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La huella de la milana

Entre octubre y diciembre de 1983 se rueda en Alburquerque una de las películas más taquilleras del cine español, Los Santos Inocentes

2016-12-31 02:09:08

Un relato mítico que ha terminado convirtiéndose no sólo en la representación de la España rural de los años 60, sino en el símbolo más certero de la historia de Extremadura

Esta es una película que trata de opresores y de oprimidos. Aquí no se habla de proletariado ni de revolución pero la obra es uno de los alegatos más contundentes que se han hecho para denunciar la tiranía de clase

Manuel Cañada Porras - Alburquerque (Badajoz), eldiario.es, 27/12/2016

Los Santos Inocentes

“A Paco Rabal le gustaba ir a las tabernas pequeñas, a las tasquinas", recuerda Eulogio Vicho, una de las personas que más trató con Paco Rabal durante los meses que duró el rodaje de Los Santos Inocentes en Alburquerque, hace ahora 33 años. "Los otros actores sólo iban al Tegamar, al bar de la plaza, pero a él le gustaba ir a los bares donde iban los huroneros, los jornaleros más pobres. A El Lunes, El Cuadro o al bar de Comisiones Obreras. La bebida más común allí eran los cuartos de vino, los cogutos, una botella con un corcho y una caña, para la que no necesitabas vaso. Con un par de cuartos te ibas tan contento para casa”, dice Eulogio.  “Mira Eulogio", me decía siempre Paco Rabal, "aquí es donde se aprende, esto es la universidad de verdad, la universidad de la vida”.

Alburquerque es un pueblo de la provincia de Badajoz rayano con Portugal. Ahora tiene escasamente 5.500 habitantes pero a finales de los años cincuenta, antes de la inmensa sangría migratoria, la población rondaba los 11.000 vecinos. Su nombre ya lo dice, ‘albus quercus’, encina blanca, estas son tierras de dehesa y cortijo, de encinas corpulentas y jarales bravíos, de jornaleros y señoritos.

Retrato de Extremadura

Entre octubre y diciembre de 1983 se rueda una de las películas más taquilleras hasta la fecha del cine español, un relato mítico que ha terminado convirtiéndose no sólo en la representación de la España rural de los años 60, sino en el símbolo más certero de la historia de Extremadura.

Fue justamente por estas dehesas alfombradas de tomillo y cantueso por donde pasó el ángel y se hizo leyenda. Todavía resuenan las escopetas del señorito Iván en la Sierra de San Pedro y Paco el Bajo ejerce allí de secretario, olisqueando las perdices como un perro leal en las batidas de caza: “Ni el perro más fino te haría el servicio de este hombre, Iván”. Y aún, en el cortijo de Zajarrón, Régula sueña para sus hijos, Nieves y Quirce, un futuro distinto a la humillación, la Niña Chica nos sobrecoge con su escalofriante alarido, la Señora Marquesa reparte una moneda a cada campesino para celebrar la comunión del nieto y Azarías se orina las manos para que no se le agrieten.

“Con Paco Rabal quedó encantado todo el pueblo. Muchas veces se quedaba en el hostal de Cipriano Sánchez, la Pensión Internacional”, recuerda Eulogio. Y Ángel Vadillo, un joven militante por aquellas fechas y hoy alcalde de Alburquerque, remata: “El grupo de actores se iba a dormir a Badajoz pero él se quedaba aquí la mitad de las noches. Cuando se enredaba en los bares había que buscarle refugio”. Paco Rabal había venido por primera vez a la localidad junto a su mujer, Asunción Balaguer, dos meses antes de comenzar el rodaje.

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