fuerzas para expulsarlas de pronto todas juntas. Eso le pasó a Ana Mari cuando entendió que alguien defendía la actitud de algunos líderes políticos haciéndose fotos cordiales con antiguos terroristas, que les comprendieran y que por tanto no vieran mal eso de separarse de España por su cuenta, aduciendo el derecho a la desobediencia y alentando con ello las bajas pasiones y superficialidades de la gente corriente. (Ana Mari había tenido, mucho tiempo atrás, un novio guardia civil, muerto en un atentado cuando ella ya le había dejado por su marido actual, pero le seguía recordando y cada vez más a medida que avanzaba su matrimonio. Con tales hechos de fondo y por la propia lógica, eso de matar a la gente porque sí, la tenía indignada). Lucas, el hijo pequeño de Ana Mari, de siete años, al que su padre había convencido para que se cortara el pelo como los futbolistas, adquiriendo una cara de tonto espectacular, se asustó tanto de ver a su madre discutir con aquella furia contra la comprensión a los antiguos terroristas, que no se le ocurrió otra cosa para distraerla que levantarle la falda con las dos manos, dejando a la vista de todos el final del panty y los vistosos encajes subyacentes. En consecuencia, Lucas se llevó un fulminante tortazo, dejándole lloroso refugiado en los brazos de su padre, que lanzó dos miradas nada buenas a su esposa, por el tortazo y por espectáculo de darlo, sin preocuparse mucho de que a su mujer todo el mundo le hubiera visto lo que en teoría estaba solo para su persona.

La rumana asistía al tono elevado y peligroso de las discusiones callada por completo, sin que se pudiera saber lo que pensaba, porque aunque la cara de susto parece algo universal, la maquinaria de los pensamientos depende en mucho de cada cultura. A la señora que había acudido de prestado con su hija, le estaban dando unas ganas temerosas de llorar, aunque no fuera con ella nada de lo que pasaba, simplemente como reacción subjetiva involuntaria de su propia psicología al funcionamiento del mundo. Su hija, la que la había llevado allí para librarla de la cuñada, empezó a tener argumentos sólidos para negarse al año siguiente a que su madre estuviera expuesta a un nuevo espectáculo. Y Gabriela, la patriarca, la que esa noche debía recibir el homenaje de tener a toda la familia junta para honrarla, callaba pensando tres cosas fundamentales: que con jaulas de grillos descentrados como aquella, es como al final se termina a tortas y a tiros; la segunda: que había allí un atajo de imbéciles bastante deplorable con la lengua y la mente desatadas y que por cierto, más de uno eran de su sangre; y la tercera, que si no fuera por su nieta Inés habría dado un puñetazo en la mesa diciendo “¡Ahora mismo me lleváis a la residencia y que os zurzan a todos!” Aunque había intentado poner paz, el alto el fuego no duró nada, puesto que alguno no pudo contenerse las ganas de decir lo que se le había quedado en el tintero como respuesta a algo ofensivo en el curso de la disputa, con lo cual a la menor lo soltó, volviéndose a la discusión sin solución de continuidad.

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humor.corto

—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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