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Patria, de Fernando Aramburu

Más de seiscientas páginas de una prosa depurada para contar o acercarnos a los últimos treinta y tantos años en Euskadi. Aparecen unos y otros, y los argumentos y los porqués. Y toma partido.

2016-12-25 19:35:43

A favor de las víctimas. Del perdónCarmen Peire, infoLibre,  16/12/2016

Más de seiscientas páginas de una prosa depurada, directa, limpia, desgranada en capítulos cortos, para contar o acercarnos a los últimos treinta  y tantos años en Euskadi. Novela que atrapa en las tardes lluviosas de otoño,  acaso por emular el clima del norte, por entender, por acercarnos a algo que a muchos nos ha dolido durante tanto tiempo. Lluvia como la foto de la portada, a través de un cristal, entreviendo la figura humana con paraguas. Lluvia en la novela, presente, transversal, que marca a los personajes, limpia sangre del asfalto, cae sobre el cementerio. Novela que se devora, magníficamente escrita, que atrapa, imán que te impide soltarla.

La acción se inicia justo cuando ETA declara la paz, el fin de la lucha armada, y una mujer, viuda de un pequeño empresario asesinado por no pagar el impuesto revolucionario, decide volver a su pueblo. Para recuperar. Para volver a ser. Para que el silencio que envolvió aquello, el miedo de otros a no apoyar, se diluya en la lluvia. A sabiendas de. Conseguir que le pidieran perdón. Solo eso. Antes de morir.

Desde ahí, saltos temporales, flash back, épocas de amistad y de infancia, enrarecimiento, primeras delaciones, pintadas, enemistades, con ese ni hables. Madres, antiguas amigas, ahora enfrentadas por las militancias del hijo. Los hijos, antes amigos, que dejan de serlo.  Personajes enfermos, la muerte presente, siempre. La natural y la otra.

Ciento veinticinco capítulos cortos y un glosario de euskera o euskara, como prefieran, que tampoco es imprescindible porque a fuerza de golpe, de convivencia y de vida, más o menos todos conocemos. O deberíamos.

Un narrador omnisciente que sabe más que los personajes pero que narra pegado a ellos, personajes-marionetas de la historia y de la Historia, cada uno en su papel, en su arquetipo, dos familias a lo largo de  veinte años, de una gran amistad que se pierde precisamente por.  Y aparecen unos y otros, y los argumentos y los porqués de los que matan. Los argumentos y los porqués de las víctimas. Y aparecen asesinatos de ETA. Y también las torturas en Intxaurrondo. Todo lo negro. De un lado y de otro. Desde la Transición, no desde antes. Comprender la evolución/involución de los personajes, que el lector los entrevea tras la lluvia, con sus contradicciones. También toma partido. A favor de las víctimas. Del perdón. De la vuelta al abrazo. Carga tintas en el sacerdote, el único personaje que aparece melifluo, hipócrita y blando. Fue lo único que nunca asesinó ETA: a un cura.  Y sabemos que fue así, por otros, por amigos, por lo que nos contaban o veíamos o vivíamos. Lo que pasaba en Euskal Herria. Los personajes de esta novela rezuman vida, están ahí, como si los conocieras, a Xabier, a Arantxa, a Bittori, a Miren, al Txato, el empresario asesinado, a su amigo Joxian.

Según iba leyendo, no me podía quitar de encima, sobre todo, a un cantante, Imanol, más sangrante aun, como lo de Yoyes, alguien que fue de ETA y después condenado a muerte por no callar, no mirar hacia otro lado. Por organizar un festival en Oyarzun, en la misma plaza donde mataron a Yoyes, con los cantautores de entonces: Paco Ibañez, Luis Pastor, Labordeta…  Los tuvo bien puestos, en aquel momento gran valentía. Y aquello no se perdonó. Y desde entonces la diana, también a él, con su nombre dentro, incluso cuando venía a cantar a Madrid, en el local de CCOO, por ejemplo.

Y aparece la cobardía como fenómeno social. La cobardía de unos vecinos que no quieren enfrentarse por si acaso, la cobardía de no rebelarse, de callar, de tragar incluso con lo intragable, de dar un abrazo a escondidas y nunca la cara en público, salvo el final, con lo que cierra el libro, con el abrazo público de las dos antiguas amigas.

Ay, si esta magnífica novela hubiera salido antes, solo para que vascos como Imanol, a quien le negaron su vasquidad, la hubieran leído, se hubieran sentido apoyados y reivindicados desde posiciones cercanas a ellos, sin ser instrumentalizados por unos y otros. Ay, si vascos como él estuvieran vivos y hubieran podido regresar a Euskal Herria, en una situación normalizada, donde nadie les negara el saludo o se cruzaran de calle al verles, donde ya no recibieran insultos ni amenazas.

*Carmen Peire es escritora. Su último libro es En el año de Electra (Evohé, 2014).

[Tomado de infolibre.es]

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