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La industria cultural

Artículo de José Antonio Navarro, que propone un recorrido por las diferentes valoraciones que ha ido recibiendo el término “Industria Cultural”, enfatizando el vaciado de su sentido explicativo crítico y su consecuente desplazamiento hacia su normalización y desarrollo desde una visión economicista.

2014-12-04 20:26:33

Entre las diferentes consecuencias en las que nos fijamos, destacamos el efecto paradójico de la consecución, por una parte, de la democratización y mejora relativa del acceso a la cultura y, por otra parte, una banalización de la cultura, además del enmascaramiento de sus funciones ideológicas y mercantilistas, impulsadas por una nefasta e interesada asociación de la cultura con el entretenimiento y el espectáculo, pero con fines de vaciado de su componente reflexivo-crítico y de neutralización de su capacidad de imaginación de mundos posibles. Terminamos con una reflexión de las condiciones y actuaciones que se deberían llevar a cabo para que la industria cultural cumpla sus funciones sociales, sobre una base liberadora, sin renunciar a un goce del intelecto y de los sentidos.

A la labor incansable de los “hombres termita” se le suma su gran eficacia en el desmontaje de la cultura crítica, compitiendo directamente con altos funcionarios de la administración de turno, sobre todo cuando se trata de cambiar el sentido a las ideas singulares y sugerentes, aquellas que abren los ojos y expresan su disconformidad con lo que nos presentan como normal y no lo es. Digo esto porque raro es el día en que esos “hombres-termita” no tergiversan lo razonable o condicionan opiniones a través de artículos periodísticos o peroratas en tertulias radiofónicas, en las que se emplean términos a los que se les ha vaciado de todo su inicial sentido iluminador y crítico.

 Es lo que ha pasado con el concepto “industria cultural”, del que se han apropiado los termiteros del poder para asignarle un sentido diferente del que tenía cuando fue creado. Sí, el lenguaje está vivo, y las palabras pueden cambiar de significado, añadir a los que ya tiene alguno más o, como en el caso que nos ocupa, cambiar por completo de sentido y valoración; lo que no suele quedar claro es la lucha histórica por el poder simbólico de las palabras, que al fin y al cabo son herramientas importantes con las que construimos el mundo. Lo que aquí nos interesa es desvelar la genealogía de sus significados para comprender mejor el fenómeno de la alienante cultura-del-entretenimiento que ahora domina el paisaje que nos rodea.

El concepto “industria cultural” lo pusieron en circulación a mediados del siglo pasado los filósofos críticos de la primera generación de la Escuela de Frankfurt, sobre todo Theodor Adorno. Estos pensadores, además del fenómeno de la mercantilización de la cultura o de la clara correlación entre la fabricación industrial de objetos y la producción de bienes culturales, pusieron en evidencia que la enorme expansión de los mercados culturales estaba generando formas nuevas de acceder a la cultura (cultura de masas) y de producir cultura, imitando los sistemas de producción industrial en serie.

Ver el artículo completo, que avilabierta publicó en dos partes, en los siguientes enlaces:

[La industria cultural -parte I-]

[La industria cultural -parte II-]

 

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humor.corto

—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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